Josiah Royce

Nació en Glass Valley (Cali­fornia) en noviembre de 1855 y murió en Bos­ton en septiembre de 1916. Es uno de los principales representantes de la filosofía norteamericana de inspiración idealista. Herencia materna fue el vivo sentimiento religioso que, unido a la sensibilidad esté­tica de su espíritu, dio a los criterios filosó­ficos de Royce un sello característico. El con­tacto con los filósofos alemanes (asistió en Gotinga a las lecciones de Lotze) completó su mentalidad filosófica con la exigencia crítica. De nuevo en su patria (1876), tuvo por maestros, en la Hopkins University. a Péirce y James entre otros; el segundo infundióle una tendencia pragmática, y el primero el rigor lógico-matemático. Gradua­do en Filosofía (1878), inició una actividad, jamás interrumpida, de profesor, escritor y conferenciante, que le convirtió en una de las figuras más destacadas de la cultura norteamericana situada en el tránsito de uno a otro siglos. Llamado a la cátedra de Filosofía en la Harvard University, de Columbia, en 1882, permaneció allí hasta su muerte.

Los diversos elementos de su índole mental y de su formación cultural se fusio­naron y dieron lugar a un sistema completo propio que el mismo autor denominó idea­lismo constructivo. Su obra maestra, El mundo y el individuo (1900-01, v.), maduró a través de una serie de estudios, entre los que destacan por su particular significación El espíritu de la filosofía moderna (1892, v.), en el que el autor formula netamente el carácter histórico de su sistema filosófico, y The Religious Aspect of Philosophy (1885), texto en el que Royce inicia el proceso constructivo de la filosofía una vez superada la tentación del escepticismo. En los últimos estudios de nuestro filósofo presentan singular interés las aplicaciones más concreta­mente éticas y sociales de la metafísica; en La filosofía de la lealtad (1908, v.) este concepto aparece considerado como catego­ría ética fundamental, y en El problema del cristianismo (1913, v.) el desarrollo de la filosofía de la lealtad llega hasta los co­mienzos de una metafísica de la comunidad.

Tales ideas se habían definido en la mente del autor en relación con el ambiente inter­nacional, que permitía presentir como inmi­nente la catástrofe de la guerra, destructora de la comunidad de los pueblos. Durante los últimos años Royce había puesto gran inte­rés en la ilustración de la opinión pública acerca de este punto. Defensor de la inter­vención norteamericana como antídoto fren­te a las fuerzas causantes de la disolución de la mencionada comunidad, falleció antes de que los Estados Unidos interviniesen en la contienda.

F. Amerio