José López Portillo y Rojas

Nove­lista mexicano; nació en Guadalajara en 1850, murió en 1923. Hijo de un abogado, con buena clientela y posición económica, hizo los estudios de Derecho y completó su forma­ción con un largo viaje por Europa y Asia, cuyas impresiones recogió en un libro titu­lado Impresiones de viaje (1873). Periodista, abogado en ejercicio, magistrado, diputado y gobernador de Jalisco, fue secretario de Relaciones Exteriores con Victoriano Huer­ta (1914). No alcanza verdadera jerarquía literaria López Portillo con el libro de viajes ya citado, ni con sus poesías (Armonías fugiti­vas, 1892); no dejan de tener interés sus intentos de ensayo: Rosario la de Acuña (1920) y Elevación y caída de Porfirio Díaz (1921), aunque tampoco hubiera pasado el autor a la posteridad con ellos.

Ya merece atención como cuentista, pues en sus narra­ciones cortas se advierten las calidades del escritor de tono regional con influencias naturalistas: Seis leyendas (1883), Novelas cortas (1909), Sucesos y novelas cortas (1903), Historias, historietas y cuentecillos (1918). Estas narraciones breves fueron re­copiladas en 1952 (Cuentos completos). Anderson Imbert señala que en uno de ellos, En diligencia, el autor plantea el problema de la lucha literaria entre el naturalismo y el romanticismo; pero el crítico afirma que López Portillo «se apartó de lo romántico y no entró en el naturalismo». Lo mejor de su obra son las novelas largas: La parcela (1898), que es la más conocida de ellas; Los pre­cursores (1909), que toca el tema de la clausura de los conventos, y Fuertes y débi­les (1919), con tema de la revolución mexi­cana de 1910. En La parcela, dos terrate­nientes, Pedro Ruiz y Miguel Díaz, se dispu­tan su pedazo de terreno de poco valor por medio de la intriga y el cohecho; sus res­pectivos hijos, Gonzalo y Ramona, se aman y acaban por triunfar y casarse, aprove­chando una reconciliación ocasional de sus padres. El ambiente regional y campesino está pintado con mano vigorosa y certera.

J. Sapiña