José Asunción Silva

Poeta colombiano n. en Bogotá en 1865 y murió en 1896. Se suicidó de un tiro en el corazón, después de pregun­tarle a un médico la localización exacta de dicho órgano. Pese a que estas fechas son generalmente aceptadas, el ilustre crítico Baldomero Sanín Cano, que fue amigo del poeta, afirma en Letras Colombianas que José Asunción Silva nació en 1867 y se suicidó a los veintiocho años de edad. Era hijo del escritor costumbrista Ricardo Silva, comerciante que tenía importante tienda de sedas, perfumes y porcelanas, y se dedicó a ayudar a su padre en el negocio, tras haber hecho a desgana algunos estudios en dos colegios de Bogotá. Por su belleza mas­culina un tanto ambigua y por su carácter retraído, se le hizo desagradable la convi­vencia con sus compañeros de colegio, que lo llamaban «El Niño Bonito» y «José Presun­ción», según afirma Carlos García Prada.

Su tío Antonio María Silva lo invitó a que fuera a París y el joven embarcó rumbo a Europa en 1885; permaneció allí cerca de dos años y tuvo ocasión de conocer en Inglaterra a Oscar Wilde. Poco después de su regreso, murió su padre (1887) y el poeta tuvo que ponerse al frente de un negocio ya en ruinas, entre otras cosas, por las consecuencias de la guerra civil; no pudo salvarlo y vino a agravar su situación la muerte de su hermana Elvira en 1891. Su personalidad literaria hizo que el gobier­no venezolano lo enviara a Caracas como secretario de Legación (1894-1895), y al regresar en el Amerique, el buque en­calló en un banco de arena: Silva pudo salvarse, pero no consiguió salvar los origi­nales de sus Cuentos Negros que viajaban con él, ni tampoco las poesías de Las almas muertas y Poemas de la carne, entre las que se encontraban, según los amigos que las conocían, sus mejores producciones. En realidad, nos darían una impresión muy imperfecta del autor el volumen de Poesías que publicó en 1886 y las traducciones de cuentos de Anatole France aparecidas en El cofre de nácar en 1893, con una «nota biográfica y literaria».

Su producción ha sido recogida y publicada después de su muerte, y en 1956, el Ministerio de Educa­ción Nacional de Colombia dio a las pren­sas la Obra completa de José Asunción Silva: prosa y verso, a cargo de Rafael Maya. Se ha querido encuadrar al gran poeta colombiano en el romanticismo y en el modernismo, pero en realidad, nos en­contramos ante un poeta excepcional Con características singulares. Más que román­tico, es un posromántico poderosamente influido por Bécquer y Poe; se resiste a incorporarse a la corriente modernista que acaudilla Rubén Darío, pero es por sus cali­dades un precursor y hasta un iniciador del modernismo (y. Poesías de Silva). Para Anderson Imbert, el tercer Nocturno es «una de las más altas expresiones líricas de la época»; para Sanín Cano, «era un poeta de por sí y un artista consciente de sus capaci­dades». García Prada opina que «se podría decir que es el bogotano universal, como de Juan Ramón se ha dicho que es el anda­luz universal».

Es indudable que Silva se forrea independientemente de Rubén Darío, como señala con sagacidad Ugo Gallo; también es cierto que nada hay más nuevo que el lujo rítmico de Silva, como indica René Bazin. El poeta nos cuenta muchas cosas de sí mismo en la narración de fondo autobiográ­fico De Sobremesa, 1887-1896, publicada en 1925. En 1942 se publicaron Prosas y versos, con introducción y notas de García Prada. La pretendida ambigüedad de sus sensacio­nes íntimas, especialmente en relación con su hermana Elvira, expresadas a raíz de la muerte de ésta en el famoso tercer Noc­turno, ha sido apasionadamente comentada por la crítica; a pesar de todo, y a pesar también de la caprichosa elaboración de los versos, el prodigioso conjunto de este Noc­turno de ritmo tetrasilábico es un monumento lírico indiscutible, junto a otros poemas que merecen también especial men­ción como Vejeces, Día de difuntos, Los maderos de San Juan, Ronda, Crisálidas, Crepúsculo, Serenata y algunos más.

J. Sapiña