Jorge de Trebisonda

Nació en Candía en 1395, de familia oriunda de Trebisonda; murió en Roma en 1484. Marchó a Italia ha­cia 1416 y fue allí alumno, durante poco tiempo, de Guarino y más tarde de Vittorino da Feltre. En 1421 fue designado pro­fesor en Vicenza, sustituyendo a Filelfo, que había marchado a Grecia, y en Vicenza permaneció hasta 1426. En 1433 lo encon­tramos en Venecia, donde es objeto de los más lisonjeros elogios por parte de Ambrogio Traversari, quien, en una carta a Niccoli, lo señalaba como el elemento más idóneo para el Estudio florentino. Precisa­mente en aquellos años componía la Rettorica, impresa más tarde, hacia 1470.

Todavía en Venecia, Barbaro lo recomendaba en 1437 a Ludovico Scarampi, a fin de que obtu­viera un puesto para él en la Curia ponti­ficia, cargo que J. obtuvo quizá el año si­guiente. Convencido defensor de la incor­poración de los griegos en la Iglesia de Roma, en favor de cuya unión escribió va­rios opúsculos en griego, fue al Concilio de Florencia con Eugenio IV. Bajo el pontifi­cado de Nicolás V desarrolló su gran obra de traductor, vertiendo al latín, entre otras, numerosas obras aristotélicas y las Leyes de Platón. Carácter irascible y presuntuoso, pronto disputó con los restantes humanistas de la Curia, especialmente con Bracciolini, y caído en desgracia del papa, también por los errores que se le reprochaban en sus traducciones del griego, se vio obligado en junio de 1452 a retirarse a Nápoles. Parece que en 1453, por intervención de Filelfo, pudo volver a Roma, desde donde pasó, en 1459, a Venecia.

En 1458 había escrito su obra fundamental y a la que debe su fama, Comparación de los filósofos Aristóteles y Platón (v.), obra que, dirigida con­tra la exaltación de la filosofía platónica hecha por Gemisto Pletone, tanto contribuyó a avivar la famosa disputa acerca de la superioridad de uno u otro filósofo. El lenguaje de J. es violento, rencoroso, como unilateral es su punto de vista, en virtud del cual, al examinar la filosofía de Platón, confrontándola con el dogma cristiano, en­contraba en ella la fuente de toda herejía y de toda inmoralidad. En 1464 estaba en Candía, desde donde pasó a Constantinopla en 1465, pocos meses después del martirio del B. Andrés de Scio, del que escribió las Acta a su regreso a Italia. Pasó los últimos años de su vida en Roma, en miserables condiciones económicas y físicas, y al final perdió por completo la memoria.

M. Frezza