Historiador y diplomático bizantino del siglo XII, n. en Constantinopla en 1217, durante la ocupación de la ciudad por los cruzados de la IV Cruzada, cuando Constantinopla era la capital del Imperio latino, y allí m. en 1282.
Sus padres lo enviaron a la corte de su pariente, el emperador Juan Ducas Vatatzi, en Nicea (Asia Menor), donde completó su instrucción teniendo por maestro a Nicéforo Blemmjde. Más tarde, el emperador de Nicea, Teodoro II Láscaris (1254-58), lo nombró logoteta, es decir, primer ministro, y le confirió poderes políticos y militares.
Sin embargo, y a consecuencia de su inexperiencia en las cosas de la guerra, cayó prisionero (1257) durante una expedición contra el déspota de Epiro (Miguel). Tras dos años de prisión, fue liberado por el nuevo emperador, Miguel VIII Paleólogo, el cual lo envió como embajador al papa Gregorio X para que tratara con éste de la unión de las dos Iglesias. A. se mostró pronto dispuesto a aceptar, en nombre del emperador, la adición de la palabra «filioque» al Credo y la primacía del Papa (Concilio de Lyon, 1274); este hecho produjo, sin embargo, desagradables repercusiones y provocó la indignación de los ortodoxos, por lo que el acuerdo fue revocado.
Vuelto a Constantinopla, recuperada entre tanto por el Paleólogo, A. fue destinado para el cargo de profesor en aquella Universidad y enseñó, filosofía platónica y aristotélica. De sus varios escritos (poesías, oraciones fúnebres, tratados teológicos, especialmente sobre la procesión del Espíritu Santo, alabanzas de santos y cartas) el más importante es la Crónica (v.), que trata de la historia de Bizancio desde la entrada de los latinos en Constantinopla (1204) hasta su reconquista por Miguel VIII Paleólogo (12 de octubre de 1261).
B. Lavagnini

