John Robert Seieley

Nació en Londres el 10 de septiembre de 1834 y murió en Cam­bridge el 13 de enero de 1895. Su padre, culto y fervoroso eclesiástico defensor del «Establishment» y autor de un libro sobre la vida y la época de Eduardo I, transmi­tióle el gusto por los problemas históricos y religiosos. Formado en la City of London School y posteriormente en el Christ’s College de Cambridge, destacó pronto en los estudios clásicos, y fue «fellow» y «tutor» de este colegio, luego «master» del primero, y, a partir de 1863, profesor de latín en el London University College. Por aquel en­tonces compuso un libro de poemas de ins­piración histórica y religiosa, Daniel and Sa­muel: with Other Poems, Original and Translated (1859), y ocupóse de Livio, de cuya obra empezó una edición anotada — Livy, Book I, with Introduction. Historical Examination and Notes (1871) pron­to interrumpida, aun cuando seria y apre­ciada, como sus estudios acerca del impe­rialismo romano, cuyas únicas huellas se encuentran en las comparaciones con los fenómenos del mundo clásico que figuran en las obras sucesivas sobre temas diversos.

El volumen Ecce Homo, aparecido anónimo en 1865, provocó, una vez puesta en claro la identidad del autor, una gran sorpresa y numerosas polémicas, por cuanto fue in­terpretado como ataque al cristianismo, del que, por el contrario, pretendía salvar el valor humano e histórico y el contenido ético universal, situándolos por encima de cualesquier ortodoxia o sistema religioso; con todo, la obra en cuestión valió a Seieley en 1869 la cátedra de Historia moderna de Cambridge en calidad de «Regius Professor». En dicho texto, en realidad, figuraba el sentimiento de la religión como «nacio­nalidad» y el de la iglesia como «alma» in­dispensable del estado-nación, que no puede «prescindir de ello»; tal criterio se halla en el fondo de los tratados histórico-políticos del autor. Éste, en su prelusión acerca de la enseñanza de la política (The Teaching of Politics, luego en Lectures and Essays, 1870), confirió una «científica» obje­tividad de sabor positivista a las tendencias personales que consideraban la historia di­rigida hacia un fin práctico, como ciencia del Estado o «política del pasado» en el sentido de Freeman.

Las lecciones de 1885- 1886 aparecieron póstumas precisamente en An introduction to Political Science (1896). La actividad historiográfica de Seieley brotaba, en realidad, de una sólida conciencia nacio­nal, y estaba llena de una religiosidad aus­tera y carecía de fatalismo épico y retórico, y más bien tendía escrupulosamente a la reconstitución de los hechos dentro de sus límites humanos concretos y en sus exactas circunstancias de tiempo y lugar, de una forma que induce a pensar en Ranke. Este interés en la reducción de las ideas y los acontecimientos a su mero esqueleto, y la consiguiente aversión al «milagro» y a los «héroes» en el sentido de Carlyle, no aña­den mérito alguno a las obras posteriores: el libro acerca de Stein (The Life and Time of Stein; or Germany and Prussia in the Napoleonic Age, 1878), con sólidas investigaciones realizadas en Alemania e Inglaterra, pero, según el mismo subtítulo permite comprender, más bien reconsti­tución del período del resurgimiento (1805- 1813) de la nación alemana que biogra­fía política duradera y consciente de la personalidad estudiada; el ensayo religioso (Natural Religión, 1882), en la actualidad carente de lozanía y vigor, y A Short History of Napoleon I (1886), en la que pre­valece todavía su pensamiento político, se­guro de los límites insuperables del Estado nacional, y, por ende, tendente a juzgar sólo dentro de esta realidad la persona de Bonaparte.

El contraste entre las conclusio­nes, personales y a menudo arbitrarias, y el análisis crítico de las fuentes, y la sim­plicidad libre de preocupaciones literarias, que le enfrentaba al estilo florido de Macaulay y a «la esencia del pasado» propia de la imaginación de Thackeray, convirtieron, en cambio, el célebre ensayo The Expansion of England (1883), fruto de las lec­ciones del autor en Cambridge, en un pe­queño modelo de armonía entre narración histórica de las épocas pretéritas e interés presente. La rápida reconstitución de toda la historia de la nación inglesa en su as­pecto imperial (que luego procuró detallar en la obra póstuma The Growth of British Policy, dos vols., 1895) transformó, según su máxima, «la narración en problema», e influyó en amplios sectores de la opinión pública, a los que orientó hacia las ideas de «federación imperial», sostenidas por un reducido grupo, en el estéril conflicto plan­teado entre los «pesimistas», fautores de la separación de las colonias, su colega de Oxford, Goldwin Smith, y los imperialistas de la «bombastic school» de Disraeli o de la «escuela teorética» de Dilke, con su mito de la «raza inglesa». En 1884, y con la adhesión de Seieley, quedó fundada la Imperial Federation League, como testimonio de las exigencias espirituales expuestas por el his­toriador y los ideales, ocultos detrás de sus procesos lógicos y de los esquemas de «cau­sas» y «efectos», sobre los que se funda­mentaba, con la «existencia» del Imperio británico, su realismo.

E. Lépore