John Maynard Keynes

Nació el 5 de ju­nio de 1883 en Cambridge y murió el 21 de abril de 1946 en Tilton. Ha dejado profunda huella no sólo en la ciencia y en la política económicas de Inglaterra sino también en la teoría y la práctica de todos los países respecto a tal materia. Educóse en Eton y Cambridge, perteneció al «;Civil service» del «India Office» en 1906, llegó a director de The Economic Journal en 1912, fue miembro de la Comisión Real de la Hacienda India en 1913-14, trabajó en el Tesoro entre 1915 y 1919, y representó a este departamento inglés en París, en la Conferencia de la Paz, y al canciller del Exchequer en el «Supreme Economic Council», en 1919. Fue, además, miembro de la comisión Mac Millan para comisiónnda y la industria en 1929-30, y director del Banco de Inglaterra desde 1940; después de 1943 desempeñó un papel de gran importancia en las negociaciones eco­nómicas internacionales que llevaron a la creación del Fondo Monetario Internacional y del Banco Internacional para la Recons­trucción y el Desarrollo, del que fue gober­nador en representación de su país.

En 1942 llegó a lord, y, en calidad de tal, a notable miembro de la Cámara Alta británica. Fa­voreció las artes de varias maneras, y fue presidente del «Art Council». El conjunto de sus obras, la mayoría concernientes a temas monetarios, se inicia con un significa­tivo Treatise on Probability (1921) y culmi­na en el famoso volumen Teoría general del empleo, del interés y de la moneda(1936, v.); entre los textos restantes cabe mencionar The Economic Consequences on the Peace (1919), A Treatise on Money (1930), Essays in Biography (1933) y How to pay for the War (1940). Keynes no solamente fue el principal teórico de economía de su gene­ración sino que participó, con una actividad siempre intensa y a menudo preferente, en las decisiones financieras más importantes de su tiempo en el ámbito internacional. A la luz de la historia de las teorías eco­nómicas, se ha afirmado que respecto de las clásicas, de inspiración fundamental fisiocrática y smithiana, Keynes puede ser juzgado «neo-mereantilista», por cuanto sitúa en primer plano la consideración de la deman­da monetaria de los productos y de los servicios productivos.

Gracias a él, los pro­blemas del paro forzoso, de la crisis, del crédito privado y público, y de la hacienda en general han recibido no sólo una formu­lación más adecuada a las modernas teorías científicas de la naturaleza sino también una serie de soluciones menos rígidas y con fre­cuencia más conformes a las cuestiones concretas que han influido en el pensa­miento y en el espíritu de los políticos y de todos los ciudadanos de las democra­cias actuales. En el curso de los últimos veinte años, la exposición, la aclaración, la crítica constructiva y la continuación de la obra de Keynes han llenado las páginas de las revistas económicas. Partidario de la limita­ción de la inflación y de la liberación de los cambios internacionales, propuso, para alcanzar tales objetivos, la creación de una moneda y de una banca internacionales.