Johann Joachimm Winckelmann

Ar­queólogo alemán. Nació en Stendal (Prusia sajona) el 9 de diciembre de 1717 y murió ase­sinado en Trieste el 8 de junio de 1768. Era hijo de un zapatero; frecuentó la es­cuela en Salzwedel y el liceo en Berlín; luego continuó sus estudios en Halle y Jena (Teología, Medicina y Ciencias naturales). Desde 1743 a 1748 fue vicerrector en la es­cuela de Seehausen (Altmark), y de 1748 a 1754, bibliotecario del conde de Bünau en Nothnitz, cerca de Dresde, donde asistió a las clases de Oeser. Allí conoce al arqueó­logo Heyne y se orienta cada vez más hacia el estudio de las antigüedades. En 1754 se convierte al catolicismo; el mismo año entra de bibliotecario en casa del cardenal Passionei. En 1755 publica Consideraciones so­bre la imitación de las obras griegas en pin­tura y escultura (v.).

Augusto III, elector de Sajonia y rey de Polonia, otorga entonces a Winckelmann una pensión de doscientos táleros para continuar sus estudios en Roma. En 1757-58, nuestro autor es bibliotecario del cardenal- secretario de Estado Archinto, y luego se­cretario y conservador de la galería de anti­güedades del cardenal Albani; finalmente, en 1763 es nombrado presidente de antigüe­dades y «scriptor» de la Vaticana. En el desempeño de estos cargos y en sus viajes por Italia adquiere Winckelmann su profundo conoci­miento de las obras antiguas. Una serie de comunicaciones y publicaciones de un es­tilo hasta entonces desconocido da cuenta de sus investigaciones. En 1760 aparece en francés su Description des pierres gravées du feu barón de Stosch; en 1762, Observa­ciones sobre la arquitectura de los antiguos, seguidas de una relación de los templos de Pestum.

El mismo año, después de un viaje a Nápoles, da cuenta, en dos publicaciones, de los tesoros descubiertos en Pompeya y Herculano. En 1763 ofrece su primera obra de crítica teórica: Disertación sobre la ca­pacidad de sentir lo bello y sobre la penetra­ción de éste. Todos los materiales y las re­flexiones que reunió en sus precedentes estudios e investigaciones sirvieron de base a la composición de su obra maestra Historia del arte de la antigüedad (1764, v.). En 1768, Winckelmann pasó a Viena, donde María Teresa le acogió con grandes honores. Durante su viaje de regreso fue asesinado en un hotel de Trieste por un tal Arcangeli, al que había mostrado algunas piezas ofrecidas por María Teresa, y que habían despertado la codicia del aventurero.

Su Historia del arte, que no sólo revela extraordinario conocimiento, ex­haustivo para su época, del arte griego sino también el valor de su juicio estético, hace de Winckelmann el fundador de la ciencia arqueoló­gica. Por otra parte, fue él quien enseñó a comprender la obra de arte según sus datos internos. Partiendo de la plástica greco- romana, entrevió un ideal de humanidad depurada en un equilibrio armónico del cuerpo y el alma. La «noble sencillez y la grandeza silenciosa» pasaron a ser las ca­racterísticas «clásicas» de una humanidad perfectamente lograda. En W- las relaciones con la antigüedad dejan de ser únicamente un tema de erudición para constituir además una referencia para la elaboración de un conocimiento estético real.

F. Séguret