Nació en Bergedorf el 25 de marzo de 1699 y m. en Venecia el 16 de diciembre de 1783. Era hijo de un maestro de escuela y organista, y fue admitido a los dieciocho años como tenor en la Opera de Hamburgo. La protección del poeta Ulrich König le valió muy pronto un contrato con el teatro de Brunswick, donde hizo representar su primera ópera, Antiochus (1721); escrita al estilo italiano, según la moda de la época, alcanzó un buen éxito, pero evidenció en su autor la carencia de bases técnicas, a causa de lo cual H. fue enviado a Nápoles a estudiar con Porpora y Alessandro Scarlatti. El triunfo de una Serenata a dos voces (1725) le abrió las puertas de los teatros napolitanos; Sesos- trate (1726) le hizo famoso en toda Italia.
Nombrado profesor en los «Incurabili» de Venecia (1727), escribió para su escuela un Miserere para voces femeninas y cuerda que se convirtió en una de las obras más populares y ejecutadas de todo el siglo XVIII. Hombre de mundo, tuvo ocasión de conocer a la célebre cantante Faustina Bordoni, con la que no tardó en casarse; para ella compuso Artajerjes (v.) y Dalisa (Venecia, 1730). La unión resultó feliz, y el matrimonio recogió laureles en toda Europa. Nombrado maestro de capilla y director de la Opera de Dresde (1731), obtuvo aquí un triunfo sin precedentes con Cleofide. La rivalidad de Porpora, empero, obligó a H. abandonar muy pronto Dresde. El músico inició entonces un largo viaje por toda Europa. En Londres fue invitado a dirigir la ópera, en oposición a Händel; el reestreno de Artajerjes, sin embargo, demostró que H. no podía resistir con éxito el parangón con el gran compositor.
Y, así, volvió a Dresde, ciudad en la cual no estaba ya Porpora pero surgía un nuevo astro, Regina Mingotti, gran competidora de su esposa. En el asedio de la población (1760), H. perdió una considerable parte de sus bienes y todos los manuscritos. Dirigióse entonces a Viena, donde trabó amistad con Metastasio. Hizo representar Ruggiero en Milán (1771), y luego se retiró a Venecia; allí falleció doce años después. Compositor de gran facilidad, fue singularmente un autor de melodías agradables, graciosas, elegantes siempre, con frecuencia monótonas y reiterativas, y a veces, aun cuando muy pocas, felices y geniales. Además de las ya mencionadas, recordaremos sus óperas Antígona (1723, v.), Atalo, rey de Bitinia, (1728), Arminio (1730, v. Hermann), Atilio Régulo (1750, v.), Adriano en Siria (1752) y Nitteti (1758), y los oratorios Los peregrinos en el sepulcro (1742) y La conversión de San Agustín (1750).
C. Marinelli

