Joáo de Barros

Nació probablemente en Viseu en 1496 y m. en la finca S. Lourengo, próxima a Ribeira de Litém, el 20 de octu­bre de 1570. Entró al servicio del príncipe don Juan, luego rey con el nombre de Juan III, y en 1525 fue nombrado por éste tesorero de la Casa de la India.

En 1530, y debido a la peste, se retiró a su propie­dad de S. Lourengo; pero tres años des­pués volvió a Lisboa, donde se le nombró apoderado de la antedicha institución. Salvo un triste paréntesis brasileño durante el cual perdió gran parte de su patrimonio, conservó el cargo citado hasta 1567, año en que de nuevo y definitivamente pasó a residir a S. Lourengo.

Ya la primera de sus obras, la novela caballeresca Crónica del emperador Clarimundo (1520, v.), permitió vislumbrar los propósitos épicos del futuro historiador: la exaltación y la consolida­ción del Imperio portugués mediante la pluma.

Moralista en los Rhopica Pneuma o Mercadoria espiritual (1532), y autor de una Cartinha para aprender a ler, especie de silabario publicado en 1539, y de la se­gunda gramática de la lengua portuguesa (1540), vinculó su nombre a las tres Déca­das asiáticas (v.), aparecidas en los años 1552, 1553 y 1563, valiosa fuente de infor­maciones sobre los descubrimientos de los portugueses y el mundo físico y humano dominado por éstos.

Sometido todavía a es­quemas medievales en su concepción providencialista de la historia, Barros siguió en la exposición el modelo clásico de Tito Livio, y procuró que su obra, tanto por la importancia de su planteamiento como por la dignidad del estilo, sobrio y vigoroso, resul­tara adecuada al elevado tema escogido.

Acudió a los autores latinos singularmente para la construcción de la frase; el léxico, en cambio, aun cuando enriquecido con tér­minos exóticos, mantiene un carácter popu­lar de tipo medieval. Más pomposa y ora­toria resulta la prosa de los Panegíricos de la infanta doña María y del monarca don Juan III.

Las tres Décadas asiáticas presen­tan, además, un notable interés como fuen­te de Os Lusiadas (v.) de Camoes y concre­tamente del viaje de Vasco de Gama, can­tado en este poema.

J. Prado Coelho