Hugo Grocio

(Huig van Groot). Nació en Delft el 10 de abril de 1583 y murió en Rostock el 28 de agosto de 1645. Hombre de una cultura universal y, después de Eras­mo, el representante más típico de la gran tradición humanística de los Países Bajos, fue discípulo de G. G. Scaligero, Junius y P. du Moulin, y estudió Letras, Filosofía, Jurisprudencia y Teología en Leyden. Extre­madamente precoz, a los ocho años com­ponía ya versos latinos, a los quince acom­pañó a Olden Barneveld a la corte pari­siense de Enrique IV y a los dieciséis pu­blicó obras de Filología griega y latina y pronunció su primer discurso en el tribu­nal de La Haya.

Su carrera jurídica fue rápida; pero viose muy pronto interrumpida en su patria. En 1598 llegó a abogado en La Haya, en 1607 a fiscal general de Ho­landa y en 1613 a consejero pensionado de Rotterdam; sin embargo, sus conviccio­nes liberales y arminianas le llevaron a oponerse tanto a la ortodoxia calvinista como a la casa de Orange, y, así, arras­trado por la caída de Olden Barneveldt, fue condenado a cadena perpetua en 1619, cautiverio del que logró escapar al cabo de dos años, gracias a la valerosa ayuda de su mujer. La gran fama de G. valióle una buena acogida en el extranjero. En Fran­cia, donde permaneció hasta la muerte de Mauricio de Orange, recibió de Luis XIII una pensión. Vuelto a Rotterdam (1631), fue expulsado nuevamente el año siguiente, y, tras una breve estancia en Hamburgo, se vio acogido en Estocolmo por la reina Cristina de Suecia, que le nombró emba­jador en Francia (1635-44). Pedida la rele­vación del cargo, regresó al territorio sueco, pero una tempestad desatada en el Báltico forzóle a desembarcar en las cercanías de Danzig; desde allí se hizo trasladar, enfer­mo, a Rostock, donde falleció.

Grocio dejó una labor original en todos los ámbitos de su actividad: en el campo jurídico aparece como uno de los primeros teóricos moder­nos del derecho natural y uno de los crea­dores del derecho de gentes (v. Del derecho de la guerra y de la paz); en teología, con el texto apologético De veritate religionis christianae (1627), inaugura la investiga­ción de los elementos racionales comunes a todos los cultos históricos y de la cual surgiría durante el siglo siguiente la «reli­gión natural»; en la exégesis (Adnotationes ad Vetus et Novum Testamentum) anticipa los métodos de la comparación filológica (de acuerdo con Scaligero) y de la crítica bíblica moderna; como historiador com­puso los Anuales et historiae de rebus Belgicis e Historia Gothorum, Vandalorum et Longo bardorum.

G. Miegge