Hesiquio de Jerusalén

Murió en torno a 450. Monje al principio y luego ordenado sacerdote (hacia 412), se dedicó a ense­ñar y comentar la Biblia en su misma ciu­dad. Dejó numerosos sermones, sólo en parte llegados hasta nosotros. De una Historia Eclesiástica en cuatro libros no conserva­mos sino un fragmento; nos quedan, em­pero, los comentarios sobre el Levítico en una versión latina, veinticuatro homilías acerca de Job en una traducción armenia, glosas a los Salmos (atribuidas a San Atanasio), fragmentos de un extenso comentario al Salterio, otro menos amplio sobre el mismo libro, glosas a diversos himnos del Antiguo y el Nuevo Testamento y algunas a Isaías (v. Comentarios sobre la Sagrada Escritura).

Ajeno a toda controversia teológica, se ciñó con fidelidad candorosa al mero dato bíbli­co; en la exégesis, además, fue siempre ale­gorista. Aun sin aceptar su terminología, en la cristología se aproximó a San Cirilo de Alejandría y reveló ciertas inclinaciones al monofisismo, por lo que el pontífice Pelagio le juzgó, probablemente con alguna exageración, amigo de Eutiques. Otros de sus textos o fragmentos son todavía inédi­tos, o bien susceptibles de ser descubiertos en las colecciones medievales de escolios denominados «cadenas»; falta, pues, reunir- los y asegurar su autenticidad.

A. Pincherle