Grigori Kvitka-Osnavianenko

Nació el 1.° de diciembre de 1778 en la finca paterna de Osnova (de ahí su seudónimo), cerca de Charkov, y murió el 21 de agosto de 1843 en esta ciudad. Pertenecía a la antigua nobleza cosaca. Perdida la vista a los cinco años debido a una enfermedad, la recobró des­pués milagrosamente; ello alumbró en su espíritu un vivo ardor religioso que influyó en toda su obra. Luego de una instrucción superficial fue inducido, a los quince años, a la carrera militar, que no llegó a ejercer. A los veintitrés ingresó como novicio en el convento de Kuriajsk; pero, transcurridos cuatro años, volvió a su casa paterna. En 1812 asumió la dirección del teatro de Charkov. Viose distinguido con cargos ho­noríficos y cooperó activamente al progreso cultural y social: promovió la fundación de la biblioteca pública (1805), ocupóse de los institutos para la formación de los hijos de nobles pobres, etc.

Vivió como un bondadoso patriarca y tuvo una muerte serena. Hacia 1816 empezó a escribir en ucraniano (lo hacía ya en ruso bajo el seudónimo de Falalei Povynuchin). Para demostrar que aque­lla lengua se adapta no solamente a los temas humorísticos sino también a los de carácter patético, escribió Marusia (1832, v.), obra a la cual siguieron diecisiete lar­gas narraciones ucranianas que se imponen por la belleza de sus tipos femeninos y la conjunción afortunada entre el típico humor local y una intensa capacidad emotiva. De sus comedias más logradas cabe mencionar Shel’menko el asistente [Sh. denshchyk] y Noviazgo en Honcharivka [Svatannia na Honcharívci]. Particularmente interesantes resultan los cinco actos (escritos en ruso en 1827) de Llega uno de la capital, o con­fusión en una ciudad provinciana [Pryiejjij iz stolicy, ili sumatocha v uíezdnom goro- die], estimada como antecedente del Inspec­tor general (v.) de Gogol. A pesar de algu­nos excesos de sentimentalismo y cierta tendencia a la moraleja, Kvitka es una de las personalidades más altas de la literatura ucrania.

M. Lipovetzka