Nacido en Nápoles, de familia salernitana, el 15 de abril de 1882; m. en Cannes el 7 de abril de 1926.
Iniciados sus estudios de filosofía en Roma, los continuó en alemania, en la Universidad de Leipzig. Vuelto a Italia, se acercó al joven grupo combativo dé intelectuales fundadores, en Florencia, del Leonardo, dirigidos por Papini y por Prezzolini.
Desde entonces, su personalidad sobresalió sobre la de los demás, dando a su pensamiento una dirección metódica filosófica que faltaba a los amigos del Leonardo. De ello se dio cuenta el más agudo de sus amigos, Papini, y cuando cesó el Leonardo (1907), se unió más estrechamente a él, animándole a tomar la dirección de la Biblioteca filosófica de Florencia, donde (1910-11) tuvo ocasión de profundizar su pensamiento.
Sus meditaciones, estimuladas por las experiencias florentinas, dieron vida a sus escritos filosóficos más representativos: La voluntad y el bien (‘1911, v.) y Etica e biografía (1915).
A principios de 1912 hubo como un distanciamiento de la vida y de las aspiraciones anteriores, ya que, dedicado al periodismo, volvió a Roma, primero como corresponsal del Resto del Carlino y después del Corriere della sera.
Vinieron unos años de lucha, a la que imprimió una superior espiritualidad y una consecuencia no habitúales en el mundo político. Diputado por la circunscripción de Salerno en 1919, subsecretario de Hacienda en 1920 (ministerio Nitti), ministro de Colonias en 1922 (ministerio Facta), vio avanzar la marea fascista, cuyo origen y significado comprendió, sin disimular su apremiante peligro.
Su intransigencia lo colocó en situación destacada en la oposición extraparlamentaria que se formó después del asesinato de Matteotti (1924). Designado para vengar este crimen, y víctima de una emboscada cerca de Montecatini en julio de 1925, murió en el destierro él año siguiente.
M. Vinciguerra

