George Macaulay Trevelyan

Nació el 16 de febrero de 1876. Hijo de sir George Otto y biznieto del gran Macaulay, heredó de sus familiares la formación liberal y la fe en un «antiguo ideal de historia» que no aban­donó, a pesar del distinto ambiente historiográfico en el cual inició sus estudios. Educóse en Harrov y, luego, en el Trinity College de Cambridge, a donde llegó cuando todavía el viejo Seeley se oponía a toda explicación «literaria» de la historia y Aeton imponía allí su afán de verdad absoluta y se inspiraba en el modelo de la inves­tigación crítica y documental alemana y proclamaba a Ranke «casi el Colón de la historia moderna».

Aunque admirase la lu­cidez del primero y la vasta doctrina y la inspiración ética del segundo, Trevelyan consideró que el nuevo método histórico debía supe­rar el conflicto entre las condiciones obje­tivas de la investigación y la creación ar­tística, documentación sólida e imaginación, expresión y colorido, y dar lugar a un relato abundante en intereses humanos. Y así, tras algunos años de enseñanza en el Trinity College, prefirió dedicarse al tra­bajo personal (1902). Aun cuando sus pri­meras aportaciones versaran sobre la Ingla­terra de la época de Wycliffe y los Estuardo (England in the Age of Wycliffe, 1904; England under the Stuarts, 1905), y por más que tratara algunos temas puramente li­terarios con un resultado permanente (The Poetry and Philosophy of G. Meredith, 1906; dirigió, además, una edición de Poetical Works, 1912), durante aquellos años predo­minó en Trevelyan el interés hacia la historia ita­liana del «Risorgimento».

Su padre había sido un admirador de Garibaldi, intentó in­cluso (1867) alistarse en sus filas, si bien ya demasiado tarde, después de Mentana, y presenció su detención en la estación de Figline. Los recuerdos paternos influyeron notablemente en la composición de la docu­mentada narración de Trevelyan, espléndidamente viva, de la epopeya garibaldina, en tres tomos que abarcan desde la defensa de Roma hasta la unidad (Garibaldi’s Defence of the Román Republic, 1907; Garibaldi and the Thousand, 1909; Garibaldi and the making of Italy, 1911). Cabe mencionar aquí, ade­más, la edición English Songs and Italian Freedom (1911).

Estas primeras obras, testi­monio de las «opiniones heréticas» que su metodología parecía profesar, demostraban que «el mismo libro debe adaptarse tanto al lector corriente como al estudioso de la historia»; así lo sostuvo explícitamente en el principal de sus ensayos (Clio: a Muse, and other Essays Literary and Pedestrian, 1913), aparecido al mismo tiempo que una biografía (The Life of John Bright, 1913). Con esta última obra, perteneciente a un género con el cual su padre se había afianzado, proyectó nueva luz sobre la personalidad y la época del biografiado, adalid del liberalismo puro. Estallada la guerra mun­dial fue comandante de la primera unidad hospitalaria británica en Italia a lo largo de todo el conflicto bélico, y obtuvo una medalla al valor; este episodio de su vida le inspiró un libro de memorias (Scenes from Italy’s War, 1919) y otro estudio sobré la época del «Risorgimento» acerca de los acontecimientos de 1848 en Venecia (Daniel Manin y la revolución veneciana, 1923, v.).

Vuelto a la patria, y aun cuando reanudara el análisis de las figuras del liberalismo inglés por él preferidas, como, por ejemplo, la de lord Grey, típico gentilhombre whig de viejo estilo (Lord Grey of the Reform Bill, 1920), comprendió que «la existencia histórica de varios millones no puede inferirse de la historia de algunos hombres de­terminados», y tendió a la reconstitución del pasado basada en «todos los hechos dispo­nibles», cuyo primer ejemplo eminente fue su Historia de la Inglaterra del siglo XIX [British History in the XIX Century, 1922]; en tal obra, precisamente, procuró «presen­tar la idea de la evolución continua, y de­mostrar cómo las modificaciones económi­cas pueden llevar a las sociales y políticas, y viceversa, y cómo nuevas ideas y nuevos ideales acompañan y dirigen el complicado proceso».

A dicho texto siguió otro también histórico de carácter general (History of England, 1926), que, junto con el anterior, le valió la cátedra de Historia moderna en Cambridge (1927), en calidad de «Regius Professor». A las investigaciones eruditas, singularmente de Historia social (Social Documents for Queen Anne’s Reign down to the Union with Scotland, 1929), y a la pre­paración de la gran obra Inglaterra bajo la reina Ana, aparecida luego en tres tomos de 1930 a 1934 (England under Queen Anne: I, Blenheim; II, Ramillies and the Union with Scotland; III, The Peace and Protestant Succession), fue añadiendo entonces una serie de textos diversos. Volvió al gé­nero biográfico mediante los volúmenes re­ferentes a su padre (Sir G. Otto Trevelyan, 1932) y a Grey of Fallodon (1937); y com­puso el breve ensayo The English Revolution: 1688-89 (1938), en el que los principios constitucionales se hallan orientados hacia «el instinto inglés de la acción política im­provisada» y manifiestan una vez más que para el autor las «fuerzas intelectuales y espirituales» resultan ajenas a cualquier análisis susceptible de ser denominado pro­piamente «científico».

Luego de un nuevo panorama general de poca extensión (A Shortened History of England, 1941) publi­có la English Social History (1942), que es la otra obra fundamental de Trevelyan; se trata de un cuadro fascinador que, dentro del período comprendido entre Chaucer y la reina Victoria, habla «tanto de las relaciones hu­manas como de las económicas entre las diversas clases, de las existencias familiar y doméstica, del trabajo y de los ocios, de II, la actitud de los hombres ante la natura­leza y de la cultura de todas las épocas en cuanto fuente de estas condiciones generales de vida, causa de formas siempre mudables en la religión, la literatura, la música, la arquitectura, la ciencia y el pensamiento».

Aun cuando último heredero de la gran tradición de Macaulay, sobre todo por su «desinteresada curiosidad intelectual», que juzga «sangre y vida de cualquier civiliza­ción verdadera», Trevelyan, empero, la renueva a través de un afán de «reconstitución verí­dica» y un sereno estudio del pasado, llevado a cabo «desde todos los ángulos posi­bles». Tal aspiración a una conquista plena del pretérito, refugio de la inteligencia y de la imaginación, «de otra forma cautivas del presente», aparece expresada en el autor, y no por casualidad, en su amor al paisaje inglés, siempre presente en su instinto y su conciencia de historiador.

E. Levi