George Gabriel Stores

Nació en Skreen (Irlanda) el 13 de agosto de 1819 y murió en Cambridge el 2 de febrero de 1903. En 1837 inició los estudios en la Universidad de Cambridge, y en 1849 pasó a ocupar la cá­tedra de Matemáticas (fundada por E. Lu­cas en 1662 y llamada, a causa de ello, Lucaniana) del mismo centro docente. Po­seedor de un gran talento, consideró su vasta preparación en tal materia como valioso instrumento para el estudio de los proble­mas físicos. Sus primeros trabajos, corres­pondientes al período 1842 – 1850, tuvieron por objeto el movimiento de los fluidos vis­cosos y la elasticidad de los cuerpos sólidos, y le llevaron a la solución matemática de muchos problemas de gran importancia práctica y científica. Pertenece a esta acti­vidad el estudio de la caída libre de las gotas de agua en el aire, que, por una parte, ofreció una explicación completa de la suspensión de las nubes, y, de otro lado, tuvo una importante aplicación, en los últi­mos años del siglo, al estudio de los iones con la «cámara de Wilson»; asimismo debe situarse en este grupo de trabajos sobre la hidrodinámica, el descubrimiento de la fa­mosa «integral de Stokes», muy empleada en las teorías eléctricas y susceptible de transformar una integral de superficie en otra lineal.

No obstante, la predilección par­ticular de Stores dirigióse a la óptica, estudiada según la concepción clásica de Fresnel; en este aspecto resultan muy interesantes sus trabajos sobre la reflexión metálica, los círculos de colores en las proximidades del ángulo límite, y la confirmación de la teo­ría de Fresnel que considera el plano de polarización de la luz como polarizada nor­mal con respecto al de vibración. Entre todos los estudios de óptica de Stores destacan las dos memorias clásicas Sobre el cambio de refrangibilidad de la luz [On the Change of Refrangibility of Light, en Philosophical Transactions of London, 1852 y 1853], con el descubrimiento del fenómeno de la fluo­rescencia, que de él también recibió el nom­bre. En realidad, ya desde el siglo XVII había sido observado e interpretado diver­samente, y siempre mal, el fenómeno en cuestión; sin embargo, el científico que nos ocupa demostró que el cuerpo fluorescente cambia la luz incidente en otra menos re­frangible («ley de Stokes», sujeta, no obs­tante, a excepciones), y que, además, dicho fenómeno es bastante frecuente y no muy raro, como se creía.

La importancia teórica de la interpretación de Stores fue considerable, por cuanto se trataba del primer fenómeno óptico en el cual tenía lugar una variación de frecuencia de la luz incidente. La utili­zación práctica del descubrimiento aumentó andando el tiempo; en los últimos años éste ha llegado a ser popular gracias a su em­pleo en el alumbrado eléctrico. Los estudios de Stores favorecieron notablemente la termo­dinámica y la electrología, dos capítulos de la física de los cuáles no se ocupó nun­ca, siquiera atrajesen la atención de los científicos de la época. Esta curiosa circuns­tancia, que hasta cierto punto denota la ge­nialidad de sus trabajos, resulta propia de sus cualidades de hombre nunca interesado en el éxito mundano o académico (perte­neció, no obstante, a varias academias cien­tíficas, y fue secretario de la «¿Royal Society» de Londres desde 1854, y presidente de la misma entre 1885 y 1890); profunda­mente religioso, muy modesto, generoso y hospitalario con los amigos, y pródigo en consejos y ayuda a los discípulos, llevó en la pequeña ciudad de Cambridge — que sus enseñanzas y las de lord Kelvin y C. Max­well hicieron todavía más ilustre — una vida sencilla, rodeado del afecto y el res­pecto de todos. Su producción científica fue reunida en Escritos matemáticos y físicos (véase).

M. Gliozzi