Gaston Maspero

Nació el 23 de junio de 1846 en París, donde murió el 30 del mismo mes de 1916. Su padre era lombardo. Serio y diligente autodidacto en su adolescencia, apenas cumplidos los catorce años viose atraído por el estudio de la egiptología; y así, entre el estupor de los viejos maestros llegó a leer y traducir por sí solo difíciles inscripciones egipcias. En 1865 ingresó en la École Normale, y posteriormente publicó al­gunas obras acerca del Egipto antiguo: Hymne au Nil des papyrus du British Mu­séum (1868), Une enquête judiciaire à Thèbes au temps de la XX.me dynistie (1869). A ello cabe añadir varios estudios gramati­cales que le dieron un conocimiento cada vez más profundo del antiguo lenguaje de aquel país; así, Des formes de la conjugai­son en égyptien anden (1871) En 1873 se doctoró con las dos tesis De Carchemis oppidi situ et historia antiquissima y Du genre épistolaire chez les anciens Égyptiens.

En 1874 fue llamado a la cátedra de egiptología que anteriormente desempeñara Champollion, dejada vacante por Emmanuel de Rougé. último de los egiptólogos completos — según él mismo gustaba definirse —, vin­culó su nombre no sólo a importantes exca­vaciones y a descubrimientos de gran reso­nancia (desobstrucción de las pirámides reales de Saqqāra, limpieza de la esfinge de El-Ghiza y del templo de Luxor, hallaz­go de momias reales en Der el-Bahari), sino también a investigaciones históricas y sobre el arte egipcio, en las que destacó por sus dotes de narrador preciso y minucioso y su capacidad de síntesis (Historia de los anti­guos pueblos de Oriente, vols. I-III, 1895-99, v.; Essais sur l’art égyptien, 1912; Égypte, Ars una species mille, 1912), así como a la edición de textos de gran interés (Les chants d’amour du Pap de Turin et du Pap Harris 500, 1883; Les incriptions des pyramides de Saqqarah, 1894; Les mémoires de Sinouhit, 1908; Les contes populaires de l’Égypte an­den, 1882, 1889, 1905, 1911; Les enseignements d’Amenemhait à son fils Sanouasrit I, 1914). A las notables actividades menciona­das unió la de agudo y elegante divulgador, en páginas brillantes y seductoras leídas siempre con interés, de los descubrimientos efectuados bajo su dirección en el territorio egipcio.

E. Scamuzzi