Friedrich Müller (Maler Müller)

Nació en Kreuznach (Rheinpfalz) el 13 de enero de 1749, murió en Roma el 23 de abril de 1825. Estudió pintura en Zweibrücken y después, gracias a sus primeras obras poéticas, escri­tas bajo la influencia de F. G. Klopstock, de la poesía lírica del «Göttinger Hain» y del drama musical de C. W. Gluck, se puso pronto en contacto en Mannheim en aquel círculo de apasionados artistas de vanguar­dia que se había formado en tomo al Deut­sches Nationaltheater. Estuvo en relación con J. H. Voss, editor del Almanaque de las musas (v.) desde 1774, con Lessing, Schubart y Goethe. Su genio entusiasta se sentía poderosamente atraído por el «Sturm und Drang», con su valoración especial de lo que es sentimiento y fuerza, crudamente real y líricamente patético, con su retomo a la poesía popular, a la historia, a la ex­presión abierta, sensible y emotiva de la vida.

Los elementos pictóricos y líricos, los dramáticos y musicales, la épica y la rap­sodia confluyeron en su arte, que no logró, sin embargo, elevarse a formas claras y ordenadas precisamente a causa de esta fu­sión dinámica. En 1778, ayudado Müller por unos amigos, entre ellos Goethe, marchó a Roma para perfeccionarse en el arte. En 1780 se convirtió al catolicismo y en 1781, habiéndosele terminado la pensión, se en­contró en lamentable situación económica, teniéndose que dedicar a cicerone. Le ayudaron después a salir del paso el príncipe heredero de Baviera y Ludwig Tieck (1805). Las grandes esperanzas de sus compañeros y protectores quedaron defraudadas; tanto su poesía como su pintura no pasaron más allá de sus comienzos geniales. Le faltaba a su naturaleza sensitiva y apasionada la asi­duidad de trabajo y el poder de frenar su espíritu. Müller representa en la historia de la literatura alemana el tránsito de la ana­creóntica y del rococó del siglo XVIII a la poesía romántica y al estilo narrativo del realismo posterior, a través de la «Empfindsamkeit», el «Sturm und Drang» y el pre- clasicismo.

Renovó el idilio épico-lírico (v. Idilios), inaugurado por Gessner, vigori­zándolo con la sugestiva espontaneidad y el humor de la poesía popular y con la ob­servación directa de la vida de los cam­pesinos; trasplantó la poesía pastoril griega de Teócrito a la tierra nacional. Ordenando las escenas según un ritmo musical y divi­diéndolas en cuadros plásticos, dándoles una acción amplia y un aliento lírico, intentó una nueva forma de drama. El núcleo de los dramas de Müller está constituido por la relación entre la pasión y la culpa en indi­viduos titánicos. En Golo y Genoveva (1775- 1781, que fue publicado por vez primera de un modo fragmentario en 1808; v. Ge­noveva de Brabante) se muestra seguidor de la leyenda medieval; en el fragmento publicado primero en 1776 con el título Situation aus Fauts Leben y más tarde en una redacción más amplia en 1778 con Fausts Leben, interpretó el «Volksbuch» en el sen­tido del genio titánico; en Niobe (1778) intentó la renovación musical y lírica del drama griego. En Roma intentó componer una Iphigenie. La forma episódica en que se resuelve su drama ofrecía nuevos modos de presentar las escenas realistas y de ex­presar los movimientos del alma; pero cho­caba con la estructura del drama.

La esti­mulante influencia de Müller se dejó sentir hasta en el Romanticismo, aunque en nin­gún momento confirmó las esperanzas que hiciera concebir en su juventud. La edición de sus obras en tres volúmenes, de la que se cuidó Tieck, es de 1811.

F. Martini