Nació el 19 de octubre de 1433 en Figline (Toscana) y murió en su villa de Careggi el 1.° del mismo mes de 1499.
Su nombre es diminutivo del de su padre, Diotifeci. Éste llevóle consigo a Florencia en 1445, y cuatro años después a Pisa, para que pudiera cursar los estudios preparatorios de Gramática y Filosofía.
Fue también a Bolonia a estudiar Medicina y, de nuevo en Florencia, conoció a Cosme de Médicis, quien, deseoso de fundar en la ciudad una escuela platónica y viendo en Ficino al hombre ideal para dirigirla, prometióle su apoyo y procuró vencer la resistencia del padre, el cual le hubiese querido médico.
A los veintiséis años, pues, Ficino emprendió el estudio de Platón, y al mismo tiempo, a fin de perfeccionarlo cuanto le fuera posible, el de la lengua griega. En 1462, instalado por Cosme en la casa de Montevecchio, en Careggi, inició la traducción de los textos platónicos y congregó a su alrededor una serie de eruditos, a cuyas reuniones dio el nombre de «Accademia», en recuerdo de la gloriosa escuela fundada por Platón.
Tal círculo, precursor de la posterior Academia Florentina, no fue un centro establecido con las comunes formalidades legales, antes bien un grupo de doctos — poetas, oradores, juristas, políticos, filósofos, sacerdotes, médicos y músicos — reunidos en tomo a Ficino, «segundo Platón» («alter Plato»).
Su principal fama, en efecto, se halla vinculada sobre todo a los estudios platónicos y a la influencia de éstos en la cultura coetánea, en cuya renovación filosófica el paganismo adaptóse a la conciencia cristiana. Ordenado sacerdote en 1473, no por ello abandonó a Platón, la traducción de cuyos diálogos dio por terminada en 1477; no obstante, los comentarios que a tal labor quiso añadir ocuparon aún veinte años más de su vida.
Estudió también a Plotino, cuyo emanatismo resultaba más adecuado a las exigencias de la espiritualidad cristiana, y tradujo y comentó sus Enéadas (v.), que publicó en 1492. Diez años antes habían aparecido los dieciocho libros de La teología platónica (v.), en los que trata acerca de la inmortalidad del alma según los principios del platonismo cristiano.
Sin embargo, la presencia de lo divino en las cosas y en el espíritu humano que suponen las doctrinas platónicas puede llevar aneja una tendencia a la magia; así debió de ocurrir en Ficino, quien, ya habituado además a las prácticas médicas, fue acusado de nigromancia durante el pontificado de Inocencio VIII.
Salvado por sus amigos, defendióse luego él mismo en una Apología, en la que sostiene el derecho de los doctos a valerse de la magia natural. Muerto en 1492 su protector, la Academia empezó a declinar y en 1494, con la llegada de los franceses, pudo considerarse virtualmente disuelta.
Pocos años después Ficino tuvo que defender a sus «confilósofos» (nombre que daba a los concurrentes a las conversaciones académicas) de las tendencias de Savonarola, el cual, si bien juzgado antes por él como hombre de santidad y ciencia singulares, fue llamado, en una Apología de 1498 (v. Apología contra Savonarola), hipócrita y anticristo.
Ficino es una figura típica del Renacimiento italiano; filólogo, filósofo, médico y músico, en él se revela el hombre nuevo, con sus múltiples intereses culturales y especulativos. Supo conciliar la piedad religiosa de un buen sacerdote con la inquietud propia de los tiempos, traducida en el afán de renovación de la teología católica mediante las ideas procedentes del platonismo; sin embargo, la unión de éste con el cristianismo daría lugar, gracias a Ficino, no ya a otras tendencias teológicas, sino a la nueva filosofía: la que, difundida a ambos lados de los Alpes, habría de centrar la cultura europea en torno al hombre, su intelecto y su historia.
C. Carbonara

