(Philipp Schwarzerd). Nació en Bretten, en el Palatinado, el 16 de febrero de 1497, murió en Wittenberg el 19 de abril de 1560. Se llamaba en realidad Philipp Schwarzerd y era hijo de Georg, un armero, y de Bárbara, parienta del famoso hebraísta Reuchlin (v.). Muerto el padre (1507), el muchacho fue encaminado por el mismo Reuchlin a los estudios humanísticos, en los que se distinguió precozmente en Heidelberg (1509-12) y en Tubingia (1512-14), donde obtuvo el título de «magister artium» cuando sólo tenía diecisiete años. No pudiendo el joven maestro pretender títulos más elevados a causa de su edad, daba lecciones sobre Aristóteles y otros escritores antiguos, soñaba —leyendo a Poliziano— en una cultura universal, componía una gramática griega (1518), proyectaba una edición completa de las obras de Aristóteles y helenizaba mientras tanto su nombre: «Schwarz-erde» (tierra negra) = «Melan-chthon». Y siguiendo a Erasmo aspiraba también a una renovación interior de la cristiandad por obra del humanismo. Las disputas entre escolásticos y humanistas en Tubingia le indujeron en 1518, siempre aconsejado por Reuchlin, a declinar ofrecimientos de Ingolstadt y Leipzig, y a aceptar una cátedra de griego en Wittenberg.
Pero su llegada a esta ciudad tuvo consecuencias imprevistas: subyugado por la poderosa personalidad de Lutero, Melanchton se transforma de reformista erasmista en reformador, se entrega al estudio de la Sagrada Escritura, ayuda a Lutero en la controversia de Leipzig (1519), escribe a los veinticuatro años la primera exposición sistemática de las ideas de la Reforma, los Lugares comunes teológicos (1521 — después retocada—, v.), sustituye a Lutero durante su reclusión en Waitburgo, y llega a ser, junto con él después de su regreso, el exponente más caracterizado de la reforma luterana, moderando con su carácter suave y con su equilibrada cultura los excesos del temperamento impetuoso y de la intransigencia de Lutero. Pero pasados los primeros años, reaparece en Melanchton la afición humanística que se traduce en su acción en favor de la reorganización de los estudios, a lo que debe el apelativo de «praeceptor Germaniae», y su tendencia eramista manifestada por su deseo de una reforma interna de la Iglesia, en la que Melanchton, a diferencia de Lutero, no deja de creer y de esperar. Su adhesión a las ideas de Lutero no es incondicional; se insinúan divergencias que su común amistad reprime. Sin querer atenuar la doctrina luterana fundamental de la «justificación por la fe», Melanchton insiste en la instrucción a los «visitadores» de la iglesia de Sajonia para que la predicación de la «ley» divina preceda al anuncio de la gracia.
En los coloquios religiosos con los suizos (Marburgo, 1529) concibe las primeras dudas sobre la concepción sacramental luterana, que más tarde atenuará en un sentido calvinista; en la Confesión de Augusta (v.), redactada por él, con vistas a la Dieta de Augsburgo, presenta las doctrinas luteranas en la forma más conciliadora y ecuménica (1530); y continúa tomando parte en las tentativas conciliadoras promovidas por Carlos V en Worms y en Ratisbona (1542), exponiéndose, después de la muerte de Lutero, a las críticas violentas de su partido por las concesiones sobre puntos considerados por él como «indiferentes» (adiafora) en el Interim de Leipzig (1548). Y se debe también a la influencia erasmista, la progresiva atenuación que Melanchton aporta a las doctrinas referentes a la predestinación y al libre albedrío. Los últimos años de su vida se vieron amargados por las violentas disputas teológicas determinadas por aquellos especiales aspectos de sus doctrinas, hasta que la muerte lo libertó de la «rabies theologorum». Los escritos de Melanchton ocupan los volúmenes 1-28 del Corpus reformatorum, publicados bajo el cuidado de Bretschneider y Bindseil entre 1804 y 1860.
Reflejan la compleja actividad teológica y humanística del «praeceptor Germaniae». Entre los escritos filosóficos recordamos el Liber de anima (1540), considerado el primer tratado de psicología escrito en Alemania; los Initia doctrinae physicae (1549), los Elementa rhetorices, libri dúo (1531), de la que existen dos redacciones anteriores, y numerosas ediciones posteriores; Erotemata dialectices (1547), fruto de análoga elaboración de escritos anteriores. De los escritos morales y políticos, el más célebre es Philosophiae moralis epitomas libri dúo (1538, v. Compendio de filosofía moral), varias veces reimpreso y ampliado con diversos títulos después: Epitome Philosophiae moralis (1548), Ethicae doctrinae elementorum libri dúo (1550), publicado de nuevo, corregido y aumentado, en 1553-56. El tratado ético de Melanchton había sido precedido de un comentario a algunos libros de la Etica de Aristóteles (libros I y II en 1530, al parecer, con la añadidura de los libros III y V en 1532) con el título de Enarrationes aliquot librorum ethicorum Aristotelis. También había comentado el De officiis de Cicerón, junto con los dos primeros libros de la ética aristotélica (1530); y así otros varios libros del moralista romano. A las lecciones académicas de Melanchton debemos una serie de Comentarios a libros o pasajes escogidos de autores latinos (César, Salustio, Tácito, Plinio, Virgilio, Ovidio, Terencio, Plauto, Séneca); y de traducciones de clásicos griegos (Tolomeo, Homero, Hesíodo; los trágicos griegos Luciano, Tucídides, Jenofonte, Plutarco, Píndaro y otros varios); en tanto que las dos gramáticas griegas son fruto de la actividad juvenil del autor.
Finalmente, los escritos teológicos comprenden las diferentes ediciones y las sucesivas ampliaciones de los Loci theologici (1521-35, 43, 59), una Apostilla, es decir, un comentario declamatorio a varios libros del Antiguo y Nuevo Testamento, un plan de examen para la ordenación de los pastores (Examen eorum qui audiuntur ante ritum publicae ordinationis qua commendatur eis ministerium evangelii, 1552) y la muy conocida Instructio visitatorum en latín y en alemán (1527), guía para los inspectores eclesiásticos que debían establecer el culto luterano en el electorado de Sajonia, y los Escritos confesionales, es decir, la Confessio Augustana (1530) y la Apología confessionis Augustanae, «prima» (1530) y «altera» (1531), ampliación de la anterior. Omitimos la mención del epistolario, de las disertaciones académicas y de los escritos polémicos, que ocupan los primeros doce volúmenes del Corpus reformatorum. A esta amplia y silenciosa actividad del humanista teólogo debe el luteranismo, en gran parte, su fisonomía definitiva.
G. Miegge

