Étienne Pivert de Sénancour

Nació en Paris en 1770 y murió en Saint-Cloud el 10 de enero de 1846. Su vida no abunda en acontecimientos destacados. Huyendo del seminario, refugióse todavía muy joven en Suiza, donde permaneció algunos años y contrajo un matrimonio infeliz. Sus prime­ros textos revelan un espíritu intensamente influido por la tradición del siglo XVIII, por Rousseau en particular. Sin embargo, con el tiempo fue adquiriendo originalidad; y así, en las obras principales, Meditaciones sobre la naturaleza primitiva del hombre (1799, v.) y Obermann (1804, v.), reveló en inconfundibles acentos notables aspectos de una crisis del «alma romántica». Los libros en cuestión contienen un conjunto de pen­samientos y meditaciones sin aparente uni­dad.

Vuelto a la patria en los primeros tiempos de la época imperial, publicó el tratado De l’amour (1806), que es ante todo un alegato en favor del divorcio. Salvo una breve permanencia en la Francia meridio­nal (en Anduze, Gard, a principios de la Restauración), vivió en París, con su hija Eulalie-Virginie en un aislamiento casi com­pleto; sin embargo, colaboró asiduamente en revistas y diarios contemporáneos, com­piló volúmenes de divulgación, etc. En Libres méditations d’un solitaire (1819), su última obra de relieve, reunió el fruto de su experiencia. Ignorado o, por lo menos, escasamente conocido durante mucho tiem­po, obtuvo cierta notoriedad bajo Luis Felipe, en parte gracias a la amistad y a la admiración de Sainte-Beuve, quien dedicó a Obermann un importante ensayo (1832); lo mismo hicieron poco después George Sand y Charles Nodier. La participación de Sénancour en la vida cultural de su época no ex­cluye, empero, en él un alejamiento radical de la contingencia y una perseverante inves­tigación de lo absoluto.

A. Pizzorusso