Enea Silvio Piccolomini (Pío II)

Nació en Corsignano (Siena), denominada después por él, siendo papa, Pienza, el 18 de octu­bre de 1405 y murió en Ancona el 15 de agos­to de 1464. Piccolomini, que pertenecía a una familia aristocrática, empobrecida por las vicisitudes políticas y por las desdichas domésticas, refleja en su multiforme producción y en su casi novelesca biografía las discordes ten­dencias de su época. Estudiante de Derecho en Siena, tras haber ayudado hasta los die­ciocho años a su padre en los menesteres agrícolas, participó, no sin alguna fugaz crisis religiosa, en la bulliciosa bohemia de la ciudad, y cultivó de un modo activo el estudio de los clásicos y de la poesía. De temperamento activo y aventurero, partici­paba en 1432 en el concilio de Basilea como acompañante al obispo Domenico Capranica; pasó después al servicio de otros pre­lados, realizando misiones y encargos deli­cados y hasta peligrosos, como, por ejemplo, la participación en una tentativa, después descubierta, de raptar al papa Eugenio IV en Florencia.

La popularidad adquirida en el ambiente del Concilio y su adhesión a las corrientes antirromanas le valieron en 1436 el nombramiento de secretario de los traba­jos del mismo Concilio; posteriormente fue secretario del antipapa Félix V (1439) y legado del Concilio en la Dieta de Franc­fort, donde recibió también de un modo solemne el laurel poético (27 de julio de 1442). Pertenecen a este período algunos de sus escritos más conocidos y que reflejan de modo más directo el libertinaje ético y literario característico de la vida de Piccolomini durante estos años: un polémico Libellus (1440), en defensa del Concilio, una reco­pilación de poesías líricas amorosas en latín, la comedia Criside (1443-44, v.) y la novela, más divulgada, Historia de dos amantes (1444, v.).

Comenzó Piccolomini a replegarse a posi­ciones político-religiosas más moderadas después de su paso (1442), en calidad de secretario de la cancillería, al servicio del emperador Federico III, del cual fue emba­jador en la Curia pontificia a partir de 1445; y el cambio se hizo cada vez más sensible en los años siguientes, cuando Piccolomini, habiendo abandonado el estado laico, ingresó en la vida eclesiástica, de la que recorrió rápida­mente las sucesivas etapas hasta llegar al pontificado: sacerdote en 1446, obispo de Trieste el año siguiente, de Siena en 1450, legado pontificio en los países alemanes en 1452, cardenal en 1456, aclamado pontífice en el Cónclave a partir de 1458. Como pon­tífice, llevó a cabo una política de fortale­cimiento de la Iglesia y de conciliación entre los estados italianos; en el plano religioso y disciplinario, fue rigidísimo defensor de la supremacía papal sobre el Concilio, in­terviniendo activamente en el refrenamiento del proceso de desintegración del catolicis­mo en Alemania.

Su gran iniciativa, y tam­bién su drama como pontífice, fue la pre­paración de una nueva cruzada para la que llegó a convocar una dieta en Mantua (1459- 1460): iniciativa cuyo fracaso apresuró su muerte. Promovió la canonización de Cata­lina Benincasa, y fue momifícente protector de las artes, mirando con recelo, por el contrario, aquellas manifestaciones de la cultura humanística de la que había sido anteriormente uno de los más brillantes exponentes. Además de las obras anterior­mente citadas, Piccolomini ha dejado una vasta producción de carácter histórico en latín; Comentarios sobre los acontecimientos del Concilio de Basilea (v.), De rebus Basileae gestis stante vel dissoluto Concilio, Historia bohémica, Historia rerum Friderici III imperatoris; una Cosmographia de carácter erudito, una serie de retratos histórico- biográficos De viris aetate sua Claris, Co­mentarios de su propia vida (v.), más vivos artísticamente y más interesantes desde el punto de vista histórico. Importantes son también las numerosas Epístolas (v.), algu­nas de las cuales, como la De líberorum educatione, dirigida al rey Ladislao y la De curialium míseriis, a Johannes Eich, y la De ortu et aucthoritate Romanii Imperii, tienen la extensión y el carácter de tratados sistemáticos.

G. Paparelli