Nació en Wiener Neustadt el 22 de marzo de 1459 y murió en Wels el 12 de enero de 1519. Emperador del Sacro Romano Imperio Germánico, llamado «el último caballero del trono», llevó en su actividad política, no siempre afortunada, una viva nostalgia del pasado, de la caballería y de la Edad Media, y ello aun siendo un hijo de su época, abierto a las nuevas corrientes del pensamiento y protector y amigo de los humanistas. A él y a su pasión literaria debemos el único manuscrito del poema medieval Kudrun. Las tareas del gobierno, los intentos con que procuró dar mayor flexibilidad a la organización del Imperio alemán mediante su adaptación a los nuevos tiempos y las numerosas guerras que le obligaron a luchar un poco por doquier, no fueron motivos suficientes para ahogar en su espíritu el amor a la literatura y el afán patriótico que el humanismo y el descubrimiento de Hermann, singularmente por parte de Hutten, habían suscitado en Alemania; a ello se añadía el gusto por la confesión autobiográfica, lejana herencia de la mística, y por la alegoría, último eco de la escolástica.
Constituye un documento acerca de todo ello el amplio poema caballeresco de Maximiliano Teuerdank (v.), por él proyectado y sólo parcialmente escrito (redactólo también M. Pfintzing, v.). La nostalgia del pasado, que da a tal obra un sabor algo anacrónico, aparece asimismo en su otro texto Weisskunig, también esbozado por Maximiliano y no redactado completamente por él. Aquí el material autobiográfico resulta más abundante, si bien transfigurado según la norma que llevó al emperador a hacer de este poema un monumento a su memoria, o sea la fuente de su gloria para la posteridad. La obra en cuestión, con destino a la cual reuniera Maximiliano un abundante material ilustrativo, quedó incompleta; sin embargo, sigue conservando su interés tanto desde el punto de vista literario como en cuanto historia de las costumbres. En el curso de la narración se intercalan agradables anécdotas y animadas descripciones de fiestas, torneos, cacerías, batallas y episodios de la vida del emperador que revelan una cálida participación humana.
G. V. Amoretti

