Clément Marot

Nació en Cahors a fines de 1496 y murió en Turín el 14 de septiembre de 1544. Su brioso y agudo espíritu presenta aun ciertos matices de la decadente Edad Media; sin embargo, aspira también el nue­vo aliento renacentista, que le mantiene vivo, delicado y humano. Su padre, Jean, rimador en la escuela de los «rhétoriqueurs», le enseñó las formas de la poesía artificiosa y ayudóle a encontrar el favor de los pode­rosos, con lo que Marot llegó a paje del señor de Villeroy, secretario real, y luego, de 1519 a 1527, estuvo al servicio de Marga­rita de Alencon, hermana de Francisco I. Su vida de poeta viose bruscamente inte­rrumpida en 1526, año en que fue encarce­lado por haber comido tocino durante la Cuaresma. Puesto en libertad pocos meses después gracias a la intervención de Lyon Jamet, a quien se dirigiera en la epístola en que se narra la fábula del león y la rata, habló de su cautiverio en los ásperos ver­sos de Enfer, que por aquel entonces no osó publicar aún. El episodio en cuestión supuso para el poeta un duro paréntesis en el curso de unos años felices, durante los cuales sonreíale un secreto amor hacia la joven Ana de Alengon, sobrina de Marga­rita.

En 1527 pasó al servicio de Francisco I, al que se dirige en sus epístolas (v. Poe­sías) con una afectuosa y devota familia­ridad. Contrajo matrimonio en 1529 y tuvo dos hijos (sus «marotteaux»), a quienes habría de llorar en el destierro. Nueva­mente los envidiosos acusáronle de inobservancia de la abstinencia durante la Cua­resma (1532); sin embargo, no por ello le faltó el favor del rey y de Margarita, lle­gada al trono de Navarra. Mayores sospe­chas despertó su versión de los Salmos; y así, cuando, con motivo de la cuestión de los «placards» (octubre de 1534), Francis­co I inició la persecución de los reformis­tas, Marot huyó primeramente a la corte de Margarita, y luego a Ferrara, a la de Re­nata de Francia (1535). En 1536 hallábase en Venecia. Luego de haber aceptado abju­rar de la herejía en Lyon pudo volver al territorio francés. Siguió una dura polémica con Sagon, el más resuelto de sus enemi­gos, quien difundió nuevamente contra Marot las acusaciones de prácticas heréticas, y, después, recobrado el favor real, vivió algu­nos años en paz.

Reanudada la traducción de los Salmos, apareció ésta en 1541, y fue ampliamente adoptada por los protestantes. En 1542 el poeta publicó Enfer, obra muy mal recibida por la magistratura. Persegui­dos nuevamente los luteranos por Fran­cisco I, Marot pasó primero a Saboya y más tarde a Ginebra (1543). La ciudad de Cal- vino, empero, no resultaba adecuada a su espíritu libre; y así, volvió al territorio saboyano (1544) y establecióse en Turin, donde aguardó en vano el perdón del mo­narca y el regreso a la patria.

V. Lugli