Carlo Cattaneo

Nació en Milán el 15 de junio de 1801, Murió en Castagnola, cerca de Lugano, el 6 de febrero de 1869. Bachiller en 1820, ingresó en la Universidad de Pavía y al mismo tiempo fue admitido como pro­fesor suplente en el curso inferior del gim­nasio comunal de su ciudad, donde continuó enseñando materias literarias como titular efectivo hasta 1835.

En 1822 publica Antolo­gía, Assunto primo della scienza del diritto naturale di G. Romagnosi, cuya escuela pri­vada había frecuentado durante algunos me­ses en Milán y del cual tomó su filosofía. Dos años después se licenció en Jurispruden­cia.

Abundantemente informado en estudios económicos, literarios y artísticos, comenzó una activa colaboración en L’Eco della Borsa, en los Annali universali di statistica y en su suplemento Bollentino di notizie stati- tische ed economiche italiane e straniere y Annali di giurisprudenza pratica, en los que insertó las Investigaciones económicas sobre las prohibiciones impuestas por la ley a los israelitas (v.), que le valieron una noto­riedad europea.

En 1838 fue elegido miem­bro del Instituto Lombardo y en 1845 nom­brado secretario de la Sociedad de Estímulo a las Artes y Oficios. Las Noticias naturales y civiles sobre la Lombardía (v.), aparecidas en aquel tiempo, son, según B. Croce, un «admirable hito» en la historia de Italia. Intervino en política; marchó a París por encargo de Mazzini y allí escribió y publicó L’insurrection de Milán, acremente polémi­co, que después tradujo y amplió en una edición italiana (v. De la insurrección de Milán de 1848 y de la guerra subsiguiente).

Preparó para la Tipografía Helvética los tres volúmenes del Archivo trienal de los asun­tos de Italia (v.) y otras publicaciones his­tóricas. Fue destacado consejero del Go­bierno del Tesino en asuntos económicos y de enseñanza y a él se. le debe en parte la institución del Liceo cantonal (1854), en el que enseñó Filosofía hasta 1866.

Elegido muchas veces por distintas circunscripciones como diputado en el Parlamento, nunca tomó parte en las sesiones. En 1860, invitado por Garibaldi, marchó a Nápoles y se ocupó so­bre todo de los ferrocarriles meridionales. Sus últimos años fueron tristes y casi inac­tivos. Sus cenizas reposan en el Panteón de los Ilustres de su ciudad natal.

R. Caddeo