Beato Heinrich Suso (o Seuse)

Nació en Constanza entre 1295 y 1300 y murió en Ulm el 25 de enero de 1366. A los trece años ingresó en la comunidad dominicana de la Isla, cerca de su ciudad natal, y hacia 1313 empezó una penosa vida de penitencia que asoció a una severa formación científica recibida en el Studium Generale de la Or­den, en Colonia, donde, junto con Tauler, fue discípulo del maestro Eckart. Separa­do de la enseñanza (1329-34) por su defen­sa de éste, censurado en 1329 por el Papa, Suso dedicóse a la predicación, a la dirección espiritual y a la composición de sus textos, que le valieron un lugar eminente entre los místicos alemanes de todas las épocas. Menos especulativo que Eckart, y psicólogo no tan sutil como Tauler, superó en sentimiento e inspiración poética a uno y otro. Tras la lucha de Luis de Baviera contra el ponti­ficado hubo de abandonar el convento con los hermanos de religión y trasladarse al de Diessenhofen, del que en años muy difíciles (1344-46) fue prior; hacia 1346 volvió a Constanza, pero hubo de partir nuevamente al cabo de poco tiempo a causa de una calumnia cruel.

Enviado al convento de Ulm, vivió en él unos diecisiete años. Allí reunió él mismo, en 1362, una colección de sus textos denominada Ejemplar (v.). Abar­ca este conjunto: El libro que se llama Suso (v.), primera autobiografía de la literatura alemana; El librito de la verdad (1327); El librito de la Eterna Sabiduría (1328, v.), que puede ser considerado el fruto más ex­celente de la mística alemana y, publicado en latín en 1334 bajo el título de Horologium sapientiae, fue dedicado por el autor al padre general U. de Vaucemain; y El epis­tolario, integrado por once cartas de direc­ción espiritual. A ello fueron añadidos pos­teriormente el Gran epistolario (27-28 car­tas), ¡algunos Sermones y el Librito de amor, de autenticidad dudosa. Suso ejerció gran in­fluencia en la espiritualidad europea a tra­vés de sus obras, fruto inmediato de su intensa y apasionada experiencia religiosa más bien que del estudio. A los dieciocho años experimentó la visión de Jesucristo bajo la forma de Eterna Sabiduría, el cual se dolió por haberse visto como tal expul­sado de los monasterios; conmovido, el monje empezó a servir como fiel amante a la Sabiduría celestial y vivió hasta su muerte en perfecta e ideal comunión con ella.

Este amoroso y doloroso idilio consti­tuye la trama secreta de su vida mística. Para sellar su amor, Suso grabó en su pecho, con un estilete, el nombre de Jesús, y, para imitar a su carísimo Amado, entregóse a inauditas mortificaciones. A los cuarenta años, empero, Dios le ordenó echar al Rin todos sus instrumentos de penitencia. Entonces el espíritu del religioso quedó su­mido en una terrible «noche», que, a través de angustiosas purificaciones pasivas, fue preparándole para la unión final con el Señor. En el curso de tan terribles pruebas se mostró siempre tranquilo y sonriente, y respondía, a quienes le preguntaban por el motivo de su júbilo: «Dios, infinitamente bueno, es mi amigo». Pocos místicos han vivido y cantado el tema amor-dolor con la intensidad y la dulzura de este autor renano; la ley de la imitación de Cristo doliente raras veces ha sido aceptada y puesta en práctica como en el caso de Suso, quien afirmaba que el conocimiento pro­fundo de la divinidad se halla íntimamen­te vinculado a la asidua meditación de la Pasión de Jesucristo. Beatificado por Gre­gorio XVI el 16 de abril de 1831, es vene­rado, sobre todo, por la Orden dominicana y en Alemania.

B. Lenzetti