Bahya ben Yosef ibn Paqūda

Nació y vivió en España (en Zaragoza o en Córdoba) en el siglo XI, m. no más tarde de 1080. Muda sobre las circunstancias de su vida (sólo sabemos que Bahya fue juez de un tribunal rabínico, «dajan»), la tradición nos ha traí­do, sin embargo, el eco de su santidad, que le valió el título de «He-hassid» («el Pia­doso»).

Así se nos aparece en su libro Debe­res de los corazones (v.) [Sefer Hovoth ha- Llevavoth], escrito en árabe, entonces lengua de cultura internacional, y que en diez sec­ciones o «pórticos» expone los deberes de la vida moral y de la íntima religiosidad ju­días.

Extrae la sustancia de su pensamiento de la Torah, de la que cita incansablemente los textos que apoyan su explosión y apo­ya en los escritos talmúdicos la justifica­ción de los principios espirituales de su doctrina.

Bahya ha sido definido como un as­ceta místico, lo cual es exacto, pero en los límites de su misma definición de la ascesis como «una renuncia al descanso y a los pla­ceres carnales que no son estrictamente ne­cesarios a la vida» (pórtico noveno, capí­tulo segundo).

La obra de Bahya, traducida al hebreo en 1160 por el célebre traductor hispano-provenzal Jehuda ibn Tibbon, fue im­presa por vez primera en Nápoles en 1489 y posteriormente en un número extraordi­nario de ediciones y traducciones y com­pendios, con o sin comentario, porque la influencia del pensamiento de Bahya rebasó los ambientes culturales y se difundió rápida­mente entre las grandes masas hebreas, en­tre las que todavía se mantiene viva.

Los poemas hebraicos de Bahya (unos indudable­mente suyos, otros atribuidos por los crí­ticos) inspirados en su concepción moral, se han introducido en la liturgia penitencial de la Sinagoga.

R. Elia