Avicebrón

(Šĕlomó ibn Gabirol). N. en Málaga en 1020-21, m. en Valencia en 1058 (según otras fuentes en 1069-70), asesinado — dice la leyenda — por un poeta árabe envidioso.

Hasta el siglo pasado, Avicebrón, autor de la Fuente de la vida (v.), era con­siderado como un filósofo árabe cristiano español, pero en 1857, S. Munk, en Mélanges de philosophie juive et arabe, publicó una antigua versión hebraica parcial de Fuente de la vida (escrito originariamente en árabe y conocido a través de la versión latina de Domenico Gundissalino).

El tra­ductor hebreo, Sem Tob ibn Falachera, ci­taba como autor de la obra al gran poeta de Málaga, que con Judá Levita e Ibn Ezra forman el máximo triunvirato de la líricahebrea medieval. La escolástica latina, inte­resándose sólo por la obra filosófica y deformando en Avicebrón el nombre de Ibn Gabirol, había dado origen al curioso des­doblamiento, favorecido por la variedad de temas usados por Avicebrón y por la brevedad de su vida.

Muy joven, se había trasladado a Za­ragoza, donde obtuvo la amistad y la pro­tección de Semu’el ha-nagid; poseyó una inspiración precoz y melancólica, a causa de sus muchos dolores físicos y de las des­venturas familiares. A los 16 años se lamen­taba ya de su vejez y escribía algunas de sus mejores poesías, celebrando a la natu­raleza y cantando a sus amigos (sobre todo a Jekultiel ibn Hasan de Zaragoza).

Recla­mado de ciudad en ciudad a causa de su fama y de sus numerosas amistades, alter­naba la lírica — en la que también fue téc­nicamente un innovador, introduciendo en hebreo la variedad de metros árabes — con la producción gnómica y filosófica: en ára­be el Mukhtar al-Giawahir [Selección de perlas], colección de sentencias morales, el Kitab Islaln al-akhlaq [El perfeccionamiento de las cualidades del alma], y la obra prin­cipal, Fuente de la vida; en hebreo la Keter Malkuth (v. Corona real), en la que la poesía de los Salmos y la visión meta­física neoplatónica se funden en un lírico itinerario hacia Dios de profunda sugestión.

La muerte de Semu’el ha-nagid (1055) causó acerbo dolor a Avicebrón y a partir de entonces sólo escribió poesías religiosas, muchas de las cuales han entrado a formar parte de la liturgia sinagogal: recordemos, en el rito italiano, «l’Adon’ ólam» [Señor del mundo] y el llamado «Símbolo de Maimónides», poé­tica formulación de los 13 artículos de fe del judaísmo.

La autenticidad de algunas poesías y obras menores no es, con todo, muy segura. Su pensamiento filosófico, esca­samente judaico y estrechamente vinculado al de Plotino, tuvo amplia difusión en Occi­dente y nutrió la filosofía franciscana, que incorporó algunos de los temas esenciales del voluntarismo y de la inspiración mística de Avicebrón.

P. De Benedetti