August von Kotzebue

Nació en Weimar el 3 de mayo de 1761 y murió en Mannheim el 23 de marzo de 1819. Había estudiado leyes; pero, en vez de actuar como abogado, a los veinte años siguió en calidad de secretario a un ingeniero que se dirigía a San Peters­burgo, y permaneció en Rusia durante unos quince años, en cuyo transcurso desempeñó también diversos cargos administrativos en Livonia. Apasionado por la escena, trabajó activamente en este aspecto, y llegó a inten­dente del teatro alemán de San Petersburgo, con lo que inició su labor dramática. La más famosa de sus obras juveniles es Misantro­pía y arrepentimiento (v.). De nuevo en Alemania, desplegó una fecunda actividad de comediógrafo y se hizo muy popular; fue limado a Viena para la dirección del teatro de la corte, y luego a Weimar, donde pro­curó suscitar divergencias entre Goethe y Schiller. Mostró una gran hostilidad hacia los románticos, a quienes satirizó en El asno hiperbóreo (v.).

En 1801 marchó otra vez a Rusia; no obstante, fue detenido en la frontera como políticamente sospechoso y deportado a Siberia. Pronto, sin embargo, el zar Pablo I reconoció la falsedad de tales suposiciones, le puso en libertad y ofre­cióle, en compensación, una propiedad en Livonia; a partir de entonces Kotzebue estuvo al servicio del soberano. Tras el asesinato de éste regresó a Alemania y publicó allí un periódico ardientemente contrario a Napo­león, lo cual le atrajo las simpatías de mu­chos patriotas. Caído el emperador, siguió actuando como informador secreto del zar Alejandro I, a quien enviaba relaciones sobre la situación de Alemania; así, las entidades patrióticas universitarias se en­frentaron a su actividad de espía, y Kotzebue fue apuñalado por un estudiante fanático.

Entre comedias, farsas y tragedias llegó a escri­bir 216 obras teatrales, con cierta habilidad e intuición de los efectos escénicos, pero, en general, casi siempre superficiales y sin pretensiones literarias; apenas merecen ser recordadas Gustavo Vasa y Los provincianos alemanes (v.). Sin embargo, aun cuando a su ligereza moral correspondiera una escasa profundidad artística, nuestro autor fue, en su época, el escritor teatral más leído y representado.

V. M. Villa