Ateneo

De la vida de Ateneo sólo conoce­mos los poquísimos datos suministrados por su obra. N. en Naucratis (Egipto), marchó después a Roma, en tiempos del emperador Cómodo, mencionado como contemporáneo suyo (XII 537 f), y vivió también muchos años después de la muerte de aquél.

Flo­reció entre el final del siglo II y los co­mienzos del III d. de C. Su formación de gramático y de sofista supone lecturas muy extensas, porque es de presumir que había leído, si no todas las dispares obras citadas por él, por lo menos una amplísima parte de ellas.

Escribió un libro De los reyes de Siria y un estudio monográfico sobre un pasaje del comediógrafo Arquipo. Su obra principal es Dipnosofistas (v.) o los Sabios en el banquete, de la que se puede sacar una cronología relativa con alguna proba­bilidad.

En efecto, si puede identificarse al gramático Ulpiano, que aparece en el ban­quete como jefe del festín, como el célebre Ulpiano de Tiro (el jurista que llevó a cabo las reformas de Alejandro Severo y fue muerto en un motín de la guardia imperial en el año 228 d. de C.), la obra hubo de ser terminada antes de esta fecha.

Efecti­vamente, Ateneo alude a la muerte de Ulpiano, si bien nada dice de sus trágicas circunstancias (XV 686 c). La obra está relacio­nada con toda aquella tradición de litera­tura convivial que tuvo en el Banquete (v.) de Platón su expresión más perfecta, y que continuó con el Banquete (v.) de Jenofonte, los de Plutarco y el de Lucia­no.

Si Platón y Jenofonte habían captado un solo momento del banquete, el de la libación (potos), Ateneo, por el contrario, des­cribe también el momento anterior, el del banquete propiamente dicho (deipnon); pero le falta la dramática vivacidad de Platón y el pintoresco realismo de Jenofonte.

El banquete se celebra en Roma con ocasión de las fiestas Parilia (VIII 361 f): los sabios que toman parte en él discuten sobre los más variados temas, excepto de política, porque Ateneo y sus amigos respiran el aire de la «pax romana» y son todos conformistas.

La obra tiene una inestimable importancia a pesar de su prolijidad; sin ella, carece­ríamos de capítulos enteros de historia y de vida helenísticas, y todavía menos sabría­mos de la comedia media y de la nueva.

Los Dipnosofistas caen también dentro de la gran tradición lexicográfica que va desde las obras de Aristarco al Léxico (v.) de Suidas: es muy apreciada, en efecto, su contribución a la lexicografía.

M. T. Chianura