Atenágoras

Apologeta cristiano griego del siglo II, conocido como autor de una Embajada en favor de los cristianos (v.) dirigida (hacia el 177) a los emperadores Marco Aurelio y Cómodo, y de un tratado La resurrección de los muertos (v.).

Citado en primer lugar por Metodio de Olimpo (siglos III-IV), bien pronto desaparecen sus huellas de la tradición literaria hasta que es descubierto de nuevo y transcrito (914) por el obispo Areta de Cesárea, de cuya co­pia se derivará la subsiguiente tradición manuscrita.

Era de origen ateniense, quizá el mismo Atenágoras al que el filósofo griego Boeto dedicó su Sobre algunas expresiones difí­ciles en Platón, recordado por Focio (Biblio­teca); desconocemos cualquier otra circuns­tancia de su vida.

Noticias antiguas (Filipo de Cide, siglo V) y deducciones modernas (T. Zahn), que tienden a colocar a Atenágoras en relación con la escuela cristiana de Alejandría, esperan todavía una confirmación o un apoyo más decisivo para sus argumen­tos.

Atenágoras da pruebas de moderación y de sim­pática comprensión hacia la filosofía y cul­tura paganas, de las que muestra suficiente conocimiento; estilo y lenguaje reflejan su educación ática.

En la doctrina trinitaria, se muestra muy próximo a San Justino y a los demás apologetas; el Hijo está en Dios desde la eternidad, como mente y razón, o Verbo, engendrado, pero no creado, por la creación del mundo. Da una demostración de carácter racional de la unidad de Dios y de la resurrección e insiste sobre la ética del cristianismo.

G. C. Martini