Arthur Schnitzler

Nació el 15 de mayo de 1862 en Viena, donde murió el 21 de octu­bre de 1931. Su padre era un notable médico judío y profesor universitario. En su hogar, frecuentado por artistas y personas cultas, el muchacho formóse en el amor a la poesía; llegó a fundar con otros compañeros de la escuela un pequeño cenáculo literario. Sin embargo, prefirió estudiar Medicina, y gra­duóse en 1885; por espacio de tres años actuó como ayudante de un famoso médico que había sido amigo de Wagner, y luego ejerció libremente la profesión. Continuó, empero, estudiando, y fue interesándose por nuevas ramas de la Medicina, singularmente por la psiquiatría y la dermatología; realizó viajes de estudio a Berlín, Londres y París, y participó en diversos congresos científicos.

Mientras tanto, ya cuando estudiante había publicado en algunas revistas narraciones breves y poesías, bajo el seudónimo de Anatolio (que posteriormente daría título a los bocetos teatrales, v. Anatol). Muy pronto se le consideró jefe de la «joven Viena», gru­po de escritores del cual surgieron más tar­de Zwieg y Hofmannsthal. Durante algún .tiempo actuó como médico militar; sin em­bargo, una sátira mordaz de la vida castren­se (El teniente Gustavo, 1901, v.) le valió la expulsión del ejército. Los ejemplos del verismo europeo y la profesión médica con­firieron un tono singular al arte del joven escritor; los temas trágicos, generalmente eróticos, propios de casi toda su obra, sirven exclusivamente de base al análisis de mati­ces psicológicos, impresiones y abandonos líricos llenos de una morbidez muy pecu­liar; la tristeza aparece concentrada siem­pre en cadencias elegantes: «despreocupado melancólico» fue llamado el escritor por un contemporáneo.

En el umbral del nuevo siglo los éxitos de Rueda (1900, v.) y La se­ñora Berta Garlan (1901, v.) le indujeron a entregarse por completo a la literatura. Mientras tanto — nacían por aquel entonces en Viena los estudios psicoanalíticos de Freud — fue interesándose por la psicología y la hipnosis. Schnitzler no parece haber sido un partidario ortodoxo de las doctrinas freudianas; su narración La señorita Elsa (1925, v.) es el fruto artístico más significativo y maduro de tales tendencias. El trastorno provocado en la vida vienesa por la derrota de 1918 supuso para el escritor el hundi­miento de un mundo; y así, su delicado naturalismo no halló comprensión entre las nuevas generaciones. En tanto sufría un aislamiento cada vea mayor conmoviéronle profundamente el suicidio de su hija y la trágica muerte de su amigo Hofmannsthal El pesimismo de Schnitzler, velado ya en la época de su juventud por una leve sonrisa escép­tica, pasó a ser amargo y desesperado. Los últimos años de su vida transcurrieron bajo la obsesión del pensamiento de la muerte; y así, la obra final del escritor, Huida en las tinieblas [Flucht in die Finstemis, 1931], equivale al postrer mensaje de un psicólogo que ve cernerse sobre sí el espectro de la locura.

V. M. Villa