Archipoeta de Colonia

Bajo este seu­dónimo se oculta el más importante poeta «goliàrdico» del siglo XII, que algunos iden­tifican con Hugo Primate. Las diez compo­siciones suyas que nos han llegado lo si­túan entre 1161 y 1165 y constituyen el único testimonio de su vida.

Por ellas sabe­mos que estuvo al servicio del arzobispo Rinaldo de Dassel, el poderoso canciller de Barbarroja, y que pasó por Milán, Pavía, Novara, Salerno y Viena, en viajes más o menos relacionados con las actividades de su protector. Algunas características de len­guaje y de estilo hacen pensar que tuvo una formación cultural francesa; pero se prefiere asignarle como lugar de nacimien­to la Renania.

Su poesía es totalmente la­tina, en versos rítmicos. La Confesión de Goliat (v.), una de las joyas de la litera­tura medieval, es su obra maestra. Amante de la vida como todos los «goliardos», can­sado de los temas poéticos tradicionales, posee una sensibilidad desconocida de sus colegas, en la cual los vicios y las miserias parecen solamente pretextos para expresar un sentimiento de despego de la realidad, de hastío, que se traduce en burla y en bufonería, pero que no acaba de resolverse en un abandono de la fantasía.

G. Vinay