Nacido hacia 125 en Madaur?. (África), en los confines de Getulia y Numidia, de familia muy distinguida; m. en Cartago en fecha ignorada. Realizados en Cartago los estudios retóricos, pasó a Atenas, donde se educó en el culto a Platón.
Realizó estudios sobre toda suerte de materias: ciencias naturales, astronomía, medicina, música; y compuso también poesías. Deseoso de viajar, visitó muchos países. Y tras una estancia en ellos, cuya duración desconocemos, volvió a Cartago, donde parece que se estableció.
El episodio más conocido de su vida fue el proceso incoado contra él en Oea (Trípoli) por los parientes de una rica viuda, Pudentila, los cuales le acusaban de haber seducido a aquella mujer mediante filtros y encantamientos y haberla obligado al matrimonio por la codicia de su dote.
Se defendió felizmente de tal acusación en su brillante y copiosa Apología (v.) (en los manuscritos figura con el título de Pro se de magia líber); la autodefensa fue pronunciada quizá entre el 155 y el 158 ante el tribunal de Claudio Máximo, procónsul romano en África.
La Apología es el único discurso forense que nos queda de todo el período imperial. El discurso, juzgado por San Agustín de «copiosísimo y disertísimo», fue revisado más tarde por el autor, de acuerdo con una costumbre general de los oradores, y aumentado y embellecido con adornos literarios.
El discurso pronunciado fue con toda seguridad mucho más breve en la argumentación, menos rico en anécdotas y en donosuras, menos refinado y exquisito en su estilo, ya que Apuleyo apenas dispuso de tres o cuatro días para preparar su defensa.
En la segunda parte de su vida lo encontramos en Cartago, donde recibió numerosos testimonios de consideración y donde continuó desarrollando su actividad de orador y dando nuevas pruebas de una elocuencia deslumbradora y resonante como hasta entonces no se había oído: la gente culta de Cartago, como había hecho la de Oea, acudía a aquellas conferencias como si fueran un espectáculo público.
Nadie más apto para suscitar la admiración de sus auditores que Apuleyo, perfecto conocedor de las dos lenguas, el latín y el griego, y que en las dos, alternativamente, había sabido celebrar en prosa y en verso, en la basílica de Cartago, al dios Esculapio, de quien se había convertido en panegirista en todas las ciudades de África. Entre sus escritos menores figuran el tratado Platón y su dogma (v.), el opúsculo El demonio de Sócrates [De deo Socratis], donde se expone la doctrina demoníaca; el De mundo y los Florida (v.), una colección de 23 fragmentos oratorios seleccionados de los discursos públicos de Apuleyo.
Su mayor fama como escritor ha quedado vinculada a las Metamorfosis (v.), que los antiguos conocían también con el nombre de El Asno de oro [Asinus aureus]: una novela en once libros en la que se describen las peripecias de un joven (Lucio) transformado en asno mediante un ungüento mágico y vuelto más tarde, tras múltiples aventuras, a la forma humana. Las Metamorfosis se terminan entre celebraciones de los sagrados misterios.
El libro undécimo, que comienza con una temerosa alegría religiosa, continúa siendo hasta el final el espléndido libro de las visiones estáticas, de la liturgia mística y de las iniciaciones sacras; y la personalidad del autor se perfila de un modo preciso en la del protagonista, que no es ya aquel Lucio natural de Grecia, sino la del «Madaurensis», el natural de Madaura, el africano Apuleyo, en suma, filósofo y sacerdote. En las Metamorfosis se despliega todo el bagaje estilístico de Apuleyo, uno de los escritores más personales de la literatura clásica.
C. Marchesi

