Antonio Duarte de Gomes Leal

Nació en Lisboa el 6 de jimio de 1848, murió en la misma ciudad el 29 de enero de 1921. Fue una de las más singulares y características figuras de la literatura portuguesa de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Poeta irre­gular y desprovisto de sentido autocrítico, tuvo, con todo, rasgos de talento superior. Lo mejor de su producción lo acerca a Verlaine por cierto abandono lírico, y tam­bién a Poe por la atracción que ejercieron sobre él las fuerzas ocultas y el miste­rio del universo.

Gomes Leal tuvo una vida in­quieta que su obra refleja fielmente. Hijo natural de un empleado de aduanas, inició de estudiante la vida de bohemio que había de hacerlo célebre en la edad madura. Entró en la liza literaria en 1868, con los fragmen­tos de una Tragedia do Mal, publicada en el periódico Revoluçao do Setembro, del que fue asiduo colaborador. En 1872 figuró entre los fundadores de la revista Espectro de Juvenal, que había de abandonar tumultuosa­mente al año siguiente. Publica entonces su primer panfleto dirigido a los obreros por­tugueses, Tributo de sangre. En 1874 aparece en el Diario de Noticias una especie de ma­nifiesto suyo sobre la poesía moderna (Duas palavras sobre a Poesia Moderna); sigue, en 1875, su primer y mejor libro de com­posiciones líricas, Claridades del Sur (v.).

Realista en estos versos, se muestra ingenuo y tierno en la Historia de Jesus para as criancinhas lerem (1883). En 1886 aparece la primera versión del poema cíclico O Anti­cristo, «epopeya del naturalismo», en el que la condena de la corrupción del tiempo y de la idolatría de la Ciencia conduce al vati­cinio de la catástrofe final. En 1902 ve la luz A Mulher de luto, inspirado, según creen algunos, en una pasión platónica del poeta por la reina María Pía. Los últimos años de la vida del poeta, que se había convertido al catolicismo después de la muerte de su madre, fueron años de miseria, solamente consolada en los últimos tiempos por la caridad de unos pocos amigos. Toda la obra de Gomes Leal, por lo demás, revela una perpetua desorientación, un sincero dolor provocado por la humillación y el remordimiento.

J. Prado Coelho