Antoine Rivaroli Rivarol

Nació el 26 de junio de 1753 en Bagnol (Languedoc) y murió en Berlín el 11 de abril de 1810. Fue hijo de un posadero de origen piamontés, y du­rante breve tiempo actuó como profesor del seminario de Aviñón; luego fue soldado y preceptor. Llegado a París en 1777, atri­buyóse el título de conde, se distinguió en las tertulias por su apostura y su vivo inge­nio, y alcanzó notoriedad gracias a sus textos de sátira literaria contra Delille (Lettres critiques! sur le poème des jardins, suivies de la Plainte du chou et du navet, 1782), Buffon y Mme. de Genlis (la parodia del Songe d’Athalie), Beaumarchais, y, finalmente, el conjunto de la sociedad afi­cionada a las letras, a través del agudo Pequeño almanaque de nuestros grandes hombres (1788, v.), escrito en colaboración con Champcenetz y motivo de iras y répli­cas vivísimas. En 1781 había obtenido el premio de la Academia de Berlín con su Discurso acerca de la universalidad de la lengua francesa (publicado en 1784, v.).

Algo después ofreció una versión del Infier­no de Dante (1783-85). Ejercitó sus cuali­dades de polemista singularmente en el curso de la Revolución, y escribió en diver­sos periódicos en defensa de la monarquía y de la nobleza. Además del Petit diction­naire des grands hommes de la Révolution (1790), cabe mencionar también la Lettre à la noblesse française, publicada en Bru­selas en 1792. Este año abandonó a su esposa y a sus hijos y emigró a Bélgica en compañía de una hermosa aventurera; luego estuvo en Londres y en Hamburgo, al ser­vicio de la propaganda legitimista. Al mismo tiempo trabajaba en un Nouveau dictionnaire de la langue française; del que dejó solamente el Discours préliminaire, en el que combate las ilusiones de la filosofía contemporánea.

Enviado a Berlín por los Borbones acabó allí sus días. Superficial, pero brillante libelista reaccionario, hom­bre de escaso sentido político, goza de una fama sin duda superior a sus méritos. Con todo, en la parte mejor de su producción acertó a fijar felizmente algunas caracte­rísticas esenciales de la lengua francesa.