Andréas Karkavitsas

Nació en Lechainà (Elide) en 1866 y murió en 1922. Estudió Medicina en Atenas y sirvió luego toda su vida en el ejército en calidad de médico; dirigió un hospital militar en Atenas. Tal profesión, que llevaba aneja una serie de traslados de una a otra guarnición, le per­mitió conocer de cerca la vida provinciana griega, ya en el llano o en las montañas, con sus costumbres, prejuicios, supersticio­nes, escasas alegrías y muchos dolores. Este mundo, restringido pero variado, ofreció materia de inspiración al talento natural del narrador, quien, desconocedor de las lenguas extranjeras, sólo a través de tra­ducciones pudo establecer contacto con la obra de Zola y la novela rusa.

Inclinado a considerar las cosas desde su lado peor, describe con crudo realismo los aspectos divergentes y desconcertantes de la vida rural griega. Su pesimismo, empero, no ex­cluye por completo una fe viril en el fu­turo. Karkavitsas inició pronto, ya en 1886, su acti­vidad literaria. A 1892 pertenece un volu­men de cuentos bien elaborados, al que siguieron la breve novela La hermosa, en la que el autor intenta demostrar la fuerza de la resignación y de la adaptación a una existencia distinta de la soñada; El men­digo, de 1896, y El arqueólogo (v.), de 1904. Están inspiradas en la vida marinera las diecisiete narraciones reunidas en el volumen Cuentos de proa (1899-1902).

B. Lavagnini