Alfonso d’Albuquerque

Nacido entre 1445 y 1462 en Alhandra, m. en 16 de diciembre de 1515, a bordo del barco que mandaba, a la vista de Goa; segundo gobernador de la India portuguesa y verdadero fundador del gran imperio portugués de Oriente.

De origen nobilísimo y educado en la corte de Alfonso V, inició muy pronto el apren­dizaje de las armas, participando en mu­chas e importantes empresas por mar y tie­rra en Europa y en África (entre otras, en apoyo del rey de Nápoles contra los turcos).

En 1503 realizó su primera expedición a la India al mando de tres navíos de vela, ven­ciendo al «Samorim» de Calcuta; poco des­pués de su regreso a Lisboa, fue enviado de nuevo a Oriente en la flota mandada por Tristáo da Cunha, con el encargo se­creto del rey Manuel I de suceder al entonces gobernador Francisco de Almeida.

Du­rante la navegación encontró el modo de emprender por cuenta propia algunos ata­ques contra los turcos en el Mar Rojo y en las costas árabes, poniendo en práctica uno de los criterios básicos de su futura actuación como gobernador: establecer for­talezas en los territorios de los enemigos para desorientarlos y reforzar la coloniza­ción portuguesa.

Entre 1508 y 1509 se en­frentó con suerte alterna (incluso pasó al­gún tiempo en la cárcel) con F. de Almeida, que se negaba a transmitirle el gobierno de la India: cuando al fin lo obtuvo, puso en movimiento todo el Oriente, desde Aden y Ormuz hasta Malaca y las Molucas, des­truyendo y construyendo, estableciendo en todas partes sólidas bases portuguesas, am­pliando los conocimientos geográficos de la época.

La más dramática de todas sus ges­tas — en el juego de las amistades y enemis­tades militares y personales — fue la con­quista de Goa. En el momento de su má­ximo poder, cuando, ya enfermo, navegaba hacia Goa de regreso de una expedición al Mar Rojo, se enteró de que el rey, de un modo inesperado, había decidido sustituirlo, y el dolor que le causó la noticia acabó de matarlo.

Antes de morir dictó una de sus famosas Cartas (v.) —documento funda­mental para apreciar la obra de excepcio­nal importancia para el establecimiento y la solidez del imperio —, en la que recomienda al soberano a su único hijo Bras d’Albuquerque, el futuro autor de los Co­mentarios (v.), igualmente preciosos para el conocimiento de la obra del padre.

G. C. Rossi