Alexandre Soumet

Nació en Castelnaudary el 8 de febrero de 1788 y murió en París el 30 de marzo de 1845. Intentó seguir la ca­rrera militar, pero el fracaso decidióle a cultivar sus aficiones literarias. Fue admi­rador de Napoleón, quien le nombró auditor del Consejo de Estado en 1808. Diole fama en los medios intelectuales parisienses la elegía compuesta en 1814 La pauvre fille. Caído el Imperio, Soumet, hostil a los Borbones, se alejó de la capital. En su retiro de Toulouse profundizó el estudio del teatro y es­cribió en 1822 las tragedias Clytemnestre y Saúl, que, representadas en París, alcan­zaron un gran éxito. Suavizadas, mientras tanto, sus relaciones con los Borbones, llegó aquel mismo año, por nombramiento real, a bibliotecario de Saint-Cloud.

Adhirióse con cierta timidez a las nuevas ideas lite­rarias, y en 1823 ingresó en el cenáculo romántico del Arsenal, junto a V. Hugo, A. de Vigny, A. Dumas y A. de Musset, y representó, con Guiraud y Chênedollé, el ala más conservadora del grupo, no com­pletamente dispuesta a renunciar al clasi­cismo. De 1823 a 1824 fue miembro de la «Muse Française», otra sociedad romántica, monárquica y cristiana, a la cual pertene­cían también Guiraud, Dechamps y V. Hugo. En 1824, bibliotecario de Rambouillet, com­puso una nueva tragedia, Cleopatra (v.), y pasó a formar parte de la Academia Fran­cesa. Sus éxitos teatrales persistieron a tra­vés de Les Macchabées, Jeanne de France, Jeanne d’Arc (v. Juana de Arco) y Elisa­beth de France (1828). En 1830 Soumet era bi­bliotecario en Compiègne; este mismo año escribió, junto con L. Belmontet, el drama Une fête de Néron, y en 1831 Norma, texto del cual procede el libreto de Romani para la música de Bellini.

En adelante se dedicó a la composición del poema filosófico La divine épopée, que terminó en 1841; en él imagina la liberación de los condenados del Infierno mediante un segundo sacrificio de Jesucristo. En colaboración con su hija escribió los dramas Le gladiateur (1841) y Jeanne Grey (1845). En 1846 apareció, póstumo, otro poema épico, Jeanne d’Arc. En prosa dejó Soumet únicamente Les scrupules littéraires de Mme. de Staël y Oraison funè­bre de Louis XVI.

I. Ripamonti