Albert Schweitzer

Nació en Kaysersberg (Alsacia) el 14 de enero de 1875. Hijo de un pastor protestante, su actividad se ex­tiende a un tiempo a los estudios teológi­cos, filosóficos, a la música y a la medicina. El pueblo alsaciano de Gimsbach fue el primer escenario de su infancia, por el que siempre ha guardado un entrañable recuer­do; allí hizo sus primeros estudios. Pasó luego a Mulhouse, donde cursó el bachille­rato y se inició en el órgano bajo la direc­ción de Eugène Munch. Más tarde, en París, estudió Teología y Filosofía en la Sorbona y órgano en el Conservatorio con Charles- Marie Widor. Doctor en Filosofía en 1899, licenciado en Teología en 1900, dos años después fue nombrado «maestro de confe­rencias» de la Facultad de Teología protes­tante de Strasburgo, donde se distinguió por sus opiniones originales sobre el Nuevo Testamento que expuso en la tesis: De Reimarus hasta Wrede; historia de las investigaciones sobre la vida de Jesús (1905).

Al mismo tiempo se hizo notar como conocedor e intérprete de Bach. Sin embargo, en 1913. Schweitzer interrumpió bruscamente su doble y bri­llante carrera, se graduó en Medicina y partió para el Congo francés, con el pro­pósito de fundar un hospital al servicio de los negros, en el pueblo de Lambarené. Du­rante la primera conflagración mundial se vio colocado en situación delicada a causa de su nacionalidad alemana; internado en Francia, aprovechó esta circunstancia para preparar una gira de conciertos de música de Bach, que realizó inmediatamente des­pués de la terminación de la guerra, recita­les que lo dieron a conocer y le permitieron recoger los fondos necesarios para la reaper­tura del hospital de Lambarené. A partir de entonces, su notoriedad como filántropo fue en aumento; su obra de médico y de apóstol mereció el premio Goethe en 1928, la Legión de Honor en 1948 y el premio No­bel en 1945. Como autor de investigaciones sobre el Nuevo Testamento, Schweitzer es justa­mente célebre por sus trabajos sobre histo­riografía de la vida de Jesús.

Esta obra de juventud fue seguida de notables estudios sobre san Pablo: La mística del apóstol Pa­blo (1930), La historia de las investigaciones relativas a san Pablo, desde la Reforma hasta el tiempo presente (1933), La tesis que sostiene Schweitzer es la siguiente: el cris­tianismo es esencialmente una escatología, es decir, anuncio del advenimiento del Rei­no de Dios. Esta espera puede parecer ale­jada de nuestras modernas concepciones, pero la moral que contiene no lo es en modo alguno, por cuanto consiste en una con­ducta activa, ni pesimista ni optimista, frente al mundo. La «veneración de la vida», consecuencia de esta conducta activa, cons­tituye el principio de la religión de Schweitzer y la inspiración de su actividad al servicio del hombre. Él mismo ha hecho notar los puntos de contacto de sus concepciones con la espiritualidad de algunas de las grandes- religiones orientales, como el hinduismo y el budismo, con las cuales coinciden en la «veneración de la vida» pero de las que se apartan por una más neta «afirmación de la vida» y del mundo, vinculada a la escatología cristiana. Las obras siguientes son los frutos de esta confrontación: El Cris­tianismo y las religiones universales (1924) y Los grandes pensadores de la India. Estu­dios de filosofía comparada (1952).

Como músico y organista, las actividades de Schweitzer pueden sintetizarse en el nombre de Johann Sebastian Bach, a quien ha consagra­do una gran parte y lo mejor de su exis­tencia. Instado por Widor, Schweitzer escribió una monografía sobre la naturaleza del arte de Bach, destinada a los alumnos de la clase del Conservatorio dedicada al maestro. Esta obra (J.-S. Bach, el músico poeta, 1905), que alcanzó varias ediciones en francés, fue también muy favorablemente acogida en Alemania. El autor publicó más tarde una versión en lengua alemana (1908), que puede considerarse como un libro nuevo, tanto por las notas inéditas aportadas al tema, como por su desarrollo, mucho más extenso. En esta obra, Schweitzer subraya con insis­tencia la objetividad (y no la abstracción) del lenguaje de J. – S. Bach, que inventó una ingeniosa relación entre imágenes mu­sicales e intuición pictórica. Como virtuoso del órgano y profundo conocedor de este instrumento, al que consagró en 1906 una monografía fundamental (El arte de fabri­car órganos y el arte del órgano en Ale­mania y Francia) Schweitzer da a los intérpretes consejos y directrices para la interpretación práctica de las obras de Bach para órgano, de cuyas composiciones publicó, junto con su maestro Widor, una edición completa. Sus Recuerdos de mi infancia (1924) fueron traducidos al francés.

G. M. Gatti