Abel Acácio de Almeida Botelho

Nació en Taboada (Portugal) el 23 de septiembre de 1854 y murió en Buenos Aires el 24 de abril de 1917. Fue el más típico representante del realismo en su país, y manifestó creer en la identidad de ciencia y arte.

Siguió en Lisboa los cursos del Colegio Militar (1867- 1872) y de la Escuela del Ejército (1876-78) y alcanzó la graduación de general y el mando de una división. Tras la proclama­ción de la República dedicóse a la política; fue diputado, luego senador y representante de Portugal en la Argentina.

En 1885 in- trodújose en el ámbito literario con el libro Lira insubmissa, tentativa poética no lo­grada. Se dio luego al periodismo, en una intensa colaboración en el diario O Dia, y al teatro con dramas como Jucunda (1889), Claudina (1891), Vencidos da vida (1892), Germano (1896), A Imaculável (1897) y Fruta do tempo (1904).

Los problemas que planteó al público fueron siempre au­daces y candentes; tratados con brutal realismo, transformaron más de una vez la platea en campo de batalla. Con ‘estilo idén­tico trató los temas de sus novelas, siempre tendentes a manifestar de una manera abier­ta las más vergonzosas y dolorosas lacras de la sociedad.

Tituló precisamente Patolo­gía social un ciclo narrativo, integrado por El barón de Lavos (1891, v.), O livro de Alda (1898), Amanha (1902), Fatal dilema (1900) y Próspero Fortuna (1910). Son tam­bién características las otras obras narra­tivas Mulheres da Beira (1898, relatos publi­cados al principio en el Diario da Manhá y luego reunidos en un tomo), Sem reme­dio (1900), Los Lázaros (1904, v.) y la novela incompleta y aparecida con carácter pos­tumo Amor creoulo.

Publicó también varios libros de tema histórico, entre los que me­rece especial mención A península hibérica contra Napoleao (1910).

L. Panarese