Bernhard Berenson

Nació el 26 de junio de 1865 en Vilna (Lituania), a los diez años emigró a América con sus familiares. Pasó en Boston la época juvenil de su for­mación, y espiritualmente llegó a ser un bostoniano y un «New-Englader».

Graduado en la Universidad de Harvard en 1887, diri­gióse a Europa con una beca. Frecuentó centros universitarios, escritores y artistas en todo el Occidente europeo, hasta Berlín, Dresde y Budapest; luego se estableció en Florencia y dedicóse al estudio del arte italiano, desde Giotto y Duccio hasta el últi­mo período del siglo XVI.

Y así fue pu­blicando los diversos trabajos reunidos en Oxford (1932) en. una edición definitiva (v. Pintores italianos del Renacimiento) y otros textos destinados a ejercer una extensa in­fluencia en el campo de la crítica artística.

En 1900 se casó con Mary Logan Costelloe, hija de Robert Pearsall Smith, de Filadelfia, y cinco años después adquirió en Ponte Mensola, cerca de Florencia, la villa «I Tatti», que enriqueció paulatinamente con obras de arte y una vasta biblioteca.

Su Sketch for a Self-Portrait (Nueva York y Lon­dres, 1949; vers. ital., Florencia, 1949) es un vivo retrato autobiográfico y la mejor obra de Berenson. desde el punto de vista literario. La influencia de Walter Pater sobre Berenson durante su juventud no debió de ser menos signi­ficativa que la de Giovanni Morelli en lo referente al método («Walter Pater fue el genio que me reveló aquello a lo cual ha­bía tendido instintivamente desde la infan­cia»).

Ya de avanzada edad, junto a obras de crítica artística (estudios sobre Piero della Francesca, 1950, y Caravaggio, 1951, una selección de textos editada en Italia con el título Método y atribuciones, 1947 Ver y saber, 1951) Berenson ha ido produciendo otras integradas en gran parte por una se­rie de consideraciones sobre el arte y la vida, fruto de una fecunda experiencia de hombre y de artista.

M. Praz

Waclaw Berent

Nacido el 28 de septiembre de 1873 en Yarsovia, donde m. en 1940. Rea­lizó los primeros estudios en su patria; lue­go estuvo en Zurich y Munich, y se graduó en biología.

Su vida carece de episodios notables. Dedicado a la literatura, Berent trató con paciente cuidado los temas de sus pocas obras, la primera de las cuales manifestaba las influencias decadentistas de Przybys- zewski, luego superadas tanto en el estilo como en el espíritu.

Pulió y perfeccionó todos sus textos. Su obra maestra es Pie­dras vivas (v.), novela medieval; sin embargo, se le recuerda también por Madera podrida [Próchno], Trigo invernal [Oziminal] y Corriente [Nurt], en la que figuran biografías de ilustres polacos de antaño.

M. Bersano Begey

Pierre-Jean de Béranger

Nacido el 19 de agosto de 1780 en París, donde m. el 16 de julio de 1857. Hijo de una familia muy pobre, el tipógrafo Laisney enseñóle a leer, escribir y componer versos.

Todavía muy joven, estuvo en la cárcel, con su padre, por una quiebra; luego, al salir de ella, inició el cultivo de la poesía, aun cuando sin ningún éxito. Escribió un poco de todo — composiciones líricas, trágicas y épicas —, y dedicó dos poemas ditirámbicos, Le réta­blissement du culte y Le déluge, a Luciano Bonaparte, quien le protegió y, para librar­le de la miseria, le entregaba su propio esti­pendio de miembro del Institut.

Sin em­bargo, debe su fama a las Canciones (v.), que empezaron a circular, manuscritas, ha­cia 1810. Antinapoleónicas al principio, una vez restaurada la monarquía borbónica ensalzaron las glorias militares del Imperio y atacaban los poderes real y eclesiástico. Su publicación (Chansons morales et’autres, 1816; Chansons. Deuxième recueil, 1821; Chansons nouvelles, 1825; Chansons inédi­tes suivies de procès, 1828) alcanzó un éxito estrepitoso y contribuyó en gran parte al establecimiento del culto napoleónico.

Las numerosas condenas que la Restauración hizo objeto al autor, sólo consiguieron au­mentar su popularidad; y así, la celda que ocupaba era visitada continuamente por las más altas personalidades literarias de la época.

En 1831 publicó sus últimas cancio­nes, Rechazó los cargos que le ofrecieran el gobierno de Luis Felipe y los revolucio­narios de 1848, y vivió sus últimos años en­vuelto en el afecto popular.

M. Pasquali

Beo

(seudo) Se le considera autor de la Omitogonía (v.), atribuida por la tradi­ción a la mítica sacerdotisa homónima del templo de Delfos.

En realidad, empero, no conocemos de él sino su nombre (Boios, con terminación propia del masculino, y no Boio, femenino, de donde la confusión con la sacerdotisa), e ignoramos incluso la época durante la cual vivió, y que sólo por conje­turas puede fijarse en el siglo III a. de C.

Gonzalo de Berceo

Poeta castellano. Nacido en Berceo, pueblecito de la Rio ja, apro­ximadamente en 1195, y m. en el monas­terio de San Millán de la Cogolla en 1268? Gonzalo de Berceo es el más antiguo poeta en lengua castellana de nombre conocido y cuyos escritos han llegado hasta nosotros, puesto que si bien El Poema de mio Cid y El misterio de los Reyes Magos son anteriores a la obra de Berceo, sus autores nos son desconocidos.

Situado el monasterio de San Millán de la Cogolla en la linde del camino de Santiago de Compostela, en tiempos en que aquél era frecuentado por los peregri­nos de todos los países de Europa, es fácil suponerlo como un centro de cultura muy activo que atrajo a Gonzalo desde su in­fancia y en el que halló el ambiente culto y literario que él deseaba, y en donde vi­vió de por vida.

San Millán de la Cogolla estaba regentado por monjes de la orden de San Benito, lo cual ha inducido a algu­nos autores a pensar que Gonzalo de Berceo perte­neció a dicha orden religiosa cuando en rea­lidad fue siempre clérigo parroquial, aunque adscrito a los servicios del monasterio.

Fue nombrado diácono en 1220 y presbítero en 1237, y existe un documento que acredita que Gonzalo de Berceo aún vivía en 1264. Berceo, que como clérigo conocía el latín, pre­firió escribir en lengua vulgar a fin de contar al pueblo, en su propia lengua toda­vía balbuciente como instrumento literario, la vida y milagros de la Virgen y de los santos de su devoción.

Por esto Gonzalo de Berceo es considerado como el padre de la poesía castellana. La inspiración mística que carac­teriza su obra se expresa en un estilo muy asequible, de una llaneza popular que a veces raya en la rusticidad. Su versifica­ción tiene el encanto ingenuo de lo primi­tivo; Berceo es un dignísimo precursor de la poesía mística española que brillaría en el Siglo de Oro. Aunque en su sencillez y modestia de hombre religioso se califica a sí mismo de juglar, nuestro poeta escribió siempre en la métrica y estrofa llamados «mester de clerecía», o sea en el metro de cuaderna vía, monorrimo de cuatro ver­sos, que era el estilo de la poesía culta de la Edad Media en Castilla.

Su obra más antigua que ha llegado hasta nosotros es la Vida de Santo Domingo de Silos (1230, v.), a la que siguen la Estoria de sennor Sant Millán (1234, v.), el Sacrificio de la misa (1237, v.), escrita a raíz de haber recibido las órdenes, y El martyrio de Sant Laurengio (1252, v.).

A partir de esta obra, Berceo aborda los temas marianos con Los milagros de Nuestra Señora (v.), que es considerada como su obra capital. Se trata de un rami­llete de 25 milagros descritos con ingenui­dad y suma delicadeza, que van precedidos de una introducción poética, que al decir de muchos críticos, es lo mejor de Berceo Siguen los Loores de Nuestra Señora (v.), De los signos que aparecerán antes del Juicio (v.), duelo que fizo la Virgen María el día de la Pasión de su fijo Jesucristo (v.), tres traducciones de himnos litúrgicos y Vida de Santa Oria, llena de dulzura y al pare­cer la última que escribió.

Se ha dicho que Los milagros de Nuestra Señora fueron ins­pirados por sus homónimos del prior francés Gautier de Coincy, quien a su vez los había traducido del latín; pero parece com­probado que Berceo no conoció jamás la obra de Gantíer de Coincy, sino que él mismo se inspiró directamente en el texto latino como lo había hecho el clérigo francés.