Mecánica, Gustav Robert Kirchhoff

[Mechanik]. Obra del físico alemán Gustav Robert Kirchhoff (1824-1887), publicada en Leip­zig en 1874. Es notable por su manera, en parte original, de tratar la mecánica, y especialmente los principios de la dinámica, para los cuales Kirchhoff adoptó el cri­terio de exposición propuesto por el filó­sofo e historiador de la ciencia E. Mach: hacer de la dinámica una pura y sencilla «descripción» de los fenómenos de movi­miento, sin presunciones de interpretacio­nes causales.

Varios estudios particulares, que constituyen el objeto de sus Lecciones de matemática física [Vorlesungen über mathematische Physik], publicadas póstumas (Leipzig, 1894, 4 vols.)—especialmen­te los referentes a la conductibilidad eléc­trica de algunos conductores, sobre la distribución de la carga por «influencia» en cuerpos esféricos, sobre la ley de Ohm, sobre el magnetismo inducido, la conduc­tibilidad térmica y la termodinámica de las soluciones y vaporizaciones —, revelan claramente que Kirchhoff tenía singular ap­titud para plantear en forma matemática los problemas de la física. Tienen particu­lar importancia sus leyes (llamadas precisamente de Kirchhoff) relativas a la dis­tribución de la corriente que se subdivide pasando por varios conductores. (Si diver­sos conductores convergen en un punto P «nodo» — la suma algebraica de las in­tensidades de las corrientes que concurren en P o se alejan de ella es nula. En un polígono cerrado de hilos conductores «red» — la suma algebraica de los pro­ductos de las varias resistencias por la in­tensidad es igual a la suma de las fuerzas electromotrices). También es importante su ley sobre el poder emisor del cuerpo negro (la relación entre poder emisivo y poder absorbente respecto a una radiación de una longitud dada de onda, es constante para todos los cuerpos puestos a una misma temperatura).

No tienen menos importan­cia sus célebres investigaciones de espec­troscopia (no olvidemos que Kirchhoff, junto con Bunsen, fue el inventor de la espectroscopia). Él fue quien observó el fenómeno fundamental de la «inversión del espectro» (un gas o un vapor «absorbe» aquellas radiaciones que es capaz de emitir si se pone en incandescencia), fenómeno que había de tener tan amplia aplicación en la astrofísica, permitiendo identificar elementos y compuestos que se hallan en cuerpos celestes. Así, por ejemplo, los bien conocidos rayos negros (de Wollaston y Fraunhofer) que aparecen en el espectro solar, corresponden a radiaciones absorbi­das por estratos gaseosos que circundan la fotosfera del sol, y denuncian así la pre­sencia de elementos bien determinados en aquellos estratos gaseosos — en último aná­lisis — en el mismo sol. Recordaremos, fi­nalmente, que siempre en colaboración con Bunsen (1861) y valiéndose del análisis es­pectral, Kirchhoff identificó dos nuevos ele­mentos: el cesio (llamado así por las dos bellas rayas luminosas en la zona azul turquí del espectro) y el rubidio.

U. Forti

Mecánica Hidrauliconeumática, Kaspar Schott

[Mechanica hydraulico-pneumatica]. Obra del físico y matemático alemán padre Kaspar Schott (1608-1666), publicada en Wurzburgo el año 1657. Como en todas sus de­más publicaciones, que son numerosísimas — Magia universalis naturae et artis (1657- 1659), Pantometrum Kircherianum (1660), Physica curiosa sive mirabilia naturae et artis (1662), etc. —, el docto jesuita se re­vela también aquí, más que nada, como in­teligente divulgador de los descubrimientos ajenos. Su obra, en efecto, sigue muy de cerca las investigaciones de Otto von Guericke, de quien fue amigo, y describe sus más importantes experimentos sobre la elas­ticidad del aire, los efectos del vacío, etc., ilustrándolos con 50 tablas. Schott se pro­puso también dar un compendio de todo cuanto se conocía en la Antigüedad acerca de la mecánica hidrauliconeumática, y su obra fue comparada en este aspecto con la Pneumática de Herón (v.); pero la parte viva y nueva de la obra se refiere a las ob­servaciones de Guericke, y cuanto en ellas se contiene se encuentra también en los Ex­perimentos nuevos (v.), por lo que la obra debe considerarse como trabajo común de Schott y de Guericke.

Mecánica Analítica, Giuseppe Luigi Lagrange

[Mécanique analytique]. Obra del matemático italiano Giuseppe Luigi Lagrange o Lagrangia (1736-1813), publicada en 1788. Tratado importantísimo en el que el autor se propone un nuevo método de investiga­ción: sintetizar la mayor parte de las propo­siciones en una sola fórmula y fijar de una vez para siempre las demostraciones necesa­rias. La dinámica es, de este modo, deducida de la estática, en una derivación matemática y lógica basada sobre principios fundamen­tales de las dos ramas. Por lo tanto, puesto que los diversos principios de la mecánica sólo expresan aspectos diversos de los mis­mos fenómenos, es obvio que ellos pueden ser deducidos unos de otros. Asimismo, La­grange pasa revista a los diversos enuncia­dos de la mecánica y a las fórmulas matemáticas que los expresan, hallando los puntos lógicos de relación entre ellos y ordenándolos de este modo en exposición orgánica. También se establece la nueva dirección para las investigaciones analíti­cas relativas a los fenómenos físicos, por lo cual es fácil dominar prácticamente del modo más sencillo todos los problemas que se puedan encontrar en este campo. Con este método estudia Lagrange, entre otros, el teorema de la fuerza viva, el de los tra­bajos virtuales y el principio de D’Alembert.

O. Bertoli

Mecánica, Herón de Alejandría

Obra científica en lengua griega del mate­mático Herón de Alejandría (siglos I-II d. de C.). El texto original se perdió, y que­dó de él sólo una traducción árabe, des­cubierta por Carra de Vaux, quien la pu­blicó en 1893 con el título de La Mecanique ou l’Elevateur de Héron d’Alexandrie. He­rón parte de los principios de la mecánica aristotélica contenidos en las Cuestiones mecánicas (v.) y de la ciencia de Arquímedes. Desarrolla la teoría de las cinco máquinas simples: palanca, tornillo, cuña, polea y plano inclinado, deduciéndola del estudio del movimiento de un cuerpo pe­sado sobre un plano inclinado, y la acom­paña de numerosos problemas prácticos. Es notable en el tercero de los tres libros la definición de la hélice cilíndrica y de sus propiedades, que Herón verosímilmente saca de una obra perdida de Apolonio Per- geo, mientras que la teoría de los centros de gravedad, según confesión del propio He­rón, está sacada de Arquímedes.

A. Uccello

Herodes y Mariene, Friedrich Hebbel

Siguió Herodes y Mariene [Herodes und Mariamne], drama en cinco actos de Friedrich Hebbel (1813-1863), escrito en 1848, el primero del período vienés, en que el poeta alcanzó la plenitud de su desarrollo artístico: por esto consideraba a esta obra como su obra maestra. Como en Judith (v.), a la cual este drama, incomparablemente espiritualizado, se aproxima por su fuerza poética, se enfrentan hombre y mujer, el brutal elemento masculino y el femenino, más noble, que aquí es el que moralmente triunfa. Pero por encima de este conflicto luchan entre sí dos edades: una ya decadente y llamada a la muerte con su moral de la fuerza despótica, representada por el tirano Herodes, y otra naciente, proyectada hacia el futuro, con sus ideales cristianos de noble dignidad humana, representada por Mariene.

Hebbel había aprendido tam­bién en aquel tiempo a apreciar la subli­midad de la mujer y del matrimonio en su esposa Cristina Enghaus, la primera actriz que encarnó en la escena a Mariene. También aquí el argumento está tomado de Flavio Josefo, que presenta el derrumba­miento del mundo oriental en contacto con el mundo romano. Herodes, rodeado de ene­migos, es cada vez más desconfiado y cruel; por temor, no infundado, de ser traicionado, ha mandado dar muerte a su cuñado Aristóbulo, de la estirpe de los Ma- cabeos; su más feroz enemiga, su suegra Alejandra, le ha acusado ante Marco An­tonio, que le manda llamar para justificar­se. Sólo su esposa, la bella macabea Ma­riene, le es incondicionalmente fiel; pero él desconfía hasta de ella y, en la duda de que después de su muerte pueda dar su mano a otro, le hace jurar que en caso de que él muera se suicidará. Mariene se nie­ga a este juramento, considerándolo con­trario a su dignidad y a la confianza que merece. Pero se entera con horror que He­rodes ha dado ya órdenes al verdugo, para el caso de que no regrese. Pero Herodes regresa, después de haber sido bien reci­bido por Marco Antonio; éste, antes de combatir contra Octavio en Accio, vuelve a llamarle, y Mariene es feliz, esperando que esta, vez superará la prueba.

Pero He­rodes interpreta en mala parte su alegría, y por celos la pone bajo la espada de un confidente, Soeme, el cual, cuando se di­funde por Jerusalén la noticia de que después de la derrota de Accio, Herodes ha muerto, confiesa a Mariene la orden recibida. Ella entonces decide vengarse y da una fiesta, en la que en medio del asom­bro de todos se muestra tal como Herodes sospechaba que era. Herodes vuelve du­rante la fiesta y manda condenar a muerte a su mujer. Mariene no se defiende, pero antes de morir revela al romano Tito que ha hecho voluntariamente a su suegra el juramento que en un tiempo le pidió He­rodes; pero le hace jurar que no se lo dirá a Herodes hasta después que esté muerta. Cuando Herodes lo sabe, se aferra más desesperadamente que nunca a su co­rona, pero también por ésta tiene que te­mer, pues comparecen los Reyes Magos, que guiados por la estrella se dirigen a Belén a adorar al «rey de reyes» recién nacido. Herodes ordena la matanza de los inocentes en Belén, pero «Moisés se salvó a pesar del Faraón». Y se anuncia la era nueva. El drama, en pentápodos yámbicos, no podía tener, dado su argumento, un gran éxito teatral, pero es rico en escenas vigorosas de contenido y forma. [Trad. es­pañola de Ramón María Tenreiro (Madrid, 1923)].

C. Baseggio-E. Rosenfeld