Los Milagros, Jorge Florencio, San Gregorio de Tours

[Septem libri miraculorum]. Obra hagiográfica de Jorge Florencio, San Gregorio de Tours (538-594), que comprende diversos escritos reunidos por él poco antes de su muerte, con propósitos de edificación.

Cuatro libros, los únicos que tienen conexión entre sí, están dedicados a San Martín («De virtutibus S. Martini»), obispo y protector de Tours: fueron com­puestos entre 574 y 593 y cuentan los mila­gros obrados por San Martín después de su muerte, en su mayoría mediante objetos y cosas relacionados con su tumba, como la tierra que la cubre, que es, según Gre­gorio, el mejor de los talismanes. Para evitar repeticiones, Gregorio no trata de lo que ya había sido dicho en la Vida de San Martín (v.) de Sulpicio Severo, y en la de Paulino de Perigueux. Además de los «Milagros de San Martín» están compren­didos en esta obra los «Milagros de San Julián», patrono del autor, en un libro compuesto entre 581 y 587: es narrado en ellos el martirio del santo, y luego los mi­lagros obrados después de su muerte. Ofre­ce particular interés otro libro acerca de «La Gloria de los mártires» («De Gloria Martyrum»), compuesto hacia 590 y que narra algunos milagros de Cristo, de la Virgen y de los Apóstoles.

Algunos de estos milagros, como el del judío que hace san­grar el leño de la Cruz, fueron conocidísimos en la Edad Media. El último libro, en fin, «La Gloria de los confesores» («De Gloria confessorum») no es sino una conti­nuación de aquél y cuenta los milagros de mártires, en su mayoría nativos de la Galia. Con su narración, Gregorio quiere ofrecer a los hombres una enseñanza mo­ral; cada cual, afirma él, puede merecerla corona del martirio, si, armado de la cruz, combate el pecado. El ardor sincero que exhala toda la obra, escrita en ese estilo, abundante en innovaciones léxicas y sintácticas, característico de Gregorio, hace agradable su lectura, y la carencia de una preparación retórica más profunda, que él mismo deplora, hace que la fresca originalidad del autor quede de relieve.

E. Pasini

Mikes, József Lévay

Célebre elegía del poeta húngaro József Lévay (1825-1918) sobre Kelemen Mikes, autor de las Cartas de Turquía (v.). El poeta, como reviviéndolos, nos hace sentir los sufrimientos y la nostalgia del desterrado abandonado a sí mismo. Mikes ha quedado como el último de los desterra­dos y tiene ante los ojos la visión de su patria; pero cuando va a aproximarse a ella es retenido por el brazo de la Libertad. Piensa en el príncipe difunto (Rákóczi), cuya sombra todavía aletea en torno. Se siente como un árbol solitario, sobre el que centellea el rayo y ruge la tempestad, pero que al menos puede vivir al aire libre. La inmensa popularidad de esta poesía señala el. interés del público húngaro, después de la guerra de independencia de 1848-1849, por cuanto se refería a Rákóczi y a sus fieles Kuruc.

M. Benedek

Miguel Strogoff, Jules Verne

[Michel Strogoff]. Novela de aventuras de Jules Verne (1828- 1905), publicada en París en 1876. El pro­tagonista, Miguel Strogoff (v.), es un ca­pitán de los correos del Zar encargado de llevar un importante mensaje a la lejana ciudad de Irkutsk, cuya guarnición está amenazada por una revuelta de hordas tár­taras soliviantadas por un tal Iván Ogareff, ex oficial del Zar, que quiere de ese modo vengarse de la degradación que ha sufrido. Entre todas las extraordinarias peripecias que Miguel Strogoff pasa en su accidentado viaje a través de las inmensas extensiones de Rusia y Siberia, y en su lucha con Iván Ogareff, hay páginas de violento dramatis­mo : el cegamiento — por fortuna no con­seguido — del protagonista que, capturado por Iván, a duras penas logra escapar a la muerte, y el final del rebelde que había tratado de hacerse pasar por correo del Zar para lograr sus planes.

Domina toda la aventura la figura del correo imperial, per­sonificación del valor más temerario y de la devoción más absoluta. La aventura es narrada con gran habilidad y un singular efectismo que, hasta la feliz conclusión, conserva todo el interés, avivado por la sugestión del ambiente casi bárbaro. De esta novela, Verne, en colaboración con Dennery, extrajo un drama del mismo nom­bre que se representó en 1880. La obra ha pasado también al cine. [Trad. española anónima (Madrid, s. a.), y de Manuel Rossell Resant (Barcelona, s. a.)].

A. Fabietti

Mi Hermano Yves, Pierre Loti

[Mon frère Yves]. Novela de Pierre Loti (Julien Viaud, 1850- 1923), publicada en París en 1883, en la que se narra la historia de Yves Kermadec, un humilde marinero breton a quien el autor, oficial de la marina francesa, se dispuso a proteger y aconsejar, habiendo llegado, durante largos meses de conviven­cia a bordo, a apreciar su alma delicada y valerosa, así como su corazón ingenuo y bueno, y a perdonarle las faltas que algu­nas veces, arrastrado por el vicio de la bebida, llegaba a cometer. En la vida de Yves está representada la de todos los ma­rineros, con sus heroísmos, sus nostalgias, sus peligros y la disciplina que hermana a superiores e inferiores. El afecto fraternal que liga al superior con el humilde gavie­ro, la promesa hecha a la madre de Yves de proteger a su hijo de todos los peligros, especialmente de los que le pudieran ocu­rrir debido a su mismo carácter indisci­plinado, la vuelta del fiel marinero al puer­to tranquilo de una vida honrada en medio de una familia feliz, forman la sencilla his­toria que Pierre Loti nos narra con sobrie­dad y eficacia.

L. Giacometti

Miguel Kohlhaas, Heinrich von Kleist

[Michael Kohlhaas]. Es la más amplia e intensa de las Narraciones (v.) de Heinrich von Kleist (1777-1811), y una de las más interesantes y técnicamente perfectas de la épica ale­mana. Apareció en 1808. La «vieja crónica» de la que está tomado el personaje histó­rico, transformado luego por Kleist, es el Mikrochronologikum de Peter Hafftiz, de la segunda mitad del siglo XVI.

Miguel Kohlhaas es un rico tratante en caballos, un rebelde en nombre de la justicia, del tipo de Karl Moor (v.) de los Bandidos (v.) pero con un carácter de firmeza infle­xiblemente prusiana. Un señor sajón, Wenzel von Tronka, le quita arbitrariamente dos caballos y se los arruina, maltratando incluso a su fiel servidor; Kohlhaas, exa­minados concienzudamente los hechos, entabla querella ante el tribunal sajón que, gracias a los altos apoyos del noble señor, la rechaza; entonces envía a su mujer a llevar una petición al príncipe elector de Brandeburgo, pero vuelve tan maltratada por los guardias, que muere al poco tiem­po. Kohlhaas, indignado, decide tomarse la justicia por su mano; al frente de un gru­po de bandoleros asalta el castillo del se­ñor de Tronka y ataca abiertamente a su ofensor, sembrando por doquier la destruc­ción.

Por intercesión de Martín Lutero (la escena nocturna en que Miguel va a su encuentro es de las mejor logradas), el príncipe elector de Sajonia le invita a Dresde para reanudar su proceso, asegurándole la libertad personal. El proceso se resuelve a su favor: sus caballos han de serle restitituidos en sus condiciones primitivas; pero sus enemigos consiguen hacerle arrestar, contra la palabra dada por el príncipe, por los crímenes de sus ex compañeros. Entre­tanto, el príncipe de Brandeburgo recla­ma a Miguel como súbdito suyo para juz­garlo en Berlín. Durante el trayecto encuentra al príncipe de Sajonia, quien le promete libertad y justicia con tal que le ceda un medallón que le dio una vieja gitana y que contiene una profecía sobre el porvenir de la dinastía sajona. Pero Kohlhaas, que ha jurado venganza por la falta a la palabra dada, no quiere ceder; y cuando, tras la intervención del propio emperador, es condenado a muerte como violador de la paz pública, acepta la con­dena sin rebelarse porque ha vencido en su proceso privado contra el injusto opre­sor: ante el patíbulo encuentra sus caba­llos restituidos y bien alimentados.

Advir­tiendo entre los espectadores al príncipe sajón, Miguel abre el medallón que lleva al cuello y se traga la profecía: el príncipe cae al suelo, mientras él muere satisfecho de que venganza y justicia se hayan lle­vado a cabo. Por amor a la justicia se hizo criminal, y es justo que expíe las culpas cometidas por el triunfo de la misma. El desarrollo de la narración está conducido con una lógica pesimista pero rigurosa, apo­yada por un singular arte narrativo, obje­tivo y eficaz, incluso en el idioma, sobrio y vigoroso como el de Lutero, al que vo­luntariamente se aproxima. [Trad. catalana por E. M. Ferrando (Barcelona, 1921)].

C. Baseggio-E. Rosenfeld