El Miosotis, Hégésippe Moreau

[Le Myosotis]. «Peque­ñas narraciones y pequeños poemas» del francés Hégésippe Moreau (1810-1838), pu­blicados poco antes de su muerte en 1838 y varias veces reeditados, particularmente se­gún la edición postuma de 1851, con un ensayo de Sainte-Beuve como prefacio.

Do­cumento de una rica sensibilidad, mal dis­ciplinada en su visión unitaria de la vida, esta obra muestra la vivacidad completa­mente instintiva con que el autor se aproxi­maba a los mismos acontecimientos histó­ricos y cantaba los afectos de su corazón. La impresión más inmediata que nos da su poesía (en el mismo símbolo del título, un tenue y fino «no-me-olvides») es la de un lirismo nostálgico y suspirante: «El in­vierno» [«L’Hiver»], lleno de lamentos por el hermoso tiempo pasado y «La Voulzie», elegía a un riachuelo de su país, confiden­te amigo con el susurro del agua y con la paz de una tierra lejana. También la vi­veza completamente instintiva del sarcasmo y del desahogo se manifiesta en reivindica­ciones revolucionarias, con brío y osadía a lo Béranger, en un juego continuo sobre las nimiedades de la vida: así, «Dieciocho años» [«Dix-huit ans»] manifiesta en el amor a su nativa Provins un cálido senti­miento patriótico.

Sobre todo desde 1833 en adelante, Moreau siente la necesidad de luchar por las reivindicaciones sociales, en defensa de los derechos de la Revolu­ción y por el pueblo que trabaja y sufre esperando el mañana. El juguetón «Las mo­distillas hospitalarias» [«Les modistes hos­pitalières»] evoca una «anécdota de julio de 1830», cuando, herido, fue salvado por imas hermosas costureras; pero cuando nos habla de «Enrique V» [«À Henry V»] o de la «Princesa» [«La Princesse»], el acento del poeta se vuelve frenético y lleno de sarcasmos, al execrar a los enemigos de la libertad y en particular al pretendiente al trono histórico de los Borbones. Estos mo­tivos hacen sentir su contraste sentimental con un tono elegiaco; por ejemplo, «La hermana de Tasso» [«La sœur du Tasse»] expresa la sinceridad de los afectos fami­liares del poeta italiano y, entre los hono­res romanos, su tristeza por la falta de su hermana Cornelia. Los mismos Cuentos [«Contes»] (v.), en la tenuidad de la ins­piración confirman la riqueza sentimental que había en un artista que se dedicaba a criticar la tradición y exaltar las formas nuevas y violentas.

C. Cordié

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Hazaña nove­lesca del poeta chileno Vicente Huidobro (1893-1948), publicada en Madrid, en 1929. Esta «hazaña» es una especie de novela, que no es rigurosamente una construcción técnica, sino una serie de episodios heroi­cos, sin más argumento o trama que la vida del personaje. Para evitar desorientaciones sobre su intención constructiva, Huidobro advierte en el prólogo que en los detalles sobre el Cid, a veces, siguió el poema anó­nimo, el Romancero y la Gesta, y en otras ocasiones se ha ceñido a la historia. SegúnHuidobro, el conde Lozano resulta padrino y tutor de Jimena.

Las hijas del Cid ya no se llaman en la «hazaña» Elvira y Sol, sino doña Cristina y doña María. Tampoco se casan con los infantes de Carrión, y no reciben la afrenta de Corpes, que en el poema provoca la ira del Campeador y la acusación en las Cortes de Toledo. Las li­cencias poéticas e históricas de Huidobro se acumulan con desenfado imaginativo, pero no desvirtúan la unidad psicológica de su versión. El o Cid Campeador está conce­bido con amor y con sentido fino del he­roísmo castellano. Es un canto permanente, sostenido, prolongado a la virtud, al honor, a la lealtad, al desinterés. No corresponde a la versión histórica moderna del Cid, a su sentido del dinero, a su afición al oro, a la plata, a las preseas y vestiduras. Esto habría dado la unidad esencial que persi­gue el poeta, sin vacilaciones, sin detenerse en la cara negativa del héroe. Huidobro ensaya en su enredo sus métodos juglares­cos, sus sazonadas recreaciones, sus contra­puntos maliciosos, sus «boutades» típicas. Con todos esos dislocados procedimientos y con sus lagunas indiscutibles, no se pue­de desconocer que se está frente a una obra profundamente española. Hay en el libro una firme y maciza determinación al mantener el enlace dramático y la fideli­dad amorosa del Cid. Es admirable en un genuino rasgo del héroe que participa de la gallardía y del señorío castellanos.

Todo el poema del Cid trasunta la fidelidad del Campeador a doña Jimena, cuya psicología está pintada con rasgos sobrios y maestros. También el escritor chileno ha sido leal con la reiterada idealización que surge del poema, cuando se trata de pintar caracte­res femeninos. Se destaca la distinción ca­balleresca, la fidelidad de los héroes de la primera Edad Media a la mujer de sus pensamientos, la pureza de las hijas, el entraña­do cariño que el Cid derramó como padre y como esposo amantísimo. A medida que se avanza en la lectura de Mío Cid Campea­dor se asimila más cabalmente la severa estampa que, en ese rasgo final, parece muy adecuada a la realidad del héroe castella­no. Mío Cid Campeador fue traducido al inglés en Nueva York, en 1932, con el tí­tulo de Portrait of a Paladín.

R. Latcham

Minueto en LA Mayor, Luigi Boccherini

[Minuetto in la maggiore]. Es el tercer tiempo de los cuatro que componen el úl­timo de los seis quintetos para instrumen­tos de cuerda, señalados como opus 11 en el catálogo autógrafo de Luigi Boccherini (1743-1805) y como opus 13 por los editores (v. Quintetos); pero es especialmente cono­cido como pieza suelta, aunque contra las exigencias de la más fina cultura musi­cal. Tiene la forma tradicional del minueto, danza de ritmo ternario subdividida en tres partes: minueto-trío-minueto «da capo», en el que la tercera parte no es más que la repetición de la primera, y el trío una especie de paréntesis con el mismo compás y en tonalidad próxima; en el caso presente en re mayor. Este célebre minueto lleva, en su contenido artístico, la huella típica del llamado «estilo galante» del si­glo XVIII, que si está muy lejos de ex­presar el más alto espíritu musical del siglo, pone de manifiesto, sin embargo, uno de sus más importantes aspectos, es decir, el del gusto aristocrático y refinado, visi­ble también en muchos minuetos de Haydn y Mozart. En la obra total de Boccherini, hasta la fecha poco conocida, el Minueto representa muy poca cosa; pero, indudablemente, es su obra más popular. Fue ob­jeto de varias transcripciones, de carácter más bien divulgador o didáctico que ar­tístico.

F. Fano

Mindowe, Juljusz Slowacki

Es el título de la primera obra dramática del poeta polaco Juljusz Slowacki (1809-1849), compuesta en 1829. El poeta recoge en ella un tema ya tratado por su padre Eusebio, basando la acción en -las aventuras de la vida del primer prín­cipe de Lituania, Mindowe. Después de la conversión de éste al cristianismo, junto con su mujer, cuñada del príncipe Dow- munt, Lituania se dividió en dos campos contrarios: cristianos y paganos. Los pri­meros siguieron a Mindowe; los segundos a su sobrino Trojnat. Muerta la mujer de Mindowe, éste violó a la mujer de Dowmunt, la ciial, aliándose con Trojnat, lo mató. El motivo sustancial del drama lo aproxima a los poemas Grazyna (v.) y Kon- rad Wallenrod (v.) de Mickiewicz, pues al igual que éstos tiene como base de acción la lucha entre los lituanos y los caballeros teutónicos. Desde el punto de vista artístico la obra evidencia ya el vivo sentido teatral que encuentra plena confirmación en los dramas sucesivos de Slowacki y permite al autor alcanzar con los medios más sen­cillos los más altos efectos dramáticos. Di­chos efectos se producen sobre todo por el choque entre el antiguo paganismo de los lituanos y la nueva fe cristiana que se extiende, motivo que se repetirá en el dra­ma María Estuardo (v.) con el contraste entre la católica protagonista y el ambiente protestante escocés. Traducción italiana de Aglauro .Ungherini (Turín, 1902).

E. Damiani

Mina el Mozo, Héroe de Navarra, Martín Luis Guzmán

Biografía, escrita por el novelista mexicano Martín Luis Guzmán (n. 1887), del guerri­llero español Martín Xavier (más conocido por Francisco Xavier) Mina, quien se hizo famoso en el alzamiento popular de España contra la invasión napoleónica (1808-1814), y que, libre la Península otra vez, pero subyugada por el régimen despótico de Fernando VII, escapó hacia Inglaterra y luego a México, donde peleó brillantemente (1816-1817) por la independencia del país, hasta caer prisionero y ser fusilado.

En este libro (primera edición, Madrid, 1932; segunda, México, 1955), Guzmán se propu­so, sobre todo, sacar a luz las proezas de Mina en su lucha con los franceses, sucesos que habían quedado en la sombra por ha­ber peleado Mina en México contra España. En esto se cifra el mérito principal de la obra, considerada como contribución histó­rica. En cuanto a su valor literario, cabría decir que Martín Luis Guzmán compuso esta biografía ciñéndose al rigor de la his­toria, pero con la fina atracción del novelis­ta. El autor anima con enérgico trazo la figura del héroe, desde su nacimiento hasta su muerte, y lo hace con una vivacidad, con una sobriedad, con una gracia pintores­ca inigualables. Se apasiona por Mina, lo comprende y lo sigue, como si estuviese identificado con él. Creeríase que entre los dos — biógrafo y biografiado — existe una secreta afinidad. Los enlaza el valor, la au­dacia, el amor a la libertad.

C. González Peña