Ser Lapo, La Mujer Juez y Parte y un Marido Más Honrado de lo que Quisiera, Gerolamo Gigli

La obra de Montfleury fue traducida al dialecto florentino por Gerolamo Gigli (1660-1772), en su comedia en cinco actos Ser Lapo o bien La muje juez y parte, y un marido  más honrado de lo que quisiera [La moglie giudice e parte e il marito più onorato del suo bisogno], publicada en 1731.

Es, sin duda, la mejor obra de este fecundo comediógrafo que, tras de haberse dedicado al teatro españolizante, acogió las influencias de la comedia de Molière y de sus continuadores en Francia, uniéndose a los primeros reformadores del teatro italiano. Lo mismo que los modelos franceses, la comedia se inspira en la antigua novela medieval de la mujer injustamente acusada, entregada a sicarios para que la maten y dejada por éstos en libertad; el Bernardillo de Montfleury se convierte en un brusco y violento notario florentino, ser Lapo, que creyéndose traicionado por su mujer, Julia, acusada por su camarera Prizia, trata de matarla, y creyéndola muerta piensa contraer segundas nupcias con Constanza.

La acción ocurre en Piombino y sigue fielmente el desenvolvimiento de la comedia francesa. Esta novelesca trama resulta bastante viva gracias al personaje de Lapo, campesino tosco y resuelto, todo voluntad y decisión, que en todos los interrogatorios sufridos revela siempre su fuerza de carácter y se defiende furiosamente hasta que le fallan las fuerzas. El dialecto florentino, dedicadamente plebeyo, que Gigli  utiliza, le permite expresarse con toda su violencia popular.

U. Déttore

La Mujer Ideal, Marco Praga

[La moglie ideale]. Comedia en tres actos de Marco Praga (1862-1929), estrenada el año 1890 y considerada como su obra maestra. Alguien dijo que se trata de un plagio de la Pari­siense (v.) de Henry Becque, pero en rea­lidad esta comedia tiene una originalidad de construcción y de estilo que la distingue netamente del modelo francés; toda la ac­ción, está dirigida a dar relieve a la figura de Giulia, y sostener su doble juego de mujer perfecta, con ficciones de celos y estremecimientos inquietos que siempre sa­be explotar en su propio provecho, y de amante apasionada, que vive su pecado con picardía igualmente astuta.

Así Giulia tie­ne dos existencias paralelas: una dominada por la temblorosa angustia provocada por la sospecha de que Gustavo, su amante se canse de ella, y la conyugal, construida astutamente sobre el motivo de unos falsos celos hacia Piero, su marido. Gustavo está realmente decidido a dejarla, y le ha co­municado, por carta, su resolución; Giulia se dirige a casa de su amante, con la ex­cusa de comunicarle el éxito favorable de una encuesta confiada a su marido, que ha tenido que ausentarse. Sonriente y desen­vuelta, Giulia mariposea por la habitación eludiendo toda pregunta sobre la carta, y sigue imponiéndose al hombre, perplejo e incapaz de rebelarse. Los acontecimientos se precipitan inesperadamente: Gustavo, por la ventana, descubre al marido que en­tra por el portal.

Ahora Giulia sabe que su marido sospecha y que su ausencia fue un pretexto para sorprenderla; sus dos mundos de seriedad y ficción parece que van a derrumbarse a la vez. Pero no se asusta y pasa decididamente a la ofensiva: se encuentra allí precisamente porque com­prendió que Piero quería ponerla a prue­ba con el engaño del presunto viaje, y qui­so confundir sus celos. Piero la cree; por otra parte está enterado de que Gustavo va a casarse y no le queda más remedio que felicitar a su amigo. Un golpe duro para el corazón de Giulia: su existencia auténtica, de amante, se desvanece para siempre y no le queda más que la ficticia de mujer ideal. Sin embargo, no es ésta tan ficticia como parece, ya que al fin y al cabo también tenía su fondo de verdad; fondo que lentamente va aflorando y cier­tamente seguirá haciéndose cada vez más real.

Y sobre este motivo, apenas indicado alusivamente, termina la comedia, y en él tenemos el aspecto más original y poético de la obra. La mujer ideal puso a Praga en el primer lugar de la tríada Giacosa, Praga, Rovetta, que dominó el teatro ita­liano a fines de siglo. La comedia burguesa tuvo en él un nuevo cultivador que había de continuar su tradición hasta el umbral de la guerra del 14.

G. G. Severi

La Mujer Intrigante, Carlo Goldoni

[La donna di maneggio]. Comedia en tres actos de Carlo Goldoni (1707-1793), estrenada en 1760. La mujer intrigante, es decir, entre­metida, es donna Giulia, constantemente preocupada por hacer bien a los demás, a su manera: un altruismo despótico que choca con la sospechosa avaricia de su es­poso, don Prospero. Así, a Giulia se le antoja que don Alessandro debe casarse con doña Aspasia, a pesar de que ama a doña Aurelia, y procura arreglárselas por todos los medios para que esta última se despose con don Ridolfo, el poeta.

Merced a sus in­trigas consigue realizar su intento: Ridolfo se casa con Aurelia, y Aspasia, por su parte, concede su mano a don Alessandro. Un mundo violento en el que la extravagancia de la protagonista se refleja un poco por encima de los demás. La comedia figura entre las obras secundarias de Goldoni, pues no llega a profundizar en el asunto y sólo se limita a presentar unos persona­jes definidos caricaturescamente y a en­volverlos con desenfado en una intriga, sin proponerse nada más.

U. Dèttore

La Mujer Garbosa, Carlo Goldoni

[La donna di garbo]. Comedia de Carlo Goldoni (1707- 1793), escrita en 1743. Es la primera come­dia escrita íntegramente por Goldoni, su «primogénita», como él la denominaba, li­gada todavía al artificio de la «commedia dell’arte», si bien apunta ya en ella una nueva vida.

Rosaura (v.), traicionada por Florindo (v.), logra ser aceptada como ca­marera por el padre del galán, el doctor Lombardi, y acierta a ganarse las simpatías de toda la familia. Cuando Florindo vuelve de Pavía, donde realiza sus estudios, queda aterrorizado al ver su casa dominada por Rosaura, la cual, por añadidura, le anuncia que se va a casar con el doctor. Las cosas, entretanto, se complican, ya que Florindo había inducido a una noble muchacha de Pavía para que viniese disfrazada con atuendo masculino a Bolonia, donde se ca­sarían. Pero Rosaura consigue salvar la situación: Isabella se casará con Lelio, y Florindo será, como era de presumir, su ma­rido.

En esta comedia, Rosaura es, ante todo, una «prima donna» que aspira a re­clamar sobre sí, a toda costa, la atención y las simpatías del público, y bajo este artificio, apenas se entrevé la sutil y sagaz astucia que Goldoni consideraba el elemen­to fundamental del espíritu femenino. Los personajes se apartan dé lo genérico para asumir tonos propios, y en toda la intriga existe aquel garbo que Goldoni opuso desde un principio al intenso colorido de las «commedie dell’arte» y que, más tarde, aca­baría por sustituirlo totalmente.

U. Déttore

Mujeres Rusas, Nikolaj Alekseevič Nekrasov

[Russkija Ženščiny]. Poema ruso de Nikolaj Alekseevič Nekrasov (1821-1877), publicado en 1871-72, es decir, en la época de la madurez del poe­ta; aunque formando parte del grupo de poesías en las que exalta a la mujer rusa, este poema tiene un puesto aparte, per­sonal, por el valor historicopatriótico de su contenido.

Se narran en él las vicisitudes de las mujeres de los príncipes Trubeckoi y Volkonskij, condenados al destierro en Siberia después de la revolución de diciem­bre de 1825. De ello deriva el título con el que a menudo se publica el poema: Las mujeres de los decabristas. Las dos prin­cesas que, con excepcional fuerza de áni­mo, quisieron compartir el martirio de sus maridos, dieron al poeta la ocasión de exal­tar, además de las virtudes de las mujeres rusas, los movimientos revolucionarios y el espíritu del pueblo ruso camino de las re­formas sociales.

Es indudable que se nota en el poema la influencia de los tiempos (1870) en que fue escrito, muy distintos de aquellos (1825) en que estalló la primera revolución rusa. La idea del amor al pueblo ruso, tal como la expresa la princesa Volkonskaja, que en su vejez cuenta a sus nietos sus vicisitudes («Si te han caído en suerte muchos dolores, tú compartes los do­lores ajenos, y cuando mis lágrimas están a punto de brotar, ya desde hace tiempo tú derramaste las tuyas. Tú amas a los in­felices, oh pueblo de Rusia»), es un ante­cedente del famoso movimiento de la «mar­cha hacia el pueblo» («narodnichestvo»), del que Nekrasov fue un precursor e in­cluso un participante en los últimos años de su vida. Trad. ital. de V. Narducci (Ro­ma, 1930).

E. Lo Gatto