Nigrino, Luciano de Samosata

Diálogo retórico y declamatorio de Luciano de Samosata (ha­cia 125-185 d. de C.). Es incierta la fecha de composición. El autor cuenta que, lle­gado a Roma para consultar a un médico ilustre, no quiso alejarse de la ciudad sin hablar con el filósofo Nigrino, un plató­nico que a las dotes de ingenio unía un corazón generoso y una admirable elocuen­cia, y al que Luciano había conocido en Atenas.

Nigrino hace un elogio tan entu­siasta de la filosofía, que Luciano queda conmovido y admirado. Es también famoso el elogio que el autor hace de Atenas, cen­tro de los estudios filosóficos y de todo cuanto es bello y noble. A esta ciudad con­trapone el autor la Roma corrompida y fastuosa, contra la que dirige los acerados dardos de su crítica mordaz. [Trad. españo­la de Cristóbal Vidal y F. Delgado en Obras completas, tomo I (Madrid, 1882, 2.a ed., 1901) con el título Nigrino o de las costum­bres de un filósofo].

C. Schick

Nietzsche Contra Wagner, Friedrich Nietzsche

Obra filosoficopsicológica del escritor alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900), compuesta en 1888, pero sobre observaciones que se re­montan en parte a 1876 y aun antes — a la gran crisis que condujo al autor a sepa­rarse de Wagner, hecho «inevitable como un destino»—, publicada en 1895.

El autor remacha, con tono más exasperado, la tesis (v. El caso Wagner) de que la música de Wagner, con toda su majestuosidad tene­brosa y decadente, ha de considerarse co­mo un veneno que corrompe el gusto. Wagner, dice, sólo tiene arte para las mi­nucias, para los matices; es un «maestro de lo menudísimo» y sólo es grande cuando se pone en música a sí mismo con sus sufrimientos. En lugar de eso, busca casi siempre el efecto, trata de hacer teatro so­bre todo e, incapaz de la música leve, que ritma la danza y que es la única capaz de elevar el alma, hace de la música un me­dio para ilustrar la acción dramática de los protagonistas.

Además, la tesis wagneriana de la «melodía infinita» como agita­ción del ritmo, como expresión desordena­da y profunda de los sentimientos íntimos del ánimo, es buena para las masas, pero la música corre un peligro mortal si se le quita la elegancia del ritmo, que la une con la danza. La música wagneriana, que se basa en las tradiciones germánicas, en los mitos y la cultura germánicos, no tiene porvenir, como no tienen porvenir los ale­manes, y si de joven la amó fue porque creía ver en ella el soplo del espíritu dionisíaco, por el que la tragedia surge de la superabundancia de vida.

En cambio, Wagner, como Schopenhauer, sufre de empo­brecimiento vital; calumnia la vida por in­capacidad de vivirla con plenitud; en am­bos, Nietzsche descubre el mismo odio a la vida que es propio del cristianismo. La música de Wagner, que juega sobre un pre­tendido conflicto entre sensualidad y cas­tidad, está más próxima al romanticismo francés, enfermo de hipersensibilidad, que a los alemanes, quienes no pueden com­prender su morbosidad; ha creado Parsifal, que es «un atentado contra la moral».

Quien ha creído interpretar este escrito, lo mismo que el análogo y contemporáneo El caso Wagner, como un documento de humana, demasiado humana, debilidad, se ha dejado perder su significado más importante, que es el antirromanticismo nacido en el seno del mismo romanticismo; el romanticismo vivido en profundidad y en «perdida dedi­cación», hasta el punto que el espíritu sien­te la necesidad de salir de él y «curarse» para ser «verdaderamente uno mismo». [Trad. de Eduardo Ovejero y Maury en Obras completas, tomo X (Madrid, 1932)].

G. Alliney

Niels Lyhne, Jens Peter Jacobsen

Novela del escritor danés Jens Peter Jacobsen (1847-1885), compuesta entre 1874 y 1880 y publicada el 9 de di­ciembre de 1880.Es el relato de la vida de Niels Lyhne, «carácter visionario y al mismo tiempo sediento de vida», desde su nacimiento en la factoría de Lönborghof hasta su muerte en la sala de un hospital, como consecuencia de una herida en la guerra germano-danesa de 1864.

Este espa­cio temporal está determinado por los suce­sos o momentos afectivos que caracterizan las diferentes edades: la educación materna referida principalmente hacia la fantasía y los juegos infantiles con Frithjof; el des­pertar del amor, ese amor que es adora­ción en el adolescente, hacia la bella Edele Lyhne; el fascinador juego del amor que confina con la pasión sensual en las rela­ciones con la alegre y despreocupada se­ñora Boye; la muerte de su madre, en un insatisfecho anhelo de belleza, en el para­disíaco Clarens de Rousseau; el amor pa­sional y adúltero por su prima Fennimore; la amistad amorosa con una célebre can­tante conocida junto al Garda; el feliz amor conyugal hacia la joven Gerda; y finalmen­te, la catástrofe familiar: la inesperada muerte de Gerda y de su hijito, y luego la de él mismo, Niels, causada por un proyectil enemigo.

La novela no es auto­biográfica: no pretende más que represen­tar el desenvolvimiento de una personali­dad centrada sobre sí misma, en medio de contratiempos, victorias y derrotas. Falta, por tanto, el ambiente, indispensable cuan­do el escritor se propone representar un personaje dentro de su vida real, que es un obrar y sentir en relación a situaciones y acciones determinadas. Por eso las dife­rentes partes de la novela están resueltas en sí y por sí, unidas sólo por la igualdad de atmósfera y estilo.

Nacido de un gran deseo de vida, de amor y de pasión (Jacobsen lo escribió minado ya por la tisis), Niels Lynhe es, más que nada, la repre­sentación, opulenta y delicada a la vez, de estados de ánimo que matizan los motivos del amor y de la muerte, con sus afines del insatisfecho deseo de belleza y de la ar­diente pasión inalcanzable. De ahí la pro­fusión de colores vivos, resplandecientes (no debe olvidarse que Jacobsen es con­temporáneo de los impresionistas), el gusto por la pintura «en plein air» que a veces tiende a resolverse en mera decoración, y el conflicto, íntimamente vivido, en apa­riencia heterogéneo, pero en realidad es­trechamente ligado, y nacido de la meditación sobre la muerte, entre las creencias tradicionales y la nueva fe «atea» en una humanidad «sin ilusiones», donde los hom­bres «podrán vivir su vida libremente y morir su muerte, sin temor al infierno, sin esperanza en el cielo,- sin otro temor que el de sí mismos, sin otra esperanza que la suya propia».

Por esta púdica seriedad de pasión y dolor vividos, de viriles conviccio­nes maduradas no sin esfuerzo, destaca Niels Lyhne entre la literatura sensualista de la segunda mitad del siglo XIX.

V. Santoli

Jacobsen es el mejor colorista de la pro­sa danesa. No hay en la literatura nórdica nada comparable a su pintura. Su lenguaje está empapado de color.   (G. Brandes)

Su encanto es el de tantas poesías a lo Byron y a lo Lamartine, de la literatura romántica europea. Pero el héroe y su am­biente son abstractos…, Todo se diluye y se convierte en irreal. (P. V. Rubow)

Nigaristán, Muini

[El adorno del jardín]. Co­lección de narraciones didácticas, compuesta en el siglo XIV por el autor persa Muini, a imitación del célebre Jardín de las rosas (v.) de Sadi.

Dedicado al sultán Abu Said, de la dinastía de los Ilkhán, el Nigaristán está dividido en siete capítulos, cada uno de ellos con narraciones referidas a un tema único: la magnanimidad, la circuns­pección, la sociabilidad, el amor, la mise­ricordia, la vida solitaria, etc.  Falta en la obra la originalidad inimitable de su mo­delo, y las diversas narraciones quedan más bien superficiales y artificiosas. Además de un agradable y movido ensayo de la narra­tiva persa, el Nigaristán, junto con el Baharistán (v.) de Yami y otras obras aná­logas, es una prueba del éxito del Jardín de las rosas y de la boga de imitaciones que. éste suscitó.

F. Gabrieli

El Nido de Palomas y otros Cuentos, Katherine Mansfíeld

[The Doves’ Nest and Other Stories]. Bajo este título se recopilaron, en 1923, todos los cuentos completos e incom­pletos que Katherine Mansfíeld (1889-1923) compuso después de la publicación, en 1921, de la Garden-Party (v.).

De los cinco cuentos completos, La casa de muñecas (v.) es un fino estudio del alma de los niños que nos hace pensar, pese a su mayor ma­durez, en lo mejor de «Algo infantil» [«Something childish but very natural»], mien­tras «Luna de miel» [«Honeymoon»] y «Una taza de té» [«A Cup of Tea»] iluminan con penetración momentos fugitivos y movi­mientos ocultos del profundo juego psico­lógico que forma el sustrato de la vida con­yugal.

Y si «Tomando el velo» [«Taking the Veil»] nos describe con gracia uno de aquellos momentos en la vida de una mu­chacha, en que la fantasía se hace tan tor­mentosamente auténtica que obliga a bus­car con alivio la realidad, «La mosca» [«The Fly»], donde un viejo olvida el recuerdo de su hijo muerto en la estúpida contem­plación de una mosca que ha caído en un tintero, y «El canario» [«The Canary»], pulsan las cuerdas más sensibles del co­razón humano en su equilibrada reserva, que nunca permite al sentimiento conver­tirse en sentimentalismo.

El más largo de los cuentos inacabados, «El nido de palo­mas», que da título al volumen, describe la agitación creada en un ambiente de mujeres solas por la aparición de un hom­bre desconocido; en «Seis años más tarde» [«Six Years After»] se insinúa el drama de una madre a la que ni el paso de los años puede convencer de la muerte de su hijo; y en general todos los fragmentos, aun los de pocas páginas, son como rayos de luz que nos presentan, perfectamente indivi­dualizados aunque apenas entrevistos, cria­turas, lugares, momentos de vida.

El hecho de que, en este último período de su vida, la escritora empezase tantos cuentos dife­rentes que no llegó a terminar, nos revela aquella inquietud espiritual, aquel descon­tento de su propia obra que ella misma nos confiesa en las páginas de su diario y que son las señales inconfundibles del verdade­ro genio, perpetua y ansiosamente en busca de una inalcanzable perfección y pureza.

A. P. Marchesini