La Noche de San Juan, Félix Lope de Vega Carpió

Comedia en tres actos y en verso del gran dramatur­go español Félix Lope de Vega Carpió (1562-1635), comprendida en la Parte XXI de su teatro, publicada después de su muer­te por su hija Feliciana, en 1635.

Compues­ta para las fiestas en honor de Felipe IV y de Isabel, organizadas por la condesa- duquesa de Olivares en el jardín del conde de Monterrey, fue representada la noche del 24 de junio de 1631. Es una exaltación, a la vez, de la fiesta y de la mágica no­che sagrada para los auspicios del amor. La hermosa Leonor ama al rico indiano don Juan, quien consigue estrechar lazos de amistad con don Luis, hermano de Leo­nor, con el fin de poder disfrutar de su amor sin el obstáculo de ventanas ni ce­losías.

Pero tampoco la amistad de don Luis es desinteresada; ama a Blanca y espera los buenos oficios de don Juan, que es ami­go del hermano de ella, don Bernardo, para conseguir su mano. Don Juan no pide otra cosa para convertirse en señor absoluto de Leonor y efectúa la embajada con el calor de un verdadero casamentero, confundiendo en iguales alabanzas a la esposa, al preten­diente y a los preparativos para la fiesta real. Don Bernardo se siente honrado por la petición y, como aprecia tanto a don Luis, confiesa que la ocasión es magnífica para realizar un antiguo deseo suyo: pedir la mano de la hermana de don Luis.

El pobre don Juan se siente como si acaba­ran de matarle y con la muerte en el co­razón vuelve junto a don Luis para comu­nicarle la respuesta de don Bernardo y des­pedirse de Leonor. Ésta, al saber la noticia, se desmaya; entonces don Juan, que estaba a punto de irse a Sevilla, se queda, y am­bos deciden huir. También Blanca, que no puede sufrir a don Bernardo y ama a don Pedro, concierta con ellos la huida, apro­vechándose de la fiesta nocturna. Don Juan y Leonor se encuentran en el Prado, pero provocados por un grupo de jovenzuelos, don Juan y su criado Tello echan mano a la espada y acaban en la cárcel.

Leonor, que se queda sola, es socorrida por don Pedro, que en la puerta de su casa espera a Blanca. Ésta llega al fin y, al encontrar a una mujer en casa de don Pedro, indig­nada, quiere marcharse y sólo la interven­ción de Leonor consigue aclarar las cosas y convencerla de la lealtad de don Pedro. Pero de madrugada llegan a casa de don Pedro, don Luis y don Bernardo, en busca de sus respectivas hermanas. También llega don Juan que, puesto en libertad, va en busca de Leonor. Las damas declaran su voluntad, ambos hermanos se muestran ge­nerosos y cada cual se queda con lo suyo. Sólo Tello, en lugar de Inés, la criada de Leonor, se encuentra entre los brazos de Antonia, la criada de Blanca.

La comedia, aunque escrita en tres días, como se dijo y confirmó el autor, por la facilidad del juego escénico y la elegancia de la versi­ficación es una de las mejores del «Fénix». Sobre el leve motivo de la trama se di­buja una coloreada y sugestiva visión de la noche de San Juan, llena de presagios y perfumes: las alegrías de la fiesta, los bailes, los cantos, el Prado y las parejas amorosas. La nota cómica no sale nunca de un mesurado contrapunto entre los sus­piros y deliquios sentimentales, y contri­buye a hacer de la comedia un delicioso juego de trinos, una obra maestra de gra­cia sobre la que se modelará la comedia de costumbres que va de Tirso a Moreto.

C. Capasso

Noche de Epifanía, William Shakespeare

[Twelfth Night or What You Will; literalmente: La duodé­cima noche o Lo que queráis]. Comedia en cinco actos y en verso y prosa de William Shakespeare (1564-1616), escrita hacia los años 1599-1600, quizá representada la noche de Epifanía del 1600 y publicada en el in­folio de 1623.

John Manningham, que vio la comedia representada en la fiesta anual de los juristas en el Temple por la Can­delaria de 1601, la comparó en su Diario a un drama italiano, Los engaños. Se su­pone que se trata de los Engañados (v.) de los Académicos Entronizados (1537), que es la fuente de Bandello, Novelle, II, 36 (tra­ducida por Belleforest, Histoires tragiques, IV, 59), de la que a su vez deriva el cuento «Apolonio y Sila» [«Apolonius and Silla»] del Adiós a la profesión militar [Farewell to the Military Profession] de Barnabe Riche (1581).

Probablemente, Shakespeare se fijó en este último para el motivo del nau­fragio. Los Engañados fueron traducidos al francés por Charles Estienne con el título: Les Abusés (Lyon, 1543). En los Engañados se encuentran los nombres Malevolti y Fabio, que se pueden aproximar respectivamente a los shakespearianos de Aguecheek y Fabian. El motivo de la dama disfrazada de paje, bastante usual, aparece en otras obras que Shakespeare podría haber visto; por ejemplo, Parismus de Emanuel Forde (1598), donde se encuentran el naufragio y los nombres de Olivia y Violeta. Dos ge­melos parecidísimos, Sebastián y Viola, se ven separados por un naufragio en las costas de Iliria.

Viola, llevada a la playa en una embarcación, se emplea como paje con el nombre de Cesario, junto al duque Orsino, enamorado de la condesa Olivia, que rechaza, sin embargo, su amor y vive aislada debido al luto por su hermano. Or­sino se confía a Viola-Cesario y la envía a interceder en su favor cerca de Olivia, con gran tormento por su parte, pues Viola se ha enamorado de Orsino. Olivia a su vez se enamora de Viola-Cesario. Entretan­to, Sebastián, que durante el naufragio ha sido auxiliado por una nave mandada por Antonio, llega con éste a Iliria.

Junto a la intriga sentimental y novelesca se desarro­lla otra satírica, que se origina en el círculo de la condesa Olivia: la rivalidad entre el intendente Malvolio, puritano austero y so­berbio, y la compañía bohemia de sir Toby Belch, tío de la condesa, borrachín penden­ciero y espadachín; de sir Andrew Ague­cheek (el nombre puede corresponder, como se ha dicho, al de Malevolti en los Enga­ñados), gentilhombre vanidoso, litigante y cobarde, que aspira a la mano de la con­desa; de María, la dama de compañía, me­nuda de estatura pero llena de ingenio, y del bufón Feste, que se burla de todo, in­cluso del luto de la condesa.

Estos últimos, a instancias de María, hacen una broma a Malvolio enviándole una falsa carta de amor de la condesa, por lo que Malvolio afecta actitudes y raptos extraños, creyen­do complacer así a su señora, mientras ob­tiene el efecto contrario y es encerrado como loco en una habitación desocupada. Viola-Cesario, desafiada por sir Andrew por instigación de sir Toby (un desafío en que ambos contendientes compiten en estar asus­tados), es salvada del conflicto por Anto­nio, que la cambia por Sebastián.

Antonio arrestado debido a un rencor que por él siente el duque Orsino, pide a Viola-Cesario una bolsa que él confió a Sebastián y acusa de ingratitud a su presunto amigo, que naturalmente no sabe nada de la bolsa. Olivia, encontrándose con Sebastián, lo to­ma por Cesario, le invita a su casa y le ofrece su amor y, con el consentimiento de Cesario, se casa con él. Orsino va a vi­sitar a Olivia; Antonio es conducido a su presencia encadenado y sostiene que Ce­sario es el joven salvado por él, mientras Olivia sostiene que es su marido. El duque, indignado, se despide de Olivia y del su­puesto hipócrita Cesario, cuando la llegada de Sebastián aclara el equívoco.

El duque, al darse cuenta del amor de Viola, que ha abandonado el traje viril, dirige a ella su afecto y se casan. La comedia, que por la intriga, el fondo y la atmósfera alegre y satírica tiene muchos puntos de contacto con Como gustéis (v.) y más aún con la Comedia de las equivocaciones (v.)> por sus incidentes (naufragio, hermano y her­mana idénticos y disfraz masculino de la hermana, supuesto loco que es encerrado, etc.), es una deliciosa recapitulación de la materia cómica shakespeariana y contiene algunas de las escenas más brillantes del dramaturgo, como las del segundo acto, donde lo cómico y lo sentimental se mez­clan con exquisito gusto y equilibrio y, después de haber insinuado la tragedia (amor imposible de Olivia por Viola-Cesa­rio), cae en plena farsa (burla a Malvolio); es notable especialmente la escena cuarta, con su atmósfera de pasión tímida y ar­diente, que se exalta en un sueño imposi­ble, la escena entre Viola y Orsino, que Shakespeare había ya esbozado en los Dos hidalgos de Verona (v.).

Los tres últimos actos, aunque no participen de la atmós­fera escénica del segundo, desde el punto de vista escénico tienen la habilidad de las mejores farsas de Molière. Entre los personajes, algunos son tipos fijos, anima­dos por la maestría shakespeariana, como el duque de Orsino, enamorado del amor, lánguido y zalamero, el clásico «dolido», o la condesa Olivia, también una sentimental, que toma actitudes de hermana inconsola­ble y cede al primer estremecimiento de simpatía, y tipos fijos son también sir An­drew, sir Toby, el bufón y, en cierto sen­tido, también Malvolio (v.), que gustó tan­to en el siglo XVII que Carlos I lo anotaba en su ejemplar como el carácter más im­portante del drama; pero la figura de Viola (v.) es la gran creación de esta obra sha­kespeariana.

Son muy citadas las poesías: «iOh, amante mía! ¿Dónde vas errando?» [«O mistress mine, where are you roaming?», II, 3]; «Cuando era un niñito» [«When I was a little tiny boy», V, 1]; el pasaje (II, 4, 110 y ss.): «Ella no confesó nunca su amor, pero dejó que su secreto, como un gusano en el capullo, se alimen­tase de sus mejillas rosadas. Se consumía pensando y con lívida melancolía perma­necía como la estatua de la Resignación sobre un monumento fúnebre, sonriendo al dolor» [«She never told her love, But let concealment, etc.»]; el otro pasaje (II, 5, 147 y ss.) : «Algunos nacen grandes, otros llegan a la grandeza, y a otros la gran­deza se les viene encima» [«Some are born great, some achieve greatness, some have greatness thrust upon ’em»]; las frases: «lo­cura de medio verano» (o canicular) [«midsummer madness», III, 4, 61]; «y así la rueda del tiempo cumple sus venganzas» [«And thus the whirligig of time brings in his revenges», V, 1, 375]. [Trad. de R. Martínez Lafuente en Obras completas, to­mo VII (Valencia, s. a.), con el título La duodécima noche, y de Luis Astrana Marín en Obras completas (Madrid, 1951, 10.a edi­ción) con el título que hemos adoptado].

M. Praz

Un buen lector puede en cierto modo pe­netrar en el cerebro de Platón y pensar con él; con Shakespeare, no; nos deja fuera. Por su facultad ejecutora, por su creación, Shakespeare es único. (Emerson)

Noche de Arrabal, Atila József

[Külvárosi éj]. El más importante volumen de poesías lí­ricas del húngaro Atila József (1905-1937), publicado en 1932.. El mágico poeta de la naturaleza libre y de las casitas rústicas diseminadas por los campos, descubre, en este libro, el desierto de piedra de los arra­bales metropolitanos. Con un surrealismo intenso y de concretos relieves, József cin­cela, en unas pequeñas obras maestras de orfebrería, los días llenos de afán y las noches inquietas de los pobres. En muchas de las poesías del volumen: «Noche de arrabal», «Dime, ¿qué madura?», la voz del poeta adquiere potentes acentos de reivin­dicación social.

G. Hankiss

Una Noche Borrascosa, Ion Luca Caragiale

[O noapte furtunoas] Comedia rumana en dos actos de Ion Luca Caragiale (1853-1912), representada en 1879.

Dumitrache, negociante de maderas en un arrabal de Bucarest, está obsesionado por los celos, ya que durante un espectáculo un joven no ha hecho otra cosa que mirar a su mujer, Veta, que es­taba en compañía de su cuñada Zita. Él no dice nada a su esposa, en cuya honesti­dad tiene plena confianza, pero confía sus penas a Chiriac, amigo suyo y amante se­creto de Veta. Éste se preocupa bastante temiendo perder a la mujer y arma una violenta escena de celos.

El joven sospe­choso, el periodista Rica Venturianu, que está enamorado de Zita, logra una entrevis­ta con ella, pero equivocándose de puerta va a parar a la casa de Veta y creyendo, en la obscuridad, hallarse frente a su amada, empieza una poética declaración, hasta que la luz le revela su error. Mientras huye, el celoso Dumitrache, que le ha reconoci­do, le persigue junto con Chiriac, pero al llegar Zita, Veta puede revelar los senti­mientos de los dos enamorados y conven­cer de su equivocación al amante y al marido, que además se alegra de conocer a Rica, que es autor de los artículos po­líticos que tanto admira.

La comedia, per­fectamente lograda como pintura de cos­tumbres y caracteres, representa la vida sentimental de la pequeña burguesía ru­mana de la segunda mitad del siglo XIX, con sus predilecciones literarias y con sus ideas políticas; es farsa y comedia a la vez, vida y caricatura de vida.

G. Lupi

Nocturnos, Claude Debussy

[Nocturnes]. Tres composiciones para orquesta, escritas por Claude Debussy (1862-1918), entre 1897 y 1898. El primero y el segundo («Nubes», «Fiestas») fueron estrenados en 1900; el ter­cero («Sirenas»), escrito para orquesta y coro femenino, en 1901.

Más aún que el Preludio a la siesta de un fauno (v.), esta obra es típicamente representativa del mo­mento impresionista del arte de Debussy. Y de neta inspiración impresionista son los motivos que sugirieron dicha música al compositor, aunque no exista ningún moti­vo que la inspirase. El mismo Debussy redactó la nota explicativa: «El título de Nocturnos tiene aquí un significado más general y más decorativo. No se trata por lo tanto de la forma usual de los «Noctur­nos», sino de cuanto dicha palabra contiene de impresiones y luces particulares. «Nubes» es el aspecto inmutable del cielo, con la marcha lenta y melancólica de las nubes, terminando en una gris agonía delicadamen­te teñida de blanco.

«Fiestas» es el movi­miento, el ritmo danzante de la atmósfera con brillos de luz inesperada, así como el episodio de un cortejo (deslumbrante y qui­mérico) que atraviesa la fiesta y se con­funde con ella; pero el fondo permanece, se obstina y es siempre la fiesta y su mes­colanza de música, de polvo luminoso que participa en un ritmo total. «Sirenas» es el mar y su ritmo innumerable: allí, entre los rayos plateados de la luna, se escucha, ríe y pasa el canto misterioso de las sirenas». Comparándola con la Siesta de un fauno la materia sonora de los Nocturnos tiene mayor consistencia, ya no aparece aquel estado de fluidez casi inasequible. Lo cual no desmiente, sin embargo, la referencia que se ha hecho al impresionismo, pues en sus valores más íntimos, los Nocturnos legi­timan una decidida aproximación de la mú­sica debussyana a dicha pintura : precisa­mente por una adherencia casi natural y física al tema, aunque éste quede más profundamente transfigurado.

Parece que desde el puente de la Concordia el músico observara el desfile gris de las nubes y, en el Bois de Boulogne, una fiesta popular con intervención de la Guardia Republica­na. El tercero, por el contrario, con su vaga referencia pictórica al mar, anticipa en más de un aspecto los esbozos sinfónicos de El Mar (v.) aparecidos en 1905. Con los Noc­turnos se precisa un carácter fundamental de la música de Debussy que lo colorea todo de modo casi uniforme: una melanco­lía ya leve, ya grave, un sentido reflexivo y cuidado, una especie de interrogación suspendida sobre la vida y que será la atmósfera en la que vivirán las criaturas de Pelléas y Mélisande (v.). Una melanco­lía que no se trunca ni en Fêtes, donde la alegría y luminosidad de una ilumina­ción nocturna está vista con la mirada can­sada y casi ajena de quien permanece fue­ra contemplándola encerrado en sí mismo, sin tomar parte en ella.

Es un complejo de estados de ánimo que, en cierto sentido, están iluminados por estas palabras del mismo Debussy: «¿No buscan todos el ol­vido en el arte y no es el olvido un as­pecto particular de la mentira? Nuestra finalidad es mantener al mundo en sus ilu­siones y no arrancar bruscamente a los hombres de sus sueños para mostrarles la cruda realidad». Estado de ánimo que en el músico se disfrazaba de sutil y atenuada ironía.

A. Mantelli

Debussy violó todas las fórmulas conven­cionales, sustituyéndolas por otras nuevas, no menos hermosas y mucho más adecuadas para expresar las fugitivas sensaciones y las delicadas emociones que le gustaba re­tratar. Fue el incomparable pintor del mis­terio, del silencio y de lo infinito, de la nube pasajera y del estremecimiento de la ola iluminada por el sol: medias tintas que nadie, antes de él, fue capaz de sugerir. Su capacidad expresiva no es menor por el hecho de ser contenida e intolerante con cualquier exceso y cualquier énfasis: su fuerza no es superficial. (H. Pruniéres)