La Pastorcilla, Drimitinós

Idilio pastoril cretense, impreso por vez primera en Veneciá, en 1627, por Drimitinós de Apocorono (isla de Creta).

Se com­pone de 249 dísticos, formados por ende­casílabos que riman en pareados. Ha sido muchas veces reimpreso, y en varias islas del Egeo se encuentran ancianas iletradas que saben de memoria algunos fragmentos e incluso el poema entero, dando testimo­nio de una tradición oral. La lengua utili­zada es el dialecto occidental de Creta, en la forma que éste tenía hacia 1600. Un joven pastor encuentra a una bella pastora.

Se siente tan conmovido por su belleza que se desvanece. La muchacha le hace volver en sí y, fascinada por su juventud, lo conduce a la gruta que le sirve de habitación, en la que ella vive sola con su padre. Éste se halla temporalmente ausente.

Los dos jó­venes se cambian anillos de hojas y pasan algunos días felices, después de los cuales parte el pastor, quedando convenido que volverá al cabo de un mes. Pero una grave enfermedad lo retiene lejos, y la muchacha, creyendo que su amante la ha olvidado, entre tanto muere de dolor: Cuando el joven vuelve, al cabo de dos meses, encuentra vacía la gruta y oye de boca del padre el triste fin de la muchacha, que había falle­cido nueve días antes.

Desesperado, el pas­tor abandona el rebaño y la zampona, con­denándose a errar perpetuamente. Sólo lle­vará como compañero un cándido corderillo, que trajo consigo y que destinaba como re­galo a su amada.

El citado Drimitinós es sólo redactor del poemita, en el que resuenan ecos de la poesía pastoril italiana, pero que tiene méritos propios por la sencillez de la trama, por su frescura popular y por la desenvuelta versificación, que también deja sentir el influjo de los modelos italianos.

L. Lavagnini

Pastorales de Inglaterra, William Browne

[Britan­nia’s Pastorals]. Poema narrativo de William Browne (1591-1643), cuyo primer libro fue publicado en 1613, el segundo en 1616 y el tercero permaneció manuscrito hasta 1852. Se cuenta en ellos la historia de los amores de Marina, Redmond y Celand, pero la trama tiene poca importancia y sirve sólo de pretexto y de enlace para cantar las alabanzas y las bellezas de Inglaterra, y particularmente de Devon.

Hay cuadros de vida campestre, de verdadera y fresca naturalidad. Hay en este poema, en dísticos a veces artificiosos, una gran ca­pacidad para la observación de la natura­leza, que a veces está representada con feliz simplicidad, como en las descripciones de espectáculos naturales, cazas, conciertos de pájaros, etc. Browne se confiesa discípulo de Spencer, y no deja escapar ninguna ocasión de declararse su admirador; deriva también, aunque en menor grado, de Sidney.

A. Camerino

Pastoral de la Ninfa Hercinia, Martin Opitz

[Schäferey von der Nymphe Hercinie]. Idi­lio pastoril, en prosa y verso, de Martin Opitz (1597-1639), compuesto en 1630 a imi­tación de la poesía bucólica italiana del siglo XVI, como la Aminta (v.) del Tasso, El pastor Fido (v.) de Guarini y la Arcadia (v.) de Sannazaro.

En un risueño valle de los Biesengebirge se reúnen en el tiem­po de la vendimia algunos pastores, que no son otros que nuestro poeta y sus ami­gos, para librarse a sabias disertaciones sobre el amor y su soberano poder.

Apa­rece la ninfa de la fuente de Zackenbach, Hercinia, que los guía a los secretos luga­res del Monte de la Nieve, enseñándoles las bellezas y las maravillas de la natura­leza y contándoles, durante el viaje, ex­trañas historias mágicas. La ninfa predice por fin las hazañas gloriosas que cubrirán de fama a una familia noble: los condes silesianos de Schaffgotsch; luego, saliendo de la gruta, los pastores siguen su viaje por la montaña, narrando la leyenda de Rübezahl (el hombre de la montaña).

La obra es el primer reflejo en alemania de la poesía pastoril, que se había puesto de moda en Europa desde finales del siglo XVI y durante todo el XVII, y de la que Opitz había ya dado a conocer unas muestras al adaptar para las escenas alemanas el me­lodrama Dafne (v.), de Rinuccini, y la Arcadia (v.), de Sidney.

Volvemos, pues, a encontrar los motivos idílicos y arcádicos, propios de aquella poesía que introducía a pastores y pastorcillas en un mundo platónico, para discutir sutilmente del amor y de sus ideales perfecciones. Llegado a manos de Opitz cuando ya había acabado la fase formativa del género, esta poesía se sirve de una forma y un lenguaje defi­nitivos. La prosa de esta obra es, en efecto, pulida y fluida, elegante y pura la versificación de las partes poéticas, grande la habilidad formal de este arte, que señala el paso del clasicismo renacentista al ba­rroco, o mejor dicho al prebarroco.

Crítico más que poeta, Opitz construye fríamente, sin sombra de inspiración, recordando a antiguos y modernos, como para ofrecer una aplicación práctica de la poética ex­puesta en el Libro de la poesía alemana (v.).

A. Cori

La Pastoral, Rémi Belleau

[La bergerie]. Obra poé­tica del autor francés Rémi Belleau (1528- 1577), cuya primera parte o «jornada» se publicó en 1565, y la segunda en 1572, junto con una refundición de la primera.

En una colección de poesías enlazadas por dis­cursos en prosa, se alaba la vida natural; los pastores sienten la dulzura de vivir entre las flores, de sonreír a las muchachas y tener el corazón libre de las perversiones de la sociedad.

Con un espíritu de huma­nismo tardío, que trataba de rivalizar con el ideal estético italiano expresado por Sannazaro en su Arcadia (v.), Belleau hace sentir el milagro de una existencia límpida y serena. Pero además de los dictámenes del grupo poético de la Pleyade, acentúa en un sutil manierismo su admiración hacia las bellas formas de la naturaleza.

Por esto algunos satíricos posteriores (como Charles Sorel en su Pastor extravagante, v.) destacaron la afectación de estos pastores, que hasta en las tapicerías se les dedican ins­cripciones encomiásticas de la sencillez. La segunda «jornada» contiene también poe­sías diversas y de ocasión, bastante ajenas a la intención primitiva.

Algunas composi­ciones de La pastoral se hicieron pronto fa­mosas: el bellísimo «Abril» [«Avril»] canta la despreocupación de la vida, la esplendi­dez de los prados y los suspiros de los céfiros; «Mayo» [«May»] rebosa de vida y lozanía, entre el despertar de la naturaleza y el deseo de amor; «El verano» [«L’esté»] canta una fecundidad y una opulencia que son señal de fuerza.

Bellísimas estrofas de las «Canciones» [«Chansons»] en honor de las mujeres galantes, de amigos y de la primavera; la viña, frondosa de pámpanos que se entrelazan alrededor de los arbolillos, evoca y hace pensar en el abrazo de la amada. Así los «Sonetos de amor» [«Son- nets d’amour»], fruto de imitación de otros poetas, y los «Besos» [«Baisers»] hablan del deseo de abrazar a una linda criatura y besarla con languidez hasta morir.

Estas poesías líricas son la flor y nata de La pas­toral, y en el movimiento que se remon­taba a Ronsard se hicieron notar por la pulcritud de sus motivos descriptivos más que por el admirado Los amores y nuevas metamorfosis de las piedras preciosas (v.). En ellas, por lo tanto, se basa la fama de Belleau, ya que dentro de la floje­dad de todo el conjunto son un feliz motivo de poesía.

C. Cordié

La Pastoral, Angelo Beolco

[La pastorale]. Com­posición dramática en verso de Angelo Beolco, llamado el Ruzzante (1502-1542), de Padua, en una mezcla de dialecto paduano y toscano. Pertenece al grupo de las comedias dialectales escritas entre 1520 y 1529.

Sigue inédita en la Biblioteca Mar­ciana de Venecia y es ciertamente uno de los primeros y aún no maduros escritos de Beolco; Alfred Mortier (Ruzzante, París 1925-26) asegura ser de los años 1517-18. Es sustancialmente una égloga dramatizada en la que con las vicisitudes mitológicas se mezclan cómicas escenas campesinas.

El pastor Milesio, aunque anciano, se ena­mora de la ninfa Siringa, pero ésta le rechaza y el anciano se suicida.. Llega el joven pastor Mopso, que amaba a Milesio como a su propio padre y se echa sobre su cuerpo, abrumado por el dolor. Los pastores Arpiño y Lacerto se proponen enterrar a Milesio y Mopso, que parece muerto. Llega Ruzzante que, para sustituir a La­certo en el piadoso oficio, pide la ropa de Mopso. Pero mientras le desnudan se dan cuenta que sigue respirando. Llaman a un médico, que trata de despertar a Mop­so a puntapiés.

Ruzzante invita al médico a curar a su padre enfermo; siguen esce­nas ridículas a causa de ciertos enredados análisis de orina. Pero el padre de Ruzzan­te muere, Mopso recobra el sentido, y la pastoral acaba con el canto de alabanza al dios Pan y, como es de rigor en tales pie­zas, con una danza general.

M. Sansone