El Festín de la Araña, Albert Roussel

[Le festín de l’araignée]. Ballet, con música de Albert Roussel (1869-1937) y coreografía de Gilbert Devoisins, representado en París en 1913. Las páginas en que Jules Fabre des­cribe las costumbres de los insectos, ele­vando a verdaderos dramas sus orgías fe­roces y la perpetua lucha de su existencia, constituyen la trama de este ballet. La Señora Araña teje su tela, prende al vuelo las mariposas y se embriaga en su agonía, hasta que una «mantis religiosa» mata y devora a la araña. La música de Roussel crea una trágica atmósfera en torno a la sencilla trama, como si se tratara de seres humanos a los que prestásemos nuestros propios sentimientos. Procede por sugestio­nes psicológicas sirviéndose para ello de timbres y armonías, y crea un poema sin­fónico lleno de potencia dramática y de poesía.

E. M. Dufflocq

Con Lautréamont, Roussel es el mayor magnetizador de los tiempos modernos. (Bretón)

El Festín, Carlo Goldoni

[Il festino]. Comedia en cin­co actos, en verso, de Carlo Goldoni (1707- 1793), representada en 1754. Es una comedia de conjunto, pero más decorativa que coral, hecha más de finos movimientos que de difusa dramaticidad. El conde de Belpoggio descuida a su mujer, la condesa, para cortejar a la ardiente madama Doralice; de aquí la lucha entre ambas mujeres, librada con silenciosa y patética seriedad por la condesa y con ímpetu violento por Doralice. Para ella organiza el conde un baile, y en éste radica el motivo principal de la comedia: el desligar casi comple­tamente a todos los personajes de su vida real para entrar en el efímero clima del banquete. Y precisamente es el banque­te el que devuelve a los protagonistas a su vida real y sana, uniendo nuevamente al matrimonio. Muy hábil en la estructura, la comedia es una hija genuina de la vida del siglo XVIII, aunque también contiene, en el vacilar de los personajes entre la rea­lidad y la ficción, motivos de una moderni­dad más compleja, que la hacen considerar una de las más interesantes para el estudio de la obra goldoniana.

U. Déttore

El Festín de Alejandro, John Dryden

[Alexander’s Feast]. Poema corto de John Dryden (1631-1700), escrito para una sociedad mu­sical en ocasión de la festividad de Santa Cecilia, en 1697, y considerado por el mis­mo poeta como su obra maestra. Hace pen­sar en el Baco en Toscana (v.) de Redi por la variedad y la viveza rítmica con que Dryden intenta dar los efectos causa­dos por el nombre de Timoteo sobre Ale­jandro y su corte, durante el banquete. El poema fue traducido por A. Mazza con el título Poder universal de la música (G. Carducci, Líricos del siglo XVIII, Florencia, 1871); en toda la obra poética de Mazza se puede notar su influencia. El canto de Da­vid en el Saúl (v.) de Alfieri arranca tam­bién del Alexander’s Feast.

M. Praz

Fervaal, Paul-Vincent D’Indy

Ópera en un prólogo y tres actos, letra y música de Paul-Vincent D’Indy (1851-1931), estrenada en Bruselas en 1897 y en París en 1898. La acción ocurre en los montes Cevennes, en tiempo de los Druidas, mientras los sarracenos amenazan el país. Para salvar la montaña sagrada de Cravann (una especie de Walhalla céltico), Fervaal, instruido por el druida Arfagard, debe renunciar al amor profano: entonces, como Brenno, vencerá también en la prueba de las armas. Pero cede a las lisonjas de Guilhen, la maga, y es vencido en la ba­talla. Yace herido entre los muertos cuan­do Guilhen, arrepentida, viene a buscarlo y muere envuelta entre las nieves de los Cevennes. Fervaal transporta su cadáver a la cima. Tanto el libreto como la música, se hallan fuertemente influidos por Wag­ner. El personaje de Arfagard es una mez­cla de Kurvenald del Tristán e Isolda (v.) y de Gurnemanz en el Parsifal (v.); Fervaal, caído en el pecado, tiene algo de Amfortas y de Tannháuser (v.); la propia Guilhen es una Kundry (v. Gudrun) céltica, una pecadora y una tentadora, dominada a su vez por un poder infernal irresistible. La mú­sica, exquisita, está sembrada de pasajes imitados del Tristán, aunque no intenta re­petir lo que Wagner ha dicho de modo in­imitable; se advierte, sin embargo, el osado intento de rebasar el estilo wagneriano, evi­tando el envaramiento a que puede condu­cir el sistema temático, sustituido por el procedimiento de las variaciones «au courant de l’ceuvre» (la expresión alude a todo un sistema particular del «Ars Gallica»). Emerge de la obra una personalidad musical que es una de las más fuertes de la Francia contemporánea, llena de delica­deza, y provista de un formidable bagaje técnico.

E. M. Dufflocq

El Ferrocarril Local, Ludwig Thomas

[Die Lokal bahn]. Comedia en dos actos de Ludwig Thomas (1865-1921), publicada en 1902 y representada con mucho éxito el mismo año. En el primer acto, asistimos a los festejos hechos en honor del alcalde de un pueble- cito de Baviera que vuelve de hacer una visita al ministro. Ante éste ha defendido la causa de su pueblo, que no desea la cons­trucción de un ferrocarril local. Y creyen­do que el alcalde ha logrado suspender el proyecto gubernamental, todos le aclaman y le festejan. Pero, poco a poco, el pueblo se da cuenta de que ha hecho una tontería y de que se ha atraído el desagrado de las autoridades. Por fortuna, se enteran de que el alcalde no ha hablado en contra de la construcción del ferrocarril. Gracias a ello, en el segundo acto, continúan intensamente los festejos, pero por la razón opuesta. Co­media graciosa y divertida, con numerosos ribetes de sátira política.

C. Gundolf