Historia Natural General y Particular, George-Louis Leclerc

[Histoire naturelle générale et particulière]. Vasta obra de ca­rácter enciclopédico, concebida e iniciada por George-Louis Leclerc, conde de Buffon (1707-1778), dividida en 44 volúmenes y va­rias partes, publicada en París durante un período de cincuenta años, del 1749 al 1804.

La obra comenzó con la Historia de la Tierra [Histoire de la Terre], en la que el autor expone las características del planeta y las diversas teorías sobre su origen según la cosmogonía de entonces; trata sucesivamen­te de las eras geológicas y de la historia de los documentos paleontológicos. Siguió a ésta la Historia de los animales [Histoire des animaux], en la que se discuten las di­versas teorías sobre el origen de la vida y sobre las diferencias entre animales y plantas, cuyas leyes de desenvolvimiento y reproducción se indagan; siguen, por úl­timo, los volúmenes descriptivos (cuadrúpe­dos, pájaros, etc.), sólo en parte redactados por Buffon. Viene luego la Historia del hombre [Histoire de l’homme], que trata del origen del hombre, de su edad, razas, cau­sas de la muerte, y de los monstruos.

La His­toria de las plantas [Histoire des plantes] se debe por completo a los alumnos de Buffon, Brisseau-Mirbel y Jolyclerc. y trata, en los dos primeros volúmenes, de la anatomía y la fisiología de los vegetales, en tanto que los dieciséis volúmenes restantes son completa­mente descriptivos y están dedicados a las diversas especies de vegetales. El mismo ca­rácter descriptivo tiene la Historia de los minerales [Histoire des mineraux]. Gran dominador de su lengua, dotado de grandes facultades líricas, Buffon es un escritor bri­llante y, en las descripciones, un estilista finísimo; su obra es, por tanto, de lectura muy agradable, pero en el tratado cientí­fico adoptó un criterio arbitrario e irregular, derivado del hecho de considerar al hombre como centro y fin de la naturaleza. Su obra tendía a las vastas síntesis, con carácter y espíritu enciclopedista. A pesar de tal criterio, Buffon es justamente consi­derado como uno de los precursores del método experimental, pues fue uno de los primeros en aceptar el criterio comparativo en el estudio de los organismos.

E. Baldacci

La misma anatomía de los animales llega a convertirse en una historia sublime en la pluma de Buffon. (Fóscolo)

único entre los modernos por el modo elegante de tratar las ciencias exactas; pero además de que la ciencia natural se presta a la elegancia más que ninguna otra de estas ciencias, todo lo que hay de elegante en él resulta extrínseco a la ciencia propiamente dicha. (Leopardi)

En Buffon, hasta la parte sistemática con­serva el más elevado carácter poético. (Sainte-Beuve)

Un estilo que podría ser adecuadlo para un gobierno. (Stendhal)

Buffon es sobre todo un filósofo. Lo par­ticular no le interesa sino por el significado que encierra, por la luz que arroja en una tentativa de explicación del universo. Buf­fon sólo se halla a gusto entre las grandes visiones de conjunto, entre las hipótesis so­bre la estructura del mundo. (Lanson)

Historia Natural y Antigüedades de Selborne, Gilbert White

[Natural History and Antiquities of Selborne ]. Obra de Gilbert White (1720-1793), publicada en 1789. Nacida de la correspondencia entre el autor y los natura­listas Thomas Pennant y Daines Barrington, ocupa un puesto propio en la historia de la literatura inglesa, como una obra clásica de la historia natural. Es el fruto de veinte años de observaciones cotidianas sobre la vida de los animales y los fenómenos natu­rales de Selborne, el pueblo natal de White, en el que vivió hasta su muerte. Más que una obra sistemática, el libro es un admira­ble diario en el que el autor se retrata a sí mismo tanto como las cosas descritas. El lector no puede menos que admirar el poder de observación y el ingenio de White, que está presente en todas las páginas. Se dijo de él que logró hacer inmortales a una obscura aldea y a una tortuga, Timothy, que describe en sus cartas y que fue lla­mada T. Whitei, por el nombre de quien contó su vida y su larga historia.

A. Camerino

Historia Natural del Pueblo Alemán como Base de una Política Social Alemana, Wilhelm Heinrich Riehl

[Naturgeschichte des deutschen Volkes, ais Grundlage einer deutschen Sozialpolitik]. Obra del historiador y novelista Wilhelm Heinrich Riehl (1823- 1897), publicada entre 1851 y 1869. Llevado por la crisis del 1848 a meditar sobre el pro­blema alemán, Riehl trata de penetrar en la vida del pueblo más a fondo de lo que hace el movimiento liberal, y busca en la estructura social el fundamento de todo desarrollo político. La Historia natural está dedicada al estudio de dicha estructura. La investigación parte de la primera célula so­cial, la familia, y del examen de las fuerzas sociales que tienen sus raíces en el suelo, en las tradiciones patrias, para pasar des­pués a la sociedad burguesa que se apoya sobre esta doble base: una estructura de estamentos superpuestos, los unos (campesi­nos y aristocracia) que actúan en sentido estático y conservador, y los otros (bur­guesía y cuarto estado), en sentido dinámi­co, como agentes de transformación.

El des­envolvimiento del proletariado constituye una amenaza para tal orden social: todo dependerá del camino que acabará por em­prender el proletariado, según se organice también en una clase trabajadora, o bien actúe en sentido disolvente absorbiendo los diversos núcleos sociales en un conjunto in­distinto y caótico. La Historia natural es una de las obras representativas de la ten­dencia historiográfica hacia la «historia de la cultura», es decir, hacia una historia no tan sólo política, sino que tiende a abrazar los diversos aspectos de la actividad huma­na. Descartando totalmente el aspecto polí­tico, la obra de Riehl quiere ser una histo­ria de las costumbres y hábitos del pueblo alemán: dirige su interés principalmente hacia los humildes, con una pintura idíli­ca de los usos populares de los buenos tiem­pos viejos. El título no debe inducir a en­gaño, ya que parece indicar una rigurosa investigación sociológica llevada con el mé­todo científico derivado de las ciencias na­turales. Riehl es un artista más que un cien­tífico; su sociología es, con frecuencia, folk­lórica; no es el método científico, sino la descripción artísticamente coloreada lo que caracteriza su obra.

F. Valsecchi

Historia Natural de los Invertebrados, Jean Baptiste-Pierre-Antoine de Monet de Lamarck

[Histoire Naturelle des Animaux sans Vertèbres, préséntant les caractères généraux et particuliers de ces animaux, leur distribution, leurs classes, leurs familles, leurs genres et la citation des prin­cipales espèces qui s’y rapportent, précédée d’unei introduction]. Obra fundamental de Jean Baptiste-Pierre-Antoine de Monet de Lamarck (1744-1829), publicada en 1815-22. Ya en 1801 Lamarck había publicado un Système des Animaux sans Vertèbres, que él mismo considera como germen de esta obra de más amplios vuelos, cuya primera edición apareció en siete volúmenes (en 8.°); la segunda edición, en once volúmenes, fue publicada entre 1835 y 1845, con revisiones y adiciones de Deshayes y de Milne- Edwards.

En esta edición, el primer volu­men contiene una introducción y el tratado de los infusorios; el segundo está dedicado a los pólipos; el tercero, a los radiados y a los gusanos; el cuarto, a los insectos; el quinto, a los arácnidos, crustáceos, anélidos y cirrípedos, y los otros seis a los moluscos. El volumen undécimo contiene, además, un copioso índice analítico. En la introducción insiste Lamarck en las ideas ya enunciadas en la Filosofía zoológica (v.) sobre la pro­gresiva complicación de los organismos, su evolución y el orden natural de su apari­ción. Lamarck fue el primero en oponer las dos grandes divisiones de los vertebrados (peces, reptiles, aves y mamíferos) y de los invertebrados (todos los demás animales), distinción que todavía hoy se mantiene en vigor, aunque desde un punto de vista pu­ramente didáctico. Entre los invertebrados, de los que Linneo distinguía dos clases tan sólo — «insecta» y «vermes» —, establece Lamarck hasta diez clases, repartidas en dos grupos. Los «animales que no sienten», me­nos perfectos y más primitivos, en el orden natural de su clasificación, comprenden los infusorios (protozoos y rotíferos), los pólipos (pólipos cnidarios y poríferos), los radiados (medusas cnidarias y equinodermos) y los gusanos. Los «animales sensibles» compren­den los insectos, arácnidos, crustáceos, ané­lidos, cirrípedos y moluscos (los que hoy se llaman moluscos y los tunicados).

El mé­rito principal de esta obra, aparte de las descripciones de innumerables géneros y es­pecies, entre ellas muchísimas nuevas (sobre todo entre los moluscos), es la introducción de un sistema racional de clasificación de los animales inferiores, que se aproxima bastante al moderno, y la primera caracte­rización de muchos grupos sistemáticos grandes y pequeños. El grupo de los radiados (que comprende, por otra parte, formas muy lejanas entre sí, como las medusas y los equinodermos) es completamente nuevo. Asimismo son nuevos los grupos de los arác­nidos y de los crustáceos (distinguidos de los «insecta» de Linneo) y el grupo de los anélidos, que separa de los vermes linneanos. El grupo de los moluscos aparece en­tendido en un sentido más amplio que el dado por Linneo, que en ellos comprendía solamente a los cefalópodos; Lamarck reúne justamente los cefalópodos con los bivalvos y los gasterópodos y, aunque sin razón, con los tunicados. Los cirrípedos, que primera­mente fueron tenidos como una clase en sí, fueron después agrupados con los crustá­ceos por el propio Lamarck. Respecto al sis­tema de Linneo, éste de Lamarck representa un progreso más que evidente y constituye sin duda la base del sistema de Cuvier, que es, a su vez, el prototipo de los modernos.

L. Panarese

Historia Natural, Cayo Cecilio Plinio Segundo

[Naturalis historia]. Es una extensísima obra en 37 libros, escrita por Cayo Cecilio Plinio Segundo, llamado el Viejo (23-79 d. de C.), publicada después de su muerte por su so­brino Plinio el Joven. El libro I contiene el plan general de la obra y da noticias sobre muchos escritores leídos y estudiados; los libros II-VII tratan de geografía, astronomía y antropología; VIII-XI, de zoología; XII-XIX, de botánica; XX-XXVII, de me­dicina vegetal; XXVIII-XXXII, de medicina animal, es decir, de cuanto puede obtenerse como medios útiles de los animales y las plantas; XXXIII-XXXVII, de mineralogía, y, en especial, todo lo concerniente a los usos del vivir humano y de las artes plásti­cas. Es una verdadera enciclopedia. Plinio el Joven la define como «obra amplísima y erudita, y tan varia como la naturaleza».

El material fue obtenido de la lectura de unos dos mil volúmenes, y cita cerca de qui­nientos escritores, entre griegos y latinos. No se limitó Plinio a ser un mero compila­dor. Su pensamiento fundamental responde a la necesidad que tiene el hombre de saber para poder vivir. Mientras los animales — dice — sienten cada uno su propia naturaleza y según ella obran y resuelven sus dificultades, el hombre, por sí solo, nada sabe si no lo aprende; por sí mismo tan sólo sabe una cosa: llorar. La condición esencial de la vida humana consiste en aprender lo que debe el hombre saber y conocer, los lugares en que habita y los hombres entre los cuales vive, conocer los aspectos y los fenómenos del cielo y la tie­rra y, sobre todo, conocer el mundo vegetal y animal de donde se procura el sustento cuando está sano y los remedios y medica­mentos cuando enferma, conocer todo esto y la condición esencial de la vida humana.

*  Para la historia del arte antiguo encierra particular importancia el grupo de los libros del XXXIII al XXXVII, que estudian la mi­neralogía y la manipulación de los metales ‘ y de las piedras; es el único testimonio que se ha conservado, junto con De Architectura (v. Sobre la Arquitectura), de Vitruvio, de toda una rica floración de escritos sobre las artes plásticas en la antigüedad clásica. Plinio trata del arte solamente de un modo indirecto y desde un punto de vista secun­dario, en relación con los fines de su enci­clopedia. Sin embargo, halla oportunidad para dar no sólo valiosas informaciones so­bre muchas esculturas y pinturas existentes entonces en Roma y de aportar juicios crí­ticos generalmente emitidos por otros auto­res, como el escultor de la escuela de Lisipo, Jenócrates de Sicione y Antígono Caristio (siglo III a. de C.), sino también para trazar un cuadro de conjunto del desenvolvimiento del arte antiguo, notabilísimo a pesar de sus imperfecciones.

Compilador concienzudo, más que experto en las artes, Plinio se cuida de indicar, como en las otras partes de su obra, las fuentes utilizadas, ofreciendo así una bibliografía del arte antiguo que es de gran interés para la moderna arqueo­logía. Estos libros de arte, debidos a Plinio, fueron ampliamente conocidos incluso en el Renacimiento; Ghiberti se aprovechó de ellos para escribir sus Comentarios (v.); Cristóforo Landino los tradujo al italiano, junto con el resto de la obra, en el año 1470. [La primera edición castellana completa de los XXXVII libros de la Historia Natural de Plinio, traducida por el licenciado Gerónimo de la Huerta, se publicó en Madrid, 1624-1629. El traductor, que se titula médico y filósofo, había publicado antes separada­mente la Historia Natural de los animales (Madrid, 1599) y la Historia Natural de los pescados del mar, de lagos, estanques y ríos (Madrid, 1603).

G. A. Dell’Acqua

Su obra es una compilación; pero esta compilación reúne en sí rasgos tan majes­tuosos, contiene cosas recogidas de una ma­nera tan nueva, que es preferible a la mayo­ría de las obras originales que tratan de los mismos temas.  (Buffon)

Plinio mantiene el culto y el entusiasmo por la ciencia, siente una admiración agra­ecida por los inventores ilustres y por el progreso indefinido de los conocimientos humanos. (Sainte-Beuve)

Plinio, indudablemente, leyó más que me­ditó; pero no es un acumulador de noticias por simple manía o vanidad de erudición. (C. Marchesi)