El Citarista, Menandro

Comedia del autor griego Menandro (343-292 a. de C.), de la cual se han identificado un centenar de versos, hallados en un papiro egipcio. El fragmento no es suficiente para informarnos con cierta precisión de su trama. Sólo se de­duce que se trata de una de aquellas intri­gas amorosas en un ambiente burgués, que proporcionan continuamente los temas a las comedias de Menandro y a la comedia ática nueva en general.

A. Brambilla

Del Cisma de Inglaterra, Nicole Sanders

[Delio scisma d’Inghilterra]. Traducción de Bernardo Davanzati Bostichi (1529-1606), pu­blicada en 1602 y titulada Cisma de Ingla­terra hasta la muerte de la reina María, en lengua propia florentina. Simultáneamente a la famosa traducción de Tácito, el escritor reduce en una narración italiana, rápida y vigorosa, la Verdadera y sincera historia del cisma anglicano [Vera et sincera historia schismatis Anglicani] del jesuita inglés Nicole Sanders (1527-1582), publicada en latín en 1585. Con un tono independiente de los problemas históricos y teológicos del libro original, Davanzati da vivacidad a la obra, poniendo de relieve las partes dramáticas, los azares de las persecuciones protestantes, las lujurias y extravagancias del rey Enri­que VIII y los sufrimientos de los católicos ingleses. La traducción (cuya dependencia de Sanders no se advirtió hasta la edición de 1831), se consideró pronto como un tra­bajo robusto y original: ya que no era so­lamente un disfraz en «esta nuestra len­gua, pura y breve» — como decía el autor —, sino también una reelaboración del estilo de la obra. Enrique VIII, por concesión pa­pal, se casa todavía niño con Catalina, viu­da de su hermano Arturo; la reina es bondadosa, pero el joven rey es malo, y pronto trata de repudiar a su mujer para casarse con Ana Bolena, deshonesta y proterva.

A pesar de los rumores que corren sobre la mujer, el rey se casa con ella, mientras el pueblo y los teólogos de Roma condenan el divorcio. El rey, apoyado por muchos «doctorcillos y teologastros», se declara a sí mismo jefe de la Iglesia inglesa, expulsa a Catalina, obliga a Tomás Moro a llevar una vida retirada y hace reina a Ana Bolena. Nacen graves conflictos entre la Corte y la Santa Sede: pero el cisma sigue adelante; Moro es condenado y degollado, y uno tras otro son conducidos al suplicio con inicuos procesos todos los que siguieron fieles al Papa. Éste lanza la excomunión. Las nuevas pasiones y matrimonios de Enrique VIII, la guerra con Francia y Escocia, los im­puestos sobre el pueblo, las tardías obras de piedad en el temor de la muerte dan a su figura un carácter sombrío y terrible. En este período el nivel cultural desciende en Inglaterra, se cierran o queman los con­ventos, el nuevo culto anglicano es impues­to por la violencia allí donde por odio con­tra toda autoridad y disciplina no consigue enraizarse. Muchos religiosos se refugian en Roma, y entre ellos Reginaldo Polo, el fa­moso «cardenal de Inglaterra». María, hija de Enrique, cuando éste fallece y después de un breve período de reinado de su her­mano, se proclama soberana, instaura el ca­tolicismo y devuelve al Papa su primitiva autoridad, con Polo como nuncio apostólico en la isla. Pero con la muerte de los dos personajes a los que se había confiado el restablecimiento del catolicismo en Inglate­rra, se inicia un nuevo y más cruel período cismático. La obra, escrita en un estilo vi­vo y ágil, no ofrece un examen reflexivo de los problemas; pero es importante como testimonio del jesuita inglés y del sabio flo­rentino sobre la reforma de Enrique VIII.

C. Cordié

Cistellaria, Plauto

[La cesta]. El título de esta comedia de Plauto (255?-184 a. de C.) vie­ne de la cestita, con chucherías para ser reconocida, en que había sido abandonada la pequeña Selenia. Había cuidado de recogerla la hetaira Melenis, la cual, a pesar de su vida poco casta, había querido que la niña fuese criada honestamente. Pasados al­gunos años y hecha mujer, Selenia conoce al joven Alcesimarco, cuyo padre le ha pro­hibido casarse con la hija de una cortesana, y que además quiere emparentarse con un rico vecino, Demifón. Pero Demifón había violado en su juventud a una muchacha y ésta había tenido una niña que había sido abandonada. Queriendo reparar su culpa se había casado después con la madre, y hacía años que se dedicaban a buscar a la hija perdida. El astuto criado de ellos, Lampadión, siguiendo ciertos indicios, consigue descubrir — precisamente cuando los dos amantes están reducidos a tal desesperación que ya piensan en un doble suicidio — que Selenia es nada menos que la muchacha buscada, y su reconocimiento no sólo evitará a la bella Selenia seguir el mismo camino que su madre adoptiva, sino que le per­mitirá realizar su sueño de amor, casándose con el joven Alcesimarco. Menandro ha su­gerido aquí a Plauto una delicada repre­sentación de afectos humanos, aunque el ambiente principal sea el equívoco de las cortesanas, y los precedentes converjan en una escena de violencia carnal. El tempera­mento de Plauto está aquí oprimido por la personalidad del original de que se sirve, pero en lugar de palidecer, consigue par­ticipar en su clima y darnos una comedia que, sin duda, hubiera merecido las simpa­tías de un Terencio. La comedia nos ha lle­gado incompleta. [Traducción española de P. A. Martín Robles en Comedias de Plauto, tomo III (Madrid, 1944) con el título La arquilla].

F. Della Corte

El Cisma de Inglaterra, Pedro Calderón de la Barca

Drama histórico en tres actos de Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), publicado por Vera Tassis en su edición póstuma del teatro cal­deroniano. Enrique VIII, sorprendido por el sueño mientras está escribiendo el capítulo sobre el matrimonio de su «Tratado de los Sacramentos», ve una mujer que le dice: «Yo borraré lo que estás escribiendo». La mujer del sueño es reconocida por él como una nueva dama de honor de su esposa Catalina, la bellísima Ana Bolena: mujer pródiga en amabilidad aparente, pero ambi­ciosa, como la pinta, en efecto, el embaja­dor de Francia, Carlos, que un día la poseyó secretamente y sigue amándola. Enrique, obsesionado por su sueño, se enamora de Ana y en la imposibilidad de poseerla se aflige hasta la desesperación. El cardenal Wolsey, su consejero, favoreciendo las am­biciones de Ana, propone a Enrique que se case con ella, justificando con capciosos motivos la anulación del matrimonio con la odiada Catalina.

Pero Ana, al llegar al trono, encuentra molesto a su antiguo alia­do, y el rey sacrifica a Wolsey, al que de­pone de su cargo y expulsa de la corte. Poco dura el poder de Ana Bolena. Enrique descubre sus amoríos con Carlos, que pare­cen querer revivir, y la condena a muerte. Quisiera llamar de nuevo a Catalina, pero es demasiado tarde: la hija de los dos, la católica María, le anuncia su muerte. La obra sigue bastante fielmente la historia; pero esta fidelidad, junto con las evidentes intenciones polémicas y didácticas, perju­dica a veces su dramatismo. Sin embargo, son muy eficaces algunas escenas: la inicial, particularmente feliz, como ocurre a me­nudo en Calderón, las confidencias de Carlos y Ana, la astuta conducta de ésta hacia En­rique, el patético encuentro de Catalina y Wolsey, reducido a la mendicidad en el ca­mino real. Además de Ana, destaca entre los personajes, por lo demás todos bien dibu­jados si no vigorosos, Enrique VIII, cuya humanidad está juzgada con menos pre­juicios de lo que se podría suponer, dada la posición polémica del gran dramaturgo católico.

F. Meregalli

Cirugía Universal y Perfecta, Giovanni Andrea Delia Croce

[Chirurgiae universalis opus absolutum]. Tratado de Giovanni Andrea Delia Croce (1509-1575), publicado en Venecia en 1573, en el que se estudian los descubrimientos realizados anteriormente en el campo qui­rúrgico, añadiéndoles preciosas observacio­nes. La obra se ocupa sobre todo de las le­siones traumáticas, en particular de las pro­ducidas por armas de fuego. El autor saca a plena luz las relaciones que entonces exis­tían entre anatomía quirúrgica y medicina, expone la estructura de las partes lesionadas, describe minuciosamente los indicios que aconsejan o desaconsejan la operación y los casos en los que es absolutamente indis­pensable la mano del cirujano; por consi­guiente, una vez establecida la necesidad de la operación, ilustra la técnica operatoria.

Se estudian muy extensamente las heridas de pecho y abdomen, y en especial las del cráneo, que constituye la parte más intere­sante de la obra. Delia Croce afirma que ha observado seiscientas veces lesiones del crá­neo, y se ha atrevido, contraviniendo las enseñanzas de los antiguos, a trepanar por las comisuras con éxito feliz. Tienen gran valor histórico las descripciones y repre­sentaciones de instrumentos quirúrgicos: trépanos, escalpelos, sondas, sierras, etc., de muy variadas formas, algunas de las cuales fueron utilizadas por vez primera por Delia Croce. En cuanto a la tradición de los anti­guos, Delia Croce se aleja de ella, cuando la experiencia le señala nuevos caminos: sobre todo en la craneotomía, el autor aporta real­mente una nueva contribución, demostrando poseer buenos conocimientos de anatomía patológica y un dominio seguro de la técnica operatoria. A pesar de que a menudo es prolija, la obra está escrita en un estilo claro y preciso. Traducida a las lenguas más importantes, fue considerada como texto clásico durante todo el siglo XVII.

G. Rignani